lunes , 22 abril 2024
Yaniel Negrín, el primero de los jóvenes que integran el Proyecto de Desarrollo de la Autopista Nacional. (Trabajadores)

Una gota de éxito en un océano de mediocridad Proyecto de Desarrollo de la Autopista Nacional

La prometedora experiencia agrícola data de hace 8 años y se extiende hasta la ciudad-municipio de Cabaiguán, en Sancti Spíritus.

Pittsburgh (Sindical Press) – A juzgar por las descripciones plasmadas en la prensa oficial sobre el llamado Proyecto de Desarrollo de la Autopista Nacional, los problemas alimentarios que azotan al país, en cuanto a desabastecimientos, precios inaccesibles y pésima calidad de las ofertas, tienen los días contados.

Los protagonistas de la iniciativa en cuestión son jóvenes que se emplearon a fondo en la guerra contra el marabú, dejando 500 hectáreas de tierra, listas para producir, de las 3000 declaradas ociosas en la ciudad-municipio de Placetas en la provincia Villa Clara.

La atención recibida explica los logros obtenidos en las cosechas. Algo que contradice lo expresado por campesinos de diferentes regiones del país, quienes no se andan por las ramas a la hora de describir el abandono en que se encuentran. Una realidad que incide en la permanencia de los números rojos en los índices de productividad y eficiencia.

La falta de motivación para sacarle provecho al duro trabajo en el campo se ha vuelto crónica, y no es para menos, al constatar la ausencia de implementos básicos como machetes, limas, azadones y guantes. Ni hablar de una adecuada disponibilidad de combustible, tractores, fertilizantes y otros insumos.

Mientras se lee en el reportaje recientemente publicado en el periódico Trabajadores, que los 77 aprendices de campesinos dispusieron de préstamos bancarios, módulos de viviendas de bajo costo, facilidades para la construcción de pozos y micropresas, y modernos paneles solares, con el objetivo de estimular sus empeños, miles de sus pares, con sobrada experiencia en esas labores, permanecen semidescalzos en los surcos y a la espera de recibir las minucias de Acopio, cuyos burócratas se encargan de fijar el valor monetario de las producciones, en una transacción que ejemplifica el carácter explotador del Estado. Un vínculo obligatorio que conduce al encarecimiento y la escasez en los mercados agropecuarios.

La prometedora experiencia agrícola, abordada en las páginas del órgano de la exclusivista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que se salta las reglas de la mediocridad existente, data de hace 8 años y se extiende hasta la ciudad-municipio de Cabaiguán en la provincia Sancti Spíritus.

Allí, también se desbordan los éxitos y las expectativas a cuenta de los esfuerzos de una decena de jóvenes que el año pasado entregaron al Estado más de 100 mil toneladas de alimentos.

Uno de los “héroes” mencionados en el texto, quien actualmente regenta una finca y que hace siete años se dedica a trabajar la tierra, tras abandonar sus estudios universitarios, logra impresionantes rendimientos en el cultivo del tabaco, además de entregar jugosas cantidades de viandas y hortalizas para el consumo de la población.

El derroche de triunfalismo, termina en la agobiante situación de millones de cubanos imposibilitados de satisfacer las necesidades nutricionales para mantenerse mínimamente saludables.

Las afirmaciones del presidente del parlamento, Esteban Lazo, el pasado año, ponen en duda el alcance de soluciones tangibles y duraderas en este rubro.

En aquella oportunidad alegó una verdad de Perogrullo al decir que los productos que se reparten mediante la tarjeta de racionamiento se estaban adquiriendo en el exterior y que no había dinero suficiente para mantener el nivel de compras requerido.

Por su parte el primer viceministro, José Luis Tapia, presente en la citada sesión parlamentaria ofreció detalles de un reporte, donde se reflejaron datos que certifican la magnitud del desastre.

El funcionario se refirió, al desembolso anual de más de 1500 millones de dólares para la importación de maíz, soja y arroz. También destacó el déficit sostenido en la producción de leche, por solo citar algunas “perlas” del largo inventario de calamidades.

Desde la entrada en vigor de la Ley 148 de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional, el 28 de octubre de 2022, no hay nada que celebrar.

El descalabro no deja de avanzar en los campos, donde se pudren las cosechas por falta de transporte o llegan a cuentagotas a las tarimas de los mercados a precios prohibitivos.

El hambre continúa golpeando, con violencia, sin que se vislumbre una tregua en el conflicto existencial creado y estimulado por los tercos administradores del modelo socialista.

De nada sirven esos amagos de esperanzas que la prensa progubernamental acostumbra a poner a disposición de los, cada vez más escasos, lectores abrumados por una crisis que se profundiza sin pausas y a un ritmo vertiginoso.

Ese alivio facturado con la gastada retórica de los amanuenses del oficialismo no tiene cabida entre la mayoría de los cubanos hastiados de tanta miseria y de la banda sonora del poder, intentando vender alegrías e ilusiones , cuando el dolor arrecia y la incertidumbre se torna más densa.