lunes , 5 octubre 2026

Devaluación y fractura social: el costo de sobrevivir en Cuba

La depreciación del peso cubano reduce salarios y pensiones mientras el encarecimiento de alimentos profundiza la fractura social en Cuba.

Carnegie (Sindical Press) – De mantenerse el ritmo de deprecación de la moneda nacional frente al dólar, cada vez menos trabajadores cubanos podrán acceder a recursos vitales para conservar una existencia mínimamente aceptable, sobre todo en términos de alimentación.

El escenario apunta a un recrudecimiento de la malnutrición y de las enfermedades asociadas a las crecientes dificultades para garantizar dos o tres comidas al día.

Con la tendencia alcista del dólar en el mercado informal, el poder adquisitivo se reduce a niveles preocupantes. Lo peor es que no existen señales que apunten a una mejoría.

Con la cotización de este 5 de octubre de 780 pesos cubanos (CUP) por dólar (USD), el salario medio mensual de 6.930 CUP se traduce en apenas 8,9 dólares.

Para tener una idea de la sostenida depreciación del peso, basta señalar que el pasado 5 de julio el tipo de cambio se situaba en 660 CUP por dólar. En apenas tres meses, la divisa estadounidense ha aumentado su cotización en 120 CUP, lo que representa un 18,2 %.

La tasa actual representa un calvario para los jubilados. La pensión mínima, fijada en 4.000 CUP, equivale a poco más de 5 dólares al cambio informal. Una cifra que apenas alcanza para adquirir un cartón de 30 huevos, cuyo precio puede sobrepasar los 4.000 CUP.

Con el kilogramo de arroz por encima de los 700 CUP, el litro de aceite entre 3.500 y 4.000 CUP, el kilogramo de leche en polvo entre 2.000 y 3.000 CUP y la libra de pollo congelado por la que se llega a pagar hasta 900 CUP, no resulta extraño ver a personas de la tercera edad escarbando en los enormes basurales que se extienden a lo largo de las aceras y en los desbordados contenedores de basura, en busca de algo que les permita mitigar el hambre.

La situación del resto de la población, aunque menos dramática, no deja de ser agobiante. El alivio depende, en buena medida, de las remesas enviadas desde el exterior o de la posibilidad de contar con un negocio propio, que no siempre es lo suficientemente lucrativo para cubrir todas las necesidades.

A ello se suman los pagos a inspectores para evitar multas y otros mecanismos ilegales utilizados para ampliar el margen de ganancias, como la adquisición de insumos y servicios en el mercado negro a un precio menor.

Una proyección de la trayectoria ascendente del tipo de cambio, tal y como se ha comportado durante los últimos meses, amenaza con imponer mayores costos sociales a buena parte de los 9,4 millones de habitantes del país.

Para el 31 de diciembre, el dólar podría superar la barrera de los 900 CUP si continuara una dinámica similar. De materializarse ese escenario, las penurias de amplios sectores de la población alcanzarían niveles todavía más agudos.

Aunque se trata de una hipótesis, no debería descartarse ante el deterioro económico existente y la ausencia de transformaciones estructurales capaces de revertirlo. Entre ellas estaría una transición hacia un modelo con predominio de las reglas de mercado y de las formas de gestión no estatal, capaz de sentar las bases de un desarrollo más orgánico de la economía.

La insistencia en mantener la hegemonía del modelo de planificación centralizada y limitar la apertura económica alimenta la posibilidad de escenarios más caóticos y de un mayor costo humano.