jueves , 20 junio 2024
El primer grupo de médicos cubanos regresando de Brasil.

El miedo, la dignidad, el fraude

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – La dignidad que fabrican en serie y con las mismas dimensiones en los talleres del partido único, sigue teniendo los bordes torcidos, abolladuras en el centro y una capa de herrumbre en toda la superficie

Uno de los médicos que estuvo en Brasil, como parte de la avanzada humanitaria-ideológica que el gobierno cubano ha enviado a varios países del Tercer Mundo y que, en el caso del gigante sudamericano, se aprestan a regresar masivamente, en breve, sobre los carriles de la doble moral o los caminos siempre accidentados del miedo, y no por los planteamientos del presidente entrante, Jair Bolsonaro, se ha encargado de exponer en público una dignidad de brillo alquilado y dudosa consistencia.

No es el único que hace gala de una sublime espontaneidad al cuestionar la decisión del mandatario carioca de, entre otras cosas, permitirle que reciban de manera íntegra sus salarios y que cuenten con la oportunidad de traer a su esposa e hijos en el tiempo que dure su extenuante labor.

De acuerdo a denuncias de decenas de médicos que han desertado, alrededor del 70% de los honorarios van a parar a las arcas del gobierno de la Isla, una evidencia de la naturaleza depredadora del Estado.

Así que la defensa a ultranza de esas políticas de rasgos esclavistas, por parte profesionales de la salud que han trabajado o trabajan, en disímiles naciones, en condiciones anormales, hay que tomarlas con reservas frente a un repertorio de condicionantes políticas, económicas y sociales de larga data.

En un ambiente donde el ejercicio de la libertad de expresión aparece en el índice de los delitos punibles, aunque la propaganda se encargue de negarlo, es iluso pensar que alguien decida decir lo que piensa.

Tras los muros del socialismo real, se impone la elaboración de un discurso afín con el razonamiento que se articula en los centros de poder y que se tiene que cumplir al pie de la letra. Emitir un criterio que en alguna medida se ubique en las antípodas del canon totalitario, tiene consecuencias.

Los juicios críticos ante determinada realidad suelen darse en ambientes supuestamente libres de delatores y personas identificadas con el dogma impuesto hace seis décadas.

Por tanto, los puntos de vista que se publican en la prensa oficial, relacionados con el cese de la misión médica en Brasil, son réplicas de un patrón conceptual ajeno a la imparcialidad y al equilibrio informativo.

Construir un discurso sobre los cimientos de la dignidad, tal y como han hecho varios galenos, en el cual se condena a Bolsonaro y se alaba a los máximos exponentes de la élite verde olivo, es cuando menos hipócrita y desprovisto del más elemental sentido de la vergüenza. 

Apoyar al gobierno es una opción que se ha tornado en una respuesta dictada por las circunstancias. El móvil es no buscarse problemas y continuar en el juego de las apariencias. Nada que ver con una genuina posición de principios, salvo puntuales excepciones.

Bolsonaro no será un santo, pero tampoco es el personaje siniestro que han creado a golpes de hipérboles y tergiversaciones.

Ganó la presidencia en elecciones democráticas y eso es justo valorarlo.

Su falta radica en haberse ubicado en las antípodas de una izquierda, todavía aferrada a los manuales marxistas-leninistas que se vale de la represión para continuar rigiendo los destinos del país y abogar por un trato más justo para los más de 8000 médicos, técnicos y personal de enfermería que realizan un inestimable trabajo en beneficio de los sectores desfavorecidos.

Suficiente para un fusilamiento mediático de nunca acabar. Cada día sale un pelotón a disparar ráfagas de insultos desde las páginas de los periódicos y los noticiarios.

Próximo al fuego, me preguntó: ¿Es conveniente el regreso forzado o la deserción?

Estimo que la mayoría retornará a luchar por el enrolamiento en otra misión, y si la situación lo amerita, sumarse al repudio contra el gobernante de la antigua colonia portuguesa.

Quedarse implica no poder regresar a Cuba en un largo tiempo, o tal vez nunca.

La dignidad no puede prevalecer en la cultura del miedo. Si acaso, es un duplicado de pésima factura. Un fraude de marca mayor.