viernes , 12 abril 2024
Ernesto "Che" Guevara participa en el primer trabajo voluntario, 1961.

El Che Guevara en los umbrales del postcastrismo

La iniciativa guevarista del trabajo voluntario fue parte de una cadena de fracasos que aún repercuten en la economía cubana

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – Recientemente el semanario Trabajadores amplificaba los detalles en torno a una gran movilización de personas en la central provincia de Villa Clara, nada y nada menos, que para una jornada de trabajo voluntario.

Fue un evento presidido por el espíritu de Ernesto “Che” Guevara, el argentino que formó parte de las fuerzas nacionales que se alzaron en armas contra Batista y creador de esas movilizaciones laborales con el fin de supuestamente aumentar la productividad y por otro lado, reforzar la concientización de los obreros con la construcción, en aquel entonces, del nuevo modelo de corte marxista-leninista, que teóricamente superaría con creces al capitalismo.
El tiempo se encargó de echar por tierra esas aspiraciones.

La iniciativa guevarista fue parte de una cadena de fracasos que aún repercuten en la economía.

Desde la presidencia del Banco Nacional hasta sus responsabilidades como director del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agria y su ejecutoria en la jefatura del Ministerio de Industria, su desempeño se caracterizó por los continuos desaciertos.

Las habilidades militares demostradas en algunos de los combates que se llevaban a cabo en diferentes zonas del centro y el oriente del país y los conocimientos médicos que poseía lo vetaban para ejercer esos cargos, mucho menos al máximo nivel, como definitivamente ocurrió.

A finales de la década del 60 del siglo pasado, la situación se agravó con la radicalización de sus postulados en materia económica que favorecían la planificación centralizada, el trabajo voluntario y la supresión de los estímulos materiales, entre otros no menos lesivos para el tejido socioeconómico nacional.

La Ofensiva Revolucionaria de 1968, donde se intervinieron los pequeños negocios que quedaban en pie –según expertos, alrededor de 55 000 en todo el país–, tuvo como precursor al hombre que también firmó varias decenas de sentencias a muerte en juicios que en gran parte carecieron de las debidas garantías procesales.

Era la maquinaria de muerte que había echado a andar en los comienzos de una revolución que, de acuerdo al discurso de sus líderes, especialmente de Fidel Castro, sería verde como las palmas y escrupulosamente respetuosa de los derechos de cada cubano, promesas que fueron superadas por la magnificación de una estructura represiva similar, en algunos aspectos peor, a la de una cárcel de mayor rigor.

Así que la continua revitalización del ideario de Ernesto Guevara, en este caso del trabajo voluntario, demuestra la vigencia de ese pensamiento retrógrado, causante del desastre actual, con sus palmarias repercusiones en el futuro mediato.

Que un nutrido grupo de trabajadores villaclareños haya ido al campo a recoger boniatos y a sembrar caña en saludo a la Conferencia Provincial XXI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, nada o muy poco aporta en el sentido productivo ni tampoco en relación al homenaje a una entidad que funciona como un anexo del partido comunista y rara vez en defensa de los que conforman la fuerza productiva de la nación.

Se trata de órdenes del alto mando, las cuales tienen que cumplirse al pie de la letra. Un cuestionamiento por mínimo que sea es tomado como una afrenta grave y por tanto sujeto a profusa lista de castigos, que van de la amonestación pública a la expulsión por incompatibilidades ideológicas.

La periódica veneración al Che en los colectivos laborales, en los medios de prensa y en los actos de reafirmación revolucionaria que el partido organiza, a sus antojos, indica que nada ha cambiado ni cambiará en Cuba, mientras los personajes de la vieja guardia partidista existan.

Ellos siguen aferrados al esquema de que el pueblo tiene que acudir, sin chistar, a cada convocatoria, sea para un trabajo voluntario o un acto de repudio, eso sí, siempre disimulando el rechazo con una oportuna sonrisa o un resonante aplauso.

Todavía, esas posturas se practican diligentemente frente a los verdugos, aunque su fecha de estreno data de la época del Che Guevara.