sábado , 15 junio 2024
Centro Habana.

El castrismo, la continuidad y el callejón sin salida

La realidad echa por tierra toda la parafernalia triunfalista y pone al desnudo las paupérrimas condiciones en que vive el cubano.

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – El régimen de la Isla sigue proclamando su legitimidad sobre los hombros de la clase trabajadora que apenas puede sacar la cabeza entre los lodos de la miseria.

Los cuadros del partido y del sindicato oficial repiten las consignas proletarias y dan por sentado que el socialismo que se inventaron con retazos de marxismo-leninismo y pespuntes estalinistas mantiene a los obreros y campesinos en la cima de la felicidad.

Pero la realidad echa por tierra toda esa parafernalia triunfalista y pone al desnudo las paupérrimas condiciones en que viven la gran mayoría de las familias cubanas.  

Justamente detrás de los discursos que desdibujan paraísos terrenales, donde la satisfacción está presente en cada hogar y el dolor, no aparece ni en los recuerdos lejanos, hay montones de ruinas, hambres de todos los colores, basurales que parecen monumentos y desesperanzas por doquier.

Se trata de la verdadera cara de una revolución que hizo trizas las aspiraciones de muchísima gente.

Progresar con esfuerzos propios se convirtió en delito. Fue una política concebida para que el Estado se transformara en una especie de padre putativo, encargado de cubrir las necesidades de todos y no solo las básicas.

El tiempo negó de plano ese jactancioso y disparatado objetivo de atender las demandas de millones de personas sin desarrollar programas económicos viables que contribuyeran a elevar la eficiencia y la productividad del trabajo.

Con subsidios y malabares estadísticos que exponen éxitos imposibles hemos llegado a una situación que alimenta los peores augurios.

La marginalización ha echado raíces en todo el territorio nacional. No es fácil sobrevivir con salarios que promedian un dólar diario e incluso menos.

Sobrevivir a la espera de una remesa del exterior o de la venta ilícita de algún producto, birlado en el puesto de trabajo o en áreas aledañas, es parte de una rutina que muestra los signos de una peligrosa e indetenible involución.

Para colmo de males, la depreciación del llamado peso convertible (CUC), a raíz de la reciente medida que autoriza la compra de algunos productos de importación en dólares estadounidense, libras esterlinas y otras monedas internacionales, conlleva a la mengua del poder adquisitivo de los trabajadores en general, con mayores afectaciones para los que laboran en el sector estatal, que comparativamente reciben sueldos de menor cuantía.

El dólar estadounidense se posiciona como la moneda de curso legal, más cotizada en el mercado negro. Su valor sube en medio de la escasez crónica y la imposibilidad de que la economía puede superar el estancamiento a corto y mediano plazo, debido a la negativa del régimen a emprender reformas de gran envergadura y, por otro lado, el aumento de las medidas coercitivas de la actual administración republicana debido de la abierta intromisión en los asuntos internos de Venezuela.  

Esto quiere decir que las penurias continuarán al alza, lo cual indica un crecimiento del descontento popular, mayor auge de las corruptelas y la probabilidad de que el índice de protestas espontáneas también suba sin que lleguen a masificarse o mantenerse activas durante un período de tiempo considerable.

Agentes uniformados de la Policía Nacional Revolucionaria, encubiertos del Departamento Técnico de Investigaciones y de la Seguridad del Estado y cientos de miembros de los órganos parapoliciales se mantienen alertas ante cualquier atisbo de desorden.

En los meses venideros estarán más activos. La orden es atajar cualquier alboroto con todos los medios disponibles, incluso los más letales.

El castrismo apuesta por la continuidad de los postulados que explican el desastre social y económico. Una elección irrazonable, como la de un orate que se empeña en hacer piruetas en el borde del abismo.