jueves , 26 marzo 2026
Agricultura urbana
Organopónico "Victoria de Girón", en Las Tunas. (Jorge Pérez/Trabajadores)

El espejismo productivo de la agricultura urbana en Cuba

Sin condiciones para revertir déficits estructurales, Cuba depende de importaciones como paliativo para una cubrir parte significativa de necesidades alimentarias.

La Habana (Sindical Press) – De acuerdo con la prensa oficial, los más de tres mil trabajadores que el pasado fin de semana acudieron a los canteros del organopónico “Victoria de Girón”, en la provincia de Las Tunas, no solo sembraron posturas de tomate en improvisados surcos, sino que también, según el relato institucional, plantaron una dosis notable de confianza en la agricultura urbana como alternativa para enfrentar el problema alimentario.

En realidad, se trató de otra operación mediática con escasa trascendencia en el plano productivo y cargada de matices políticos. Basta señalar que Osbel Lorenzo Rodríguez, primer secretario del Comité Provincial del Partido, fue uno de los encargados de subrayar, ante los presentes, la relevancia del trabajo voluntario, acompañado de las habituales apelaciones patrióticas. Por su parte, Danuris Ortiz Velázquez, miembro del Secretariado Provincial de la CTC, no se quedó atrás al afirmar que “el movimiento sindical asume esta tarea con la racionalidad impuesta por las limitaciones de hoy y consciente de que estamos en un período necesitado del esfuerzo decisivo de todos, en especial de los trabajadores”.

Los aseguramientos retóricos vuelven a la palestra, como de costumbre, para intentar sostener el relato en medio del desabastecimiento que se afianza en cada rincón del país.

Pretender hacer creer que, con la apertura y desarrollo de huertos en las urbes y sus alrededores, la escasez está próxima a resolverse carece de sustento y evidencia un divorcio total con la realidad que enfrentan miles de cubanos, sometidos a la subalimentación y a la imposibilidad de superarla debido a la limitada oferta, los bajos salarios y una inflación que no da tregua.

Para tener una idea de la insignificancia de la agricultura urbana a nivel nacional, basta observar que, al cierre de 2025, esta modalidad ocupaba apenas 20 mil hectáreas, lo que representa solo el 0,3 % de la superficie agrícola del país.

Las proyecciones para 2026 no auguran mejoras sustanciales, más allá de los acostumbrados alardes publicitarios como el reflejado en las páginas del diario Trabajadores.

Sin condiciones objetivas para revertir los déficits estructurales del sector, el país continúa recurriendo a las importaciones como paliativo para cubrir una parte significativa de las necesidades alimentarias.

Sin embargo, estas adquisiciones difícilmente alcanzarán los volúmenes de años anteriores, debido a la precaria disponibilidad financiera, lo que incrementa el riesgo de que un mayor número de personas quede expuesto al hambre y la desnutrición.

En las condiciones económicas actuales, el gobierno carece de capacidad para sostener niveles de importación cercanos a los 2 mil millones de dólares anuales.

La proliferación de huertos en entornos citadinos y provincianos no altera la naturaleza del problema. Todo apunta, más bien, a otra puesta en escena con el mismo libreto.

En esta ocasión, el escenario fue Las Tunas, donde la dirigencia reafirmó la continuidad del socialismo y se patentizó el masivo acompañamiento de “voluntarios” que, rodillas en tierra, cumplieron con un plan concebido en las oficinas del Partido y el sindicato.

Resulta doloroso reconocer que estamos ante otro intento fallido de solución en medio de un hambre persistente, tanto en el campo como en las ciudades, que no cambiará su esencia por un puñado de tomates.