Mientras que no se reconozca la ruina del modelo, la isla seguirá endulzando solo las promesas incumplidas de sus verdugos.
La Habana (Sindical Press) – Cuba, que un día fue el rey del azúcar mundial, hoy ni siquiera logra endulzar su propia miseria. La zafra 2025-2026, iniciada con retrasos vergonzosos y en medio de apagones crónicos, no es más que la continuación de un colapso histórico. La anterior, 2024-2025, no superó las 150.000 toneladas: la peor en más de un siglo, menos de la mitad del ya modesto plan estatal y un desplome del 97% respecto a las épocas de esplendor. Solo un central cumplió su meta; el resto, ruinas obsoletas.
Este no es un accidente climático ni un bloqueo mágico. Es el resultado previsible de décadas de centralismo asfixiante, expropiaciones absurdas, abandono de la iniciativa privada y priorización ideológica sobre la eficiencia. Quince ingenios agonizantes de cientos que hubo; corte manual porque falta combustible; metas ridículas en provincias como Granma (17.000 toneladas para la canasta básica) o Camagüey (4.000 en dos meses). Cuba importa azúcar —incluso de Estados Unidos— para no morirse de hambre, mientras el ron, su último orgullo, se tambalea.
El régimen habla de “complejo escenario” y “aseguramientos”, pero los hechos son implacables: sin libertad económica, sin inversión real, sin mérito ni esfuerzo recompensado, no hay producción. El azúcar simboliza la ruina de un modelo que prometió paraíso y entregó miseria. Cuba no necesita más consignas ni victimismo; necesita verdad: el comunismo ha fracasado. Y mientras no se reconozca ese espejo cruel, la isla seguirá endulzando solo las promesas incumplidas de sus verdugos.