jueves , 19 marzo 2026
Quema de basuras en en La Víbora, La Habana, febrero de 2026.(14ymedio)

Quema de basura, opción del Gobierno para enfrentar el colapso

Es el resultado del deterioro de servicios básicos, de la acumulación descontrolada y la incapacidad institucional para gestionar los desechos.

La Habana (Sindical Press) – El humo se expande por el vecindario. Inunda la calle. Entra a las casas. Es humo producto de la quema de basura, una mezcla de gases y partículas que incluye compuestos tóxicos nocivos para la salud humana.

“La quema de basura se ha vuelto una moda en La Habana. Es como la ‘zafra australiana’, donde se quemaba la caña para no tener que cortarla”, dice Jesús Bustamante, un personaje popular de Jaimanitas, en el municipio habanero Playa.

Pero la basura no es caña. Es otra cosa. Es el resultado del deterioro de servicios básicos, de la acumulación sin control y de la incapacidad institucional para gestionar los desechos. Y el Gobierno de una isla que ha visto degradarse su sistema de recolección opta por quemarla ante la imposibilidad de retirarla de manera sistemática. Ya no se persigue al que quema la basura; ahora se tolera y, en la práctica, se incentiva.

“En efecto, ya no se considera contrarrevolución ni sabotaje quemar la basura; al contrario, es una orientación que viene de arriba y en buena medida está resolviendo el problema de la acumulación de basura y las limitaciones que tenemos para garantizar la recolección, tanto por la falta de combustible como por la disponibilidad del parque automotor”, dice para este reportaje Carlos Bouly, jefe de operaciones de la Empresa de Servicios Comunales del municipio Playa, en La Habana.

A la pregunta de dónde emana la orientación de quemar la basura, el funcionario Bouly se encoge de hombros y responde:

“No sé. De arriba”.

El cargo de Carlos Bouly, como jefe de operaciones de la empresa municipal, describe una estructura con limitaciones evidentes. Solo dispone de siete camiones recolectores, que con frecuencia permanecen en reparación en talleres del Ministerio de la Construcción. “El taller de la empresa ni siquiera cuenta con un presupuesto digno para mantener funcionando los camiones”, explica.

En Jaimanitas, en la entrada del círculo social obrero Marcelo Salado, se ubicó uno de los 54 puntos de recolección de basura orientados por el primer ministro Manuel Marrero Cruz para la capital, como “solución creativa” al problema de los desechos sólidos.

Jesús Bustamante, que se ha hecho cargo de la quema en ese punto, mantiene el fuego durante todo el día, quemando lo que traiga la gente, “para que no se amontone la basura”, dice.

Se trata de una combustión continua de residuos urbanos que transforma desechos de todo tipo en emisiones tóxicas. No es solo materia orgánica lo que se quema, sino una mezcla heterogénea que, al arder, libera contaminantes peligrosos al aire.

El doctor Javier Pérez Capdevila, en una publicación en Facebook, describió la magnitud del riesgo que representa para la población la exposición diaria a estos gases y partículas, y cuestionó la falta de responsabilidad en la decisión de promover esta práctica.

“Cuando se queman residuos urbanos no solo arde papel o materia orgánica. En la basura doméstica actual hay plásticos, muchos de ellos con PVC; envases con restos de productos químicos; gomas y neumáticos; pañales desechables; telas sintéticas; pinturas; barnices; aerosoles; e incluso residuos hospitalarios mal clasificados. Al quemarse, estos materiales liberan sustancias altamente tóxicas como dioxinas y furanos —extremadamente cancerígenos—, monóxido de carbono, benceno y metales pesados como plomo y mercurio, además de partículas finas (PM2.5) que penetran profundamente en los pulmones”.

“Estas emisiones no se quedan flotando en el aire como algo abstracto. Entran en los pulmones de niños, ancianos y embarazadas; se depositan en la ropa, en el agua. Aumentan los riesgos de crisis asmáticas, bronquitis crónicas, enfermedades cardiovasculares, cáncer, problemas neurológicos y afectaciones en el desarrollo infantil”.

El doctor Pérez Capdevila concluye con una sentencia: “La responsabilidad pública no puede ser anónima. Cuando una decisión impacta la salud colectiva, debe estar firmada, explicada y sustentada técnicamente. ¿Por qué no hacen público el nombre del organismo o de la persona que autorizó la quema de basura en la calle?”