viernes , 20 marzo 2026
Delegación de la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP) durante encuentro con autoridades cubanas en el Centro Fidel Castro Ruz, La Habana, 10 de marzo de 2026.

La AIP en La Habana: solidaridad sin soluciones

Delegación internacional visita Cuba entre gestos políticos, mientras crisis económica persiste y trabajadores continúan pagando el costo del modelo vigente.

La Habana (Sindical Press) – Una representación de la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP) ha pasado por Cuba para dejar abrazos solidarios, sonrisas y palmadas en el hombro a quienes le dieron la bienvenida en el Comité Central del Partido.

No hay indicios de que la visita haya ido más allá de esos gestos, en un momento en que el país atraviesa una escasez material significativa, asociada al agotamiento del modelo económico centralizado.

La delegación llegó, principalmente, para reafirmar afinidades ideológicas basadas en un marxismo ortodoxo y actualizar una agenda política dirigida contra Estados Unidos.

El objetivo central de los visitantes parece ser respaldar a la cúpula que detenta el poder en la Isla.

La situación que enfrenta la población se presenta desde una perspectiva simplificada que evita examinar las causas estructurales de la crisis.

No es Donald Trump el responsable del deterioro nacional, sino el modelo socialista defendido tanto por los anfitriones como por sus invitados, que ha contribuido al estancamiento de una nación que pudo haber seguido otro rumbo bajo una economía de mercado y un sistema democrático representativo.

Un análisis del contexto sugiere que la presencia del grupo responde también a la necesidad de La Habana de reducir su aislamiento político en un momento complejo.

El relativo silencio de Moscú y Pekín, matizado con esporádicas alusiones que sugieren un distanciamiento táctico, coincide con la posición de otros gobiernos de izquierda que optan por mantenerse al margen del prolongado conflicto entre Cuba y Estados Unidos.

Los grupos solidarios se han convertido en un recurso de apoyo para la cúpula gobernante, como la propia AIP, fundada en 2007 y que cuenta entre sus promotores al Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, una organización con influencia regional que ha respaldado políticamente a Luiz Inácio Lula da Silva.

Uno de los voceros de la delegación recibida por Díaz-Canel, junto a Roberto Morales Ojeda y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, fue el economista Joao Pedro Stedile, dirigente del MST y defensor de posiciones comunistas, quien expresó abiertamente su afinidad con el gobierno cubano.

La firma de un Acuerdo de Intercambio y Cooperación entre el Partido Comunista de Cuba y el MST, suscrito por Stedile y Emilio Lozada García, no pasa de ser una mera finta protocolar con escasa retribución práctica a quienes persisten defender las banderas de un socialismo que no tiene salvación.

Esta escenificación, pactada con urgencia, es un último recurso de un régimen que en su desespero busca recuperar una legitimidad perdida hace tiempo.

Entre palmadas y acuerdos vacíos, se esconde la certeza de que el futuro de Cuba no se salvará con abrazos ideológicos, sino solo cuando se reconozca que es el fracaso del socialismo, no el enemigo externo, lo que ha llevado a la nación al borde del abismo.