Se repite una lógica que ignora los factores estructurales en Cuba que impiden cualquier avance sostenido en la producción agrícola.
La Habana (Sindical Press) – La seguridad alimentaria en Cuba se presenta como un objetivo que avanza muy por delante de la capacidad real del Estado, atrapado en una inercia estructural que convierte cada intento de solución en un nuevo problema.
Llevar un plato de comida a la mesa se ha vuelto un acto excepcional. No es una exageración ni un recurso retórico: es una descripción literal de la vida cotidiana. La escasez ha dejado de ser coyuntural y funciona como resultado directo de un modelo de gestión sostenido en la improvisación y el agotamiento productivo.
Mientras la población lucha por garantizar lo mínimo —un trozo de pan, arroz con huevos, agua con azúcar— la prensa oficial difunde el compromiso de los 14 sindicatos de la Isla de la Juventud de “redoblar esfuerzos” en campos, organopónicos, patios y parcelas para satisfacer la demanda alimentaria local.
El planteamiento, lejos de ser una solución, roza el absurdo. Se repite una lógica que ignora los factores estructurales que impiden cualquier avance sostenido en la producción agrícola: falta de insumos, ausencia de incentivos, control estatal absoluto y un sistema de distribución ineficiente.
Las exhortaciones de Nelkys Lopetegui Castillo, miembro del secretariado de la CTC en el territorio, a aumentar la eficiencia, sustituir importaciones y fortalecer encadenamientos productivos, se suman al repertorio habitual de consignas sin impacto real. Son formulaciones conocidas, reiteradas durante décadas, que no modifican una economía estancada y dependiente del reciclaje ideológico.
El anuncio de inversiones en arroz, ganado porcino, tabaco y otros rubros tampoco despeja el escepticismo del cubano común —en este caso, del pinero— acostumbrado a promesas periódicas que nunca se traducen en mayor acceso a los alimentos. La brecha entre los discursos oficiales y el consumo real continúa ampliándose.
La nota publicada por el diario Trabajadores acompaña este escenario con un tono complaciente, funcional al relato del Partido y su red de organizaciones subordinadas. Ni la prensa ni los sindicatos han demostrado capacidad para alterar un rumbo que el propio sistema trazó con precisión hacia su deterioro.
Resulta difícil sostener el contraste entre la retórica de compromiso y una realidad marcada por la precariedad. Mientras tanto, el proceso de desgaste continúa, envuelto en llamados a “enmendar errores” que no cuestionan las causas profundas del problema.
La escasez persiste, el discurso se repite y la consigna sustituye, una vez más, al pan.