Más que acción tomada desde el análisis juicioso, es otro traspié sobre una superficie cada vez más accidentada y fangosa.
Pittsburgh (Sindical Press) – La última tasa flotante en el mercado cambiario de divisas, gestionada por el Banco Central, puede considerarse otro intento fallido de estabilización financiera.
Más que una acción tomada desde el análisis juicioso, al margen de las consideraciones ideológicas que permean el tejido institucional, el movimiento es otro traspié sobre una superficie cada vez más accidentada y fangosa.
Y es que, figurativamente, la economía cubana no es más que eso: un pantano donde el avance se limita al entusiasmo forzado y al delirio.
Desde la desesperación se pretende atajar una crisis a la que le sobran parches, cuando lo que se necesita es un reemplazo estructural que continúa descartándose mediante la habitual retórica antimperialista.
Centrarse en el factor monetario para detener la involución del socialismo, con sus elevados costos humanos a lo largo y ancho del país, forma parte de la narrativa legitimadora del poder. Nada que ver con un plan estructurado que provea los equilibrios necesarios; se trata apenas de falsos ademanes solucionadores, a la espera de otros igualmente inútiles.
Los números muestran una realidad incontrastable. Mientras el valor del dólar en las entidades estatales es de 458 pesos, en las calles alcanza los 500 pesos, con tendencia a cotizaciones más altas en los próximos meses. Esto confirma que la devaluación de la moneda nacional es un proceso sin remedio inmediato, al igual que el deterioro continuado del nivel de vida.
Con niveles de importación insostenibles y una producción interna marginal —un fenómeno que ha prevalecido por décadas sin naufragar gracias a los subsidios externos—, el futuro se perfila incierto y peligroso.
Si el déficit comercial fue de 6 mil 596 millones de dólares en 2024, el del pasado año podría superar esa cifra, dado que en 2025 los indicadores económicos resultaron considerablemente más alarmantes.
Según el economista Pedro Monreal, fue el peor año de la estanflación que afecta al país desde 2020, agravada en este caso por la deficiente generación eléctrica, que cayó un 13,7 % en términos interanuales debido al pésimo estado de las termoeléctricas y la falta de combustible, un diagnóstico compartido por varios especialistas.
Otro parámetro clave para comprender el sostenido aumento de los precios al consumo, la reducción del poder adquisitivo de trabajadores y pensionados y la contracción de la capacidad importadora es el déficit presupuestario, que en 2025 osciló entre el 10 y el 20 % del PIB. Una cifra insostenible para un país como Cuba.
Sobran señales para afirmar que los meses restantes de 2026 estarán marcados por nuevas escaladas de precios, mayor declive en los servicios y reducción adicional del valor real de los salarios.
Entre el eco de los derrumbes, la pestilencia de los basurales y el humo de las cocinas de carbón que proliferan por la falta de gas y electricidad, se promocionan en el diario Trabajadores plazas vacantes en la casa matriz de Servicios Automotores S.A., con sede en La Habana.
Entre los cuatro empleos en oferta figuran el de Oficial de Guardia de Servicios de Protección, con un salario de 5 500 pesos, y el de Especialista de Compra y Venta, que devengaría 7 000 pesos y tendría la posibilidad de sumar 3 000 pesos adicionales según los resultados de su gestión.
En el primer caso se trata de 11 dólares al mes y, en el segundo, de 20, incluyendo el estímulo condicionado. La referencia para la operación matemática es la tasa del mercado negro, la que se impone por razones obvias.
Los 500 pesos por dólar de hoy pueden ser historia mañana. Y pensar que en febrero de 2024 se cotizaba a 300.
Queda por ver cuánto más puede resistir una economía lastrada por la improvisación y los caprichos.