Los datos reales del universo laboral en la Isla desmontan el discurso oficialista que persiste en alabar una utopía inexistente
La Habana (Sindical Press) – Por estos días, nuevos “triunfos” de la clase obrera cubana toman forma en el léxico de la dirigencia del sindicato oficial.
El trasfondo para despachar supuestas conquistas fue el regreso de los restos mortales de los 32 militares que integraban el círculo de protección del dictador Nicolás Maduro y su cónyuge, hoy recluidos en una prisión federal de New York por delitos que podrían acarrearles largas condenas.
En paralelo a las omisiones y al enmascaramiento de las razones por las que el hombre fuerte de Venezuela se encuentra bajo custodia, la prensa nacional insiste en ofrecer una imagen del país —y en este caso de los trabajadores— que se desvanece frente a una realidad saturada de contratiempos económicos y sociales.
La pretendida fortaleza de los cubanos que trabajan, citada por Osnay Miguel Colina Rodríguez, presidente de la Comisión Organizadora del 22 Congreso de la CTC, previsto para mediados del presente año, solo existe en la retórica de un representante de los intereses del gobierno, cuyo único compromiso es prolongar el ejercicio del poder totalitario.
Sus llamados a la revitalización de la entereza y la energía para alcanzar las metas propuestas por el partido y el sindicato resultan insuficientes para sellar las profundas grietas del sistema, que anuncian la proximidad de un colapso. No hay avances integrales, ajenos al azar y a la improvisación de los burócratas.
Al enarbolar la frase martiana, “(…) donde los trabajadores son fuertes, lucharán y vencerán los trabajadores”, como sustento de su discurso triunfalista, el actual secretario general de la CTC queda expuesto al ridículo.
Insinuar fortaleza donde el agotamiento es un clamor cotidiano en cada centro laboral; donde la lucha es por sobrevivir al racionamiento y al precio insoportable de los alimentos; y donde las conquistas no pasan de ser consignas repetidas hasta el cansancio, define la mezquindad de otro espécimen de la nomenclatura. Uno que cumple a cabalidad su tarea de fingir altos estándares de responsabilidad frente a una masa que aplaude por miedo a perder el empleo ante el más mínimo desliz ideológico o a convertirse en huésped de alguno de los centros penitenciarios del gulag del Caribe.
Los datos reales del universo laboral en Cuba desmontan el discurso oficialista que persiste en alabar una utopía inexistente. Mientras la tasa de desempleo oficial se ubicó en 3.3% en 2025, investigaciones independientes arrojaron que solo cerca del 49% de la población trabaja o busca empleo.
La mitad de los desempleados son jóvenes, quienes mayoritariamente buscan la manera de abandonar el país en busca de mejores oportunidades.
En materia salarial, la situación es aún más crítica frente a la constante devaluación del peso y el aumento sostenido de los precios.
Para concluir, cito este fragmento de lo expresado por el máximo líder sindical, por decisión del partido, en las páginas del diario Trabajadores:
“Se es fuerte cuando no se tienen sentimientos de derrota, y además de defender la patria en la producción, se prepara en la paz cada uno con su fusil, sabe el lugar que le corresponde en la trinchera si el enemigo se equivoca y agrede”.
Toda esa cháchara resulta patética en un país donde la derrota se refleja en los rostros marcados por el hambre, los apagones y el desplome de los índices productivos.
Sobre la alusión al fusil y las trincheras frente a una hipotética agresión armada, conviene decir que muy pocos estarían dispuestos a luchar. La mayoría de los cubanos sabe que el verdadero enemigo no es Trump ni Marco Rubio, sino el partido comunista y todos sus secuaces, responsables de haber creado las condiciones para una muerte a plazos de aquellos a quienes dicen “defender” con tanta vehemencia.