domingo , 14 julio 2024

Nefasto y la Escuela de Necrofilia Revolucionaria “Llanto por un bandido”

Ofreciendo maestrías en convulsiones, parálisis histéricas de funeral, así como talleres para obreros calificados en llantos y pataditas de duelo.

La Habana, Cuba (Nefasto de “Nostradamus” / Sindical Press) – La inauguración en Cuba de la Escuela “Llanto por un bandido” amplió el espectro sentimental y humanista del gobierno revolucionario. Creada con el apoyo espiritual y financiero del millonario y comunista italiano, Giuseppe Sollozo, el centro forma expertos en pucheros, licenciados en hipidos, plañideras profesionales y técnicos en lamentos lacrimógenos para ñampios oficiales.

Además, se pueden cursar maestrías en convulsiones, parálisis y sudoraciones histéricas de funeral, así como talleres para obreros calificados en llantos, pataditas de duelo, tirones de pelo y gritos desgarradores de “¿Por qué, por qué, por qué te lo llevas a él y no a mí?”, aunque sólo hayan visto al muerto por la televisión, si es nacional, o no conozcan ni el nombre, si fuera un extranjero.

El hecho es que las conmovedoras muestras de dolor ante el paso del cortejo fúnebre de Fidel en su viaje final a través de la isla fueron calificadas como falsas por los enemigos de la revolución y eso resulta inadmisible, o cuando menos, desafiante para quienes aún no paramos de llorar a moco tendido en cada aniversario del que se fue para no volver o “le dio la patá al enyaguao y se fue en pira”, como diría Díaz-Canel en su neo lenguaje académico de solar, guapo y populachero.

Pero decir que los contingentes de obreros graduados para desmayarse, rodar por el suelo y gemir de dolor frente al armón con la urna que guardaba los restos mortales del inmortal Fidel hecho cenizas perdieron la concentración al paso, entre la desolada muchedumbre, de pregoneros que anunciaban maní tostao, bocaditos de helado, pasteles de coco y de guayaba, resultó un insulto.

Tampoco es admisible, aunque nos duela reconocerlo, que las plañideras contratadas en Cuba para los eventos fúnebres –egresadas con honores en llanto– se negaran a cobrar en moneda nacional y ni siquiera aceptaran la entrega de una jabita con alimentos a cambio de sus servicios, exigiendo que cada mililitro de lágrima vertido en sus funciones se le pagara en Euros o dólares –como si el muerto fuera un Pepe cualquiera– no son dignas guerreras de la “Llanto por un bandido”.

Pero lo que desbordó la copa de la tolerancia e hizo que le cayera comején al piano de la paciencia fue oír decir que los desgarradores gritos de “¿por qué, porqué, por qué se lo llevan a él y no a mí?” no fueron lanzados por los expertos en aspavientos formados en la susodicha escuela, sino por un joven que vio como sus padres abordaban una lancha rumbo a Estados Unidos, llevándose al hijo más chiquito y dejándolo solo y con el agua al cuello en la playa de Guanabo.

Por eso es que no basta con la necrofilia mostrada por Díaz-Canel, Roberto Mora y Manuel Marrero –las caras visibles del poder en Cuba– cuando en sus cada vez más frecuentes obituarios en X expresan el profundo dolor que los embriaga ante el último adiós de ilustres desconocidos o connotados dictadores de regímenes teocráticos, antifeministas o patrocinadores del terrorismo internacional, carnales amigos de la revolución cubana. Hay que hacer hincapié en la escuela.

Eso de que “con profundo pesar nuestro pueblo ha conocido del fallecimiento del presidente de la hermana República islámica de Irán, su excelencia Dr. Seyyed Ebrahim Raisi” y decretar cinco días de duelo oficial suena falso y no convence ni conmueve a una masa revolucionaria adicta al lloriqueo nostálgico y la pataleta llorosa en funerales públicos de líderes fallecidos.

Tampoco resulta creíble aquello de que “nuestro pueblo, con profundo pesar, ha conocido del fallecimiento del Emir del Estado de Kuwait, su Alteza Jeque Nawaf al-Ahmad Al-Jaber Al-Sabah” y decretar otros cinco días de duelo Oficial como si el ñampio hubiera sido intendente de Maniabón, en Las Tunas, y los cubanos no necesitáramos comida en vez de luto ajeno o del mundo puto.

Se necesita poner más bombas lacrimógenas a estas despedidas.  Armar un salpafuera sentimental y lloroso con aspavientos, pataletas, desmayos y sudoraciones que demuestre al mundo nuestro amor y adoración por los muertos. El enemigo no puede vernos con los lagrimales secos. Tenemos que demostrarle que en Cuba hay lágrimas y mocos para rato. Hasta que fallezcan los dinosaurios.

¿Ustedes se imaginan que cuando se nos muera otro inmortal, Raúl, no existan lágrimas en los reservorios luctuosos de la Patria? ¿Cuba podría sobrevivir sin aspavientos lagrimosos ante la pérdida de la dinastía jurásica en pleno y del resto de sus más fieles, longevos y juveniles huevones como lo son Guillermito García, Ramirito Valdés y machadito Ventura, entre otros bandidos?

Seguro que no, calumniados alumnos y graduados de la “Llanto por un bandido”. Porque sé que al primer patatús de alguno de nuestros líderes que rotan sin apuro en la lista de espera, ustedes se mantendrán unidos y quejosos frente al féretro exhibido en las pantallas de sus televisores –ese día habrá corriente– mientras el resto de la población convertirá el duelo en rumba: ¡A llorar a Papá Montero, zumba, canalla rumbero. A esos viejos no los queremos, zumba, canalla rumbero! (Nefasto de “Nostradamus”)