jueves , 19 marzo 2026

El precio del paraíso: los trabajadores del turismo en Cuba

Las compañías pagan los salarios en divisas al Estado, y este remunera a los trabajadores una fracción en moneda nacional.

La Habana (Sindical Press) – El Caribe es sinónimo de playas turquesa, hoteles de lujo y millones de turistas en busca de descanso. Sin embargo, detrás de esa imagen de postal existe una realidad menos visible: la vida cotidiana de los trabajadores que sostienen la industria turística.

Entre los destinos más conocidos de la región destacan Cuba y República Dominicana. Dos países vecinos con climas similares, paisajes comparables y una alta dependencia del turismo internacional. Pero, más allá de esas similitudes geográficas, el modelo económico que sustenta el turismo en cada país ha creado realidades laborales muy distintas para quienes trabajan en hoteles, restaurantes y servicios turísticos.

Este contraste revela que, dentro del paraíso caribeño, el costo humano y económico del turismo varía profundamente.

El turismo como motor de empleo

En ambas naciones, el turismo se ha convertido en una de las principales fuentes de empleo e ingresos en divisas.

En Cuba, el sector turístico emplea aproximadamente 56,000 trabajadores directos, incluyendo personal de hoteles, agencias de viaje, guías turísticos, transporte especializado y otros servicios asociados. Si se consideran los empleos indirectos —como la producción agrícola destinada a abastecer hoteles, la construcción, el transporte o la artesanía— el número de personas que dependen del turismo supera las 150,000. Para un país con una economía en crisis, estas cifras reflejan la importancia estratégica del turismo como fuente de ingresos.

En República Dominicana, por su parte, el peso del sector es mayor. El turismo genera más de 200,000 empleos directos y alrededor de 750,000 empleos totales si se incluyen las actividades indirectas relacionadas con la industria.

La diferencia no solo se observa en el número de trabajadores, sino también en el volumen de visitantes. República Dominicana ha recibido en los últimos años cifras récord de turistas, triplicando a Cuba y consolidándose como uno de los destinos más importantes del Caribe.

Dos modelos económicos, dos estructuras laborales

La principal diferencia entre ambos países radica en el modelo económico que organiza la industria turística.

En Cuba, los hoteles pertenecen al Estado y al conglomerado GAESA. Aunque cadenas internacionales participan en la administración de algunos establecimientos, el sistema de contratación es predominantemente estatal y discriminatorio. Los trabajadores del sector turístico no son contratados directamente por las empresas extranjeras que gestionan los hoteles, sino a través de agencias gubernamentales de empleo, donde la lealtad político-ideológica suele pesar más que la profesionalidad y la experiencia.

En la práctica, las compañías extranjeras pagan los salarios en divisas al Estado, y este remunera a los trabajadores en moneda nacional, una fracción de lo percibido originalmente, además de tratarse de una moneda fuertemente devaluada.

Este mecanismo ha sido objeto de denuncia por parte de sindicalistas independientes, que lo califican como una forma de explotación laboral.

En República Dominicana, en cambio, el turismo opera dentro de una economía abierta y mayoritariamente privada. Los hoteles, resorts y restaurantes son propiedad de empresas nacionales o internacionales que contratan directamente a su personal.

Esto genera una relación laboral directa entre empleadores y empleados, y permite la negociación de condiciones laborales dentro del marco del mercado laboral dominicano.

Salarios y condiciones de vida

Aunque el turismo suele ofrecer mejores ingresos que otros sectores en muchos países en desarrollo, los salarios base en el Caribe siguen siendo relativamente bajos en comparación con economías desarrolladas.

En Cuba, los salarios oficiales en el sector turístico resultan muy bajos en términos de poder adquisitivo. Por ello, las propinas se convierten en la principal fuente de ingresos y en el principal incentivo para permanecer en el sector.

Camareros, maleteros, guías turísticos y personal de limpieza dependen en gran medida de las propinas de visitantes extranjeros que pagan sus vacaciones en dólares o euros. Esto genera una paradoja: un trabajador del turismo puede obtener ingresos superiores a los de profesionales altamente calificados del sector público, como médicos, ingenieros o profesores universitarios.

En República Dominicana, aunque los salarios también son relativamente modestos, el sistema funciona de manera diferente. Los trabajadores reciben su salario directamente de las empresas que los contratan y, en algunos casos, se benefician de acuerdos sindicales o regulaciones gubernamentales que establecen salarios mínimos para el sector. En los últimos años, el gobierno ha aprobado aumentos salariales significativos en la industria turística, con incrementos de hasta el 30 % para trabajadores de hoteles y establecimientos similares.

Las propinas también desempeñan un papel importante en el ingreso de los trabajadores dominicanos, especialmente en los resorts “todo incluido” que caracterizan destinos como Punta Cana o La Romana.

El impacto de las crisis

La vulnerabilidad del turismo frente a las crisis globales se hizo evidente durante la pandemia de COVID-19, cuando el cierre de fronteras provocó una caída abrupta en el número de visitantes internacionales.

En Cuba, la contracción del turismo tuvo un impacto particularmente fuerte, agravado por problemas estructurales del sector y por la pérdida de confianza de algunos mercados emisores.

La recuperación del turismo cubano ha sido más lenta en comparación con otros destinos del Caribe, afectada por la crisis económica interna, limitaciones estructurales y decisiones de gestión dentro del sector.

En República Dominicana, aunque el impacto también fue severo, la recuperación fue rápida. El país adoptó estrategias de promoción turística y reapertura que permitieron recuperar el flujo de visitantes en un periodo relativamente corto. Como resultado, el empleo en el sector turístico dominicano ha crecido en los últimos años, acompañado por nuevas inversiones hoteleras y proyectos de infraestructura.

Dos trayectorias para el turismo caribeño

El contraste entre ambos países refleja dos estrategias distintas para desarrollar el turismo.

República Dominicana apuesta por un modelo orientado al mercado internacional, con fuerte inversión privada, expansión hotelera y una estrecha integración con grandes cadenas globales del sector. Este enfoque ha permitido un crecimiento sostenido del turismo y una ampliación constante de la infraestructura, desde aeropuertos hasta nuevos complejos hoteleros.

Cuba, en cambio, mantiene un modelo centralizado y monopólico, donde el Estado desempeña un papel predominante tanto en la propiedad de los hoteles como en la organización del empleo. Aunque este sistema ha permitido desarrollar polos turísticos importantes como Varadero o los cayos del norte, la ineficiencia, la corrupción y el clientelismo limitan su desempeño económico y su capacidad de adaptación.

Para los millones de turistas que cada año visitan las playas del Caribe, el turismo es sinónimo de descanso y entretenimiento. Pero para quienes trabajan detrás del mostrador, sirven bebidas o limpian habitaciones, representa una fuente de sustento que define su calidad de vida y sus oportunidades económicas.

La comparación entre Cuba y República Dominicana muestra que un mismo entorno natural puede sostener sistemas laborales muy diferentes.

Mientras un país ha desarrollado un modelo turístico en expansión, basado en la inversión privada y la competencia internacional, el otro mantiene un sistema centralizado donde el Estado concentra el control del sector.

Detrás de los resorts, los cruceros y las playas de arena blanca, el turismo caribeño revela así una realidad menos visible: el paraíso tiene un precio, y quienes lo pagan día a día son los trabajadores que hacen posible la experiencia turística.