La reciente denominación popular del presidente designado Miguel Díaz-Canel como “Miguel Días-Contados” ayuda a comprender la tensión en la Isla.
La Habana (Sindical Press) – El secretariado del Comité Provincial de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en Camagüey definió recientemente los objetivos a cumplir en 2026. Entre ellos vuelven a figurar el completamiento de plazas vacantes, el redoble de esfuerzos para vincular a más trabajadores y la formación y capacitación de cuadros, entre otros.
Los propósitos, carentes de resultados tangibles, repiten sin variaciones los enunciados de años anteriores. Nada indica un cambio en una práctica que se ha vuelto rutina y pérdida de tiempo, mientras los trabajadores continúan laborando en entornos sin condiciones adecuadas y sobreviviendo con salarios de miseria.
Los objetivos anunciados carecen de resultados verificables y reproducen las consignas de años anteriores. No hay señales de cambio en una práctica convertida en rutina y pérdida de tiempo, mientras los trabajadores siguen desempeñándose en condiciones precarias y sosteniéndose con salarios que apenas permiten subsistir.
El año que recién comienza no se perfila distinto al que concluyó en cuanto al deterioro del nivel de vida de la mayoría de las familias. Las probabilidades de un empeoramiento son, desafortunadamente, altas. El desabastecimiento crónico, los precios exorbitantes de los productos básicos y la inflación creciente apuntan a un mayor impacto, sobre todo entre quienes integran las nóminas de las entidades productivas y de servicios del Estado. Su salario se ha reducido a un gesto simbólico que los condena al hambre y la marginalidad. Junto con los jubilados, constituyen los rostros más visibles de la degradación social existente.
Con pensiones de 1.500 pesos —alrededor de 3 dólares según la tasa del mercado informal, cercana a los 460 pesos por dólar— y un salario medio de 6.685 pesos (unos 14 dólares), poco o nada puede hacerse para garantizar la alimentación mensual y cubrir otras necesidades esenciales.
De antemano puede afirmarse que el encuentro sindical reseñado por el diario Trabajadores guarda más semejanza con una función circense de poca monta que con la búsqueda de soluciones reales para un escenario expuesto a nuevas y peligrosas complicaciones: la ausencia del petróleo de PDVSA y la determinación de Donald Trump de eliminar los regímenes hostiles del continente.
En medio de estas tensiones llega un supuesto soplo de solidaridad desde George Mavrikos, presidente de honor de la Federación Sindical Mundial y actual presidente del Instituto Obrero Internacional. El gesto, presentado como respaldo al pueblo cubano, parece en realidad dirigido a la élite del Partido, responsable de haber convertido a la nación en un depósito de ruinas materiales, éticas y morales.
En su misiva, Mavrikos llama a levantar un “muro de protección internacionalista” mientras exalta las figuras de Fidel Castro y Raúl Castro, una postura que delata el cinismo de una izquierda empeñada en defender lo indefendible.
La reciente denominación popular del presidente designado Miguel Díaz-Canel como “Miguel Días Contados” ayuda a comprender la tensión que atraviesa la isla.
Al sumar las circunstancias derivadas de la reconfiguración del mapa geopolítico mundial, todo parece indicar que 2026 podría marcar el tramo final de la revolución cubana.
Precisamente eso es lo que no quiere oír el dirigente sindical griego que aboga por la perpetuidad del comunismo insular, ni los sindicalistas camagüeyanos, embelesados con nuevas consignas y enfrascados en la discusión de planes irrealizables.