Miles de guantanameros esperan hasta 28 días para recibir el suministro mientras aumentan carencias y deterioro de los servicios básicos.
La Habana (Sindical Press) – La población del sur de la provincia de Guantánamo enfrenta un deterioro cada vez mayor en el abastecimiento de agua. Un reporte del periódico Venceremos informó que los ciclos de distribución se extendieron a 28 días. Es decir, solo una vez al mes y en cantidades limitadas los habitantes de los municipios de Imías, San Antonio del Sur y Baracoa pueden acopiar un poco de agua.
El resto del territorio tampoco está exento de esas limitaciones, según explicó en mayo en una entrevista con Radio Guantánamo el delegado de Recursos Hidráulicos en la provincia, Edilson Delgado Guzmán.
Sus palabras describen un panorama desolador, sin soluciones a corto plazo y con altas probabilidades de agravarse en los próximos meses debido a la rotura de transformadores en las estaciones de bombeo y a la falta de combustible.
El funcionario incluso mencionó la posibilidad de que el agua tenga que repartirse en carretas tiradas por bueyes en caso de no recibir combustible para poner en funcionamiento los camiones cisterna.
La crisis afecta a casi tres millones de personas en la Isla, según datos del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos. Una encuesta realizada por Cubadata entre el 23 de febrero y el 13 de marzo pasados, con entrevistas a 1.807 personas en todo el país, arrojó que el 46,6 % de los consultados enfrenta falta de agua a diario o varias veces por semana, y el 71,4 % al menos una vez por semana. Solo el 9,3 % aseguró no tener problemas de abastecimiento.
La situación tampoco es reciente. En junio de 2025, el periódico oficial Venceremos advertía que Guantánamo enfrentaba una compleja situación para garantizar el abastecimiento de agua debido a la sequía, el descenso del nivel de los embalses y las limitaciones del sistema hidráulico. Un año después, lejos de mejorar, el panorama se ha agravado con la escasez de combustible, los prolongados apagones y las averías en las estaciones de bombeo, factores que han extendido los ciclos de distribución y obligado a las autoridades a contemplar incluso el uso de carretas tiradas por bueyes para transportar agua.
Frente a un panorama de racionamiento extremo del vital líquido, con proyecciones cada vez más preocupantes en las provincias orientales, fundamentalmente en Santiago de Cuba y Guantánamo, resulta difícil entender que en las páginas del periódico Venceremos se celebre el supuesto éxito del plan exportador de la provincia.
Según ese reporte, la provincia alcanzó ingresos por 174 millones de dólares, por encima de los 169 millones 596 mil previstos. Sin embargo, esas cifras no se reflejan en las condiciones de vida de la población ni se corresponden con la pobreza que ha caracterizado históricamente al territorio, hoy agravada por la profunda contracción económica que atraviesa el país.
El racionamiento del agua forma parte de una realidad que contradice las estimaciones de logros productivos y la incorporación de nuevas empresas destinadas a abastecer el mercado interno y externo.
Para colmo, el agua no es potable. Beber un vaso puede convertirse en el detonante de una parasitosis o de una infección por alguna de las variantes del virus de la hepatitis.
Por eso, la exhortación del delegado Edilson Delgado a hervir el agua para evitar enfermedades, sin explicar cómo hacerlo en medio de la escasez de gas, los prolongados cortes del servicio eléctrico y el elevado costo del carbón, raya en el cinismo.
Con el saco de carbón entre los 3.000 y los 5.000 pesos, son pocos los guantanameros que pueden adquirirlo.
Lo cierto es que la miseria se ceba en Guantánamo. Ya no solo están el hambre, el sofocante calor y los apagones. Calmar la sed y mantener una higiene mínima se ha convertido en algo cada vez más circunstancial.
Sin duda, en un ambiente de precariedad absoluta, lo único seguro parece ser la enfermedad y, lamentablemente, la muerte.