sábado , 13 julio 2024

El reverso de las apariencias: ¿Aumentó el salario medio en Cuba en el 2019?

Es lamentable tanto la ausencia de objetividad como la falta de transparencia informativa recurrentes en los informes de la ONEI

Matanzas, Cuba (Cuba Sindical Press) – La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) anunció el 30 de julio último que el salario medio en Cuba aumentó durante el año 2019 a 879 pesos, la cifra supone unos 102 pesos cubanos por encima del año anterior (2018), cuando este era de 777 pesos cubanos (CUP).

El salario medio mensual es el importe de las retribuciones salariales directas devengadas, como promedio, por un trabajador durante el mes. Se calcula dividiendo lo ganado entre el promedio de trabajadores, por tanto, la variación está sujeta a las fluctuaciones de los indicadores que intervienen en su cálculo, de ahí la importancia de conocer la naturaleza de los mismos, o sea, el salario que comprende el ingreso en moneda nacional recibido en correspondencia con la cantidad y calidad del trabajo aportado, así como el promedio de trabajadores en el registro, luego de las adiciones y deducciones correspondientes sin olvidar la división entre el número de días laborables del periodo que se reporta. 

De ahí, el balance obtenido de la ONEI donde no incluyen los pagos por estímulos, comúnmente pagados en CUC (la divisa cubana equivalente al dólar estadounidense), ni los ingresos del sector no estatal (cuentapropismo), donde laboran más de 617 mil trabajadores.

En este informe se destaca que el salario medio decreció en sectores importantes como el comercio, la industria, la agricultura, los hoteles, restaurantes y la pesca, lo que representa el 43,5 % del empleo total de la isla. Por otro lado, agrega que los obreros de la construcción continúan siendo los mejores pagados con 1 597 de salario promedio mensual seguido por los que laboran en las minas y canteras con 1 481 pesos al mes.

Tratar de ignorar la relación entre el salario nominal y el índice de los precios que se mantiene en la práctica, utilizando la media aritmética en cualquiera de sus formas, crea una falsa imagen de mejoras salariales. En realidad, los incrementos siguen muy por debajo del alza de los precios, lo cual crea la ilusión de un crecimiento generalizado de las retribuciones monetarias. 

En junio del 2019, el régimen aprobó un aumento en el sector presupuestado donde laboran los trabajadores de la educación, el deporte, la cultura, la salud pública, servicios comunales, vivienda, los órganos locales del Poder Popular y el ejército. El salario mínimo mensual pasó a ser de 400 pesos nacionales (CUP) y el medio se elevó a 1 067 pesos, remuneración aún insatisfactoria ante el valor real del trabajo y desproporcional ante los elevadísimos precios de los escasos productos que están a la venta. 

Sin embargo, los trabajadores no perciben los supuestos beneficios en medio de la acelerada devaluación del CUP y del CUC, monedas que en las últimas semanas han caído estrepitosamente frente al dólar estadounidense. Asimismo, el salario medio se ha enfrentado también a la inflación que, según estimaciones extraoficiales, se disparó en los primeros meses de este año entre un 50% y 100% en las nuevas tiendas que venden sus productos a través de tarjetas magnéticas y en las amplias franjas del mercado negro que operan en todo el territorio nacional.

Al margen de lo que publican los medios e instituciones oficiales, el salario medio sigue siendo uno de los más bajos del hemisferio e insuficiente para cubrir las necesidades básicas.

La incapacidad de la población para obtener estos productos responde a la drástica contracción de las ofertas y los elevados precios que se fijan generalmente en CUC, una moneda con la cual el régimen no les paga a los trabajadores.

Los sindicalistas independientes que año tras año cuestionamos los anuncios de la ONEI acerca de los aumentos del salario medio, vamos a continuar insistiendo en la pertinencia de acompañar esos gestos con medidas lo suficientemente articuladas y sin los habituales sesgos ideológicos que cierran las posibilidades de elevar la productividad y el poder adquisitivo de los trabajadores, que se enfrentan a una de las peores crisis de la historia. Desde los años 90 del pasado siglo, padecemos los embates de una recesión que se ha tornado endémica, ahora agravada con el devastador impacto del coronavirus a nivel mundial.  

El contexto marcado por la escasez y un mayor racionamiento ha conducido a una dolarización limitada y a expensas de extenderse y convertir a la moneda nacional en un simple papel, con aun menos valor del que tiene hoy día.

Los cubanos tratan de protegerse mediante la obtención de monedas libremente convertibles (MLC) que le ayuden a soportar la galopante inflación y la gradual pérdida del poder adquisitivo del peso, pero solo lo pueden hacer dependiendo de los envíos desde el exterior. Mientras tanto, el régimen busca atraer dólares norteamericanos, tras eliminar recientemente el gravamen del 10 % que estuvo vigente desde el año 2004. Con esta acción pretende reactivar las actividades comerciales y frenar los índices inflacionarios. Una apuesta con todas las credenciales para quedar como un intento fallido, sobre todo en el corto y mediano plazo.  

Es lamentable que tanto la ausencia de objetividad en los informes de la ONEI, como la falta de transparencia informativa, constituyan una práctica recurrente.

Con este informe el régimen pretende, una vez más, lavar su rostro ante la comunidad internacional, pero la verdad se abre paso a pesar de la recurrente manipulación de cifras y resultados.

La violación flagrante y sistemática de las libertades sindicales en la isla es un hecho incontrastable.

En apariencias, el gobierno de partido único promueve los derechos laborales con supuestas oportunidades de trabajo decente y mejoras en la protección social a los obreros, pero falla en sus propósitos. La realidad se impone.