sábado , 25 mayo 2024

Pollo con violencia en el menú de la crisis

La Habana, Cuba | Cuba Sindical Press – Ciertamente, no hay días sin sol en la mayor de las Antillas, ni semanas sin aglomeraciones bulliciosas en las afueras de las tiendas donde se expenden algunos de los víveres más buscados por el cubano de a pie.

Este lunes se armó tremendo guirigay en un centro comercial del Cotorro, uno de los municipios capitalinos. El detonante de los gritos, puñetazos y empujones fue la desesperación y el temor a irse con las manos vacías.

El pollo congelado se ha convertido en uno de los productos que la gente persigue como si fuera oro molido.

Basta con el aviso de la venta para que se formen enormes filas siempre a expensas de terminar a golpes y con una fuerte presencia policial.

Muchas personas pasan la noche en vela cuidando su puesto, sin la certeza de llevarse el botín y dispuestos a enredarse a trompadas al menor cuestionamiento o usurpación del turno obtenido.

Lo sucedido en el Cotorro es parte del paisaje que se va desdibujando en el escenario de una crisis sistémica ahora agudizada por los daños colaterales del coronavirus.

Todo indica que la alternativa del régimen es la militarización a ultranza.

El caos está a las puertas y no hay indicios de que vayan a destrabar los nudos que mantienen vigentes los altos índices de improductividad e ineficiencia.

La descentralización económica sigue ausente del discurso gubernamental y los funcionarios siguen apelando a la continuidad del modelo, con sus reforzadas dosis de promesas y consignas patrióticas.

Tristemente, el hambre en sus versiones más dramáticas va posesionándose en cada palmo del territorio nacional.

Quienes residen en La Habana cuentan todavía con ciertos privilegios en comparación con la gente que vive en el resto del país. Los precarios mecanismos de distribución tienden a favorecer a la población capitalina, pero más allá de esa posibilidad ya se siente el rigor de las penurias.

Varios ministros han alegado públicamente que no hay recursos para cubrir las necesidades más perentorias de los poco más de 11 millones de personas que habitan en la ínsula.

El único remedio es el afianzamiento de los patrones de racionamiento. No hay recursos para ampliar el ritmo de las importaciones ni tampoco la factibilidad de un crecimiento, tan siquiera discreto, de las exportaciones. Una situación que amenaza con propiciar fracturas sociales que pudieran dar al traste con el orden impuesto por al partido único.

El encadenamiento de hechos violentos por parte de las fuerzas policiales y grupos afines como respuesta a acciones desesperadas por conseguir dos o tres postas de pollo, un paquete de detergente u otras de las mercancías de mayor demanda, podría generar más desorden y descontento entre una población cansada de esperar por la materialización de la promesa de una vida mejor bajo las banderas del socialismo.

Tras los ruidos del hambre a punto de convertirse en truenos, vendrán los tiros reales contra multitudes agobiadas por la miseria extrema.

Quizás sea el último tramo del callejón sin salida construido con la tozudez de los mandamases y la ineptitud congénita de los burócratas.

La riña tumultuaria del Cotorro es otro reflejo de la desgracia que nos persigue como una sombra desde hace mucho tiempo.

Un ensayo de lo que se nos viene encima.