viernes , 12 abril 2024

Los ancianos y un socialismo en crisis

La incertidumbre de la población crece entre los tecnicismos y las ambivalencias de los funcionarios que aparecen en los medios.

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – La vida de los jubilados en Cuba apunta a ser más difícil tras las reformas salariales a punto de entrar en vigor.

En principio, hubo cierta euforia con el anuncio de un aumento sustancial de las pensiones, la cual se evaporó al conocerse el aumento de los precios de varios productos básicos que se establecerán para amortiguar, en lo posible, un inevitable proceso inflacionario.

La funcionalidad de las transformaciones previstas está por ver, ante un paquete de medidas, sino ausentes del discurso oficial sí tratadas con un nivel de ambigüedad que invita a pensar en el aplazamiento o en una aplicación parcial que redundaría en nuevos fracasos a cubrir con las habituales coberturas mediáticas, tendientes a crear la ilusión del éxito.

Apenas se habla de la potenciación de la pequeña y mediana empresa, tampoco del otorgamiento de personalidad jurídica a quienes tengan las habilidades necesarias para constituir un negocio privado y mucho menos sobre la rebaja de impuestos y la flexibilización de las leyes de inversión extranjera.

Valga decir que no son las únicas acciones que deben ser parte esencial de la agenda de un cambio real hacia formas de desarrollo sostenibles.

Resulta patético que términos como “capitalismo” y “economía de mercado” aún aparezcan en el catálogo de las palabras malditas elaborado por los ideólogos del régimen.

Es pertinente subrayar que los máximos dirigentes confían en la evolución favorable de un plan concebido para garantizar el futuro del sistema sin que este pierda sus principales bases identitarias, asentadas en conceptos arcaicos y voluntaristas que han provocado un considerable atraso económico, así como la codificación de la pobreza y el exclusivismo político gestionado por el partido único. Solo con una visión integral, al margen de coartadas ideológicas infantiloides, se podrá salir de las fangosas aguas del estancamiento.

La incertidumbre de la población crece entre los tecnicismos y las ambivalencias de los funcionarios que regularmente aparecen en los medios.

Los cubanos de la tercera edad son candidatos para sufrir las peores consecuencias de lo que pudiera ser un salto al vacío sin paracaídas, en vez de un descenso siempre difícil, pero menos traumático. Se trata de 1 600 000 personas a merced de soportar peores niveles de escasez.

“Yo no sé para qué van a aumentar las jubilaciones si los precios van a estar por las nubes. ¿Será un plan para matarnos?”, bromeó Julia, una anciana de 82 años, mientras aguardaba en una larga fila para adquirir un par de muslos de pollo en pesos convertibles.

“Esto no hay quién lo aguante. Cada vez es peor. Los otros días, me desmayé en una cola para comprar detergente. Tenía el estómago vacío. Al final me fui con las manos vacías”, agregó.

La anunciada eliminación de subsidios y gratuidades mantiene la tensión en los sectores sociales más vulnerables.

Los aproximadamente 114 000 núcleos familiares que reciben asistencia social, son parte de esta masa de cubanos que sobreviven a duras penas entre el racionamiento y el bajo poder adquisitivo.

Dependen de algunas migajas que les proporciona el Estado para no morirse de hambre y paliar tan siquiera parcialmente otras necesidades de primer orden.

Se plantea que no serán abandonados, a pesar de la inminente agudización de la crisis, pero hay dudas en torno a esa promesa.

Josefina, una abuela de 56 años, desempleada y que vive con sus dos nietos de 10 y 11 años de edad, teme que le reduzcan la poca ayuda que recibe, no obstante los compromisos públicos de mantener el apoyo a toda costa.

“Lo que me dan no alcanza, pero es algo. Veremos hasta dónde podemos aguantar. Esto es ‘sálvese el que pueda’. Un barco que se hunde y los pasajeros sin salvavidas”, dijo con una expresión de angustia.

Nadie está convencido del óptimo resultado de las reformas que irán implementándose gradualmente, de acuerdo al punto de vista de sus gestores. Lo que se percibe son muchas dudas y preocupaciones en los vecindarios.

Es obvio que la gente continúe sin ver la luz al final del túnel a causa de los muros de la tozudez gubernamental franqueados, desde marzo, por las sombras del coronavirus.