jueves , 2 abril 2026
capitalismo de estado
Yuneisy Riviaux prepara la cena en su cocina en La Habana, Cuba, el miércoles 25 de marzo de 2026. (AP/Ramón Espinosa/WLNR)

Cuba: del relato épico al naufragio estructural

Las opiniones de la doctora podrían despertar curiosidad en despistados, pero su crítica termina por desnudar el sistema que defiende.

La Habana (Sindical Press) – Dania Leyva Creagh, investigadora del Instituto de Filosofía de Cuba y vinculada a la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), afirma que vivimos bajo el asedio de un orden global que normaliza la desigualdad, mercantiliza la vida y pretende imponer la lógica del poder sobre la dignidad humana.

El tono y la naturaleza de sus palabras no causan sorpresa. Su formación marxista-leninista en la Universidad de La Habana y su activa participación en el entramado ideológico del sindicalismo oficial, a través de la impartición de seminarios y publicaciones académicas, explican un enfoque orientado a sostener el modelo imperante en la Isla: una mezcla contradictoria de capitalismo salvaje, rasgos feudales y una persistente ortodoxia estalinista.

El contexto de la conferencia municipal, presidida por el secretario general de la CTC, Osnay Miguel Colina Rodríguez, favoreció la reiteración de visiones maniqueas sobre un sistema político fracasado desde su origen, sostenido más por la generosidad de terceros que por una lógica económica autónoma y racional.

En una primera lectura, las opiniones de la doctora Creagh podrían despertar cierta curiosidad en lectores despistados. Sin embargo, su crítica termina por desnudar, sin proponérselo, el sistema que defiende. La desigualdad que atribuye al capitalismo es la misma que acontece y se profundiza en Cuba, debido a la ineficiencia de una economía centralizada. Respecto a la comercialización de aspectos esenciales de la existencia humana, la Isla no es la excepción, sino un espacio donde el acceso a servicios básicos, como la salud, depende cada vez más del poder adquisitivo, y no en pesos cubanos, sino en dólares.

En cuanto a la dignidad humana, la realidad es aún más elocuente. Son incuantificables los testimonios de cubanos que sobreviven en condiciones que vulneran su integridad física y psicológica.

Miles habitan en chozas con paredes de cartón y láminas de zinc o en edificaciones de mampostería en estado ruinoso y, por si fuera poco, enfrentan además serias dificultades para alimentarse debido a la devaluación constante del peso y el alza sostenida de los precios.

A este calvario se suma el acceso nulo o limitado a agua potable, los prolongados cortes eléctricos y la cocción de los pocos alimentos que se consiguen en improvisadas cocinas de carbón.

A propósito de esto último, y como presagio de que las entregas de gas licuado serán mucho más esporádicas en lo que resta de año, resulta revelador que en el diario Trabajadores se publiquen instrucciones para evaluar la calidad del carbón vegetal, generalmente adquirido en el mercado negro.

Hubiese sido tanto o más importante que, entre los detalles ofrecidos, se citara el costo de un saco de carbón de entre 20 y 25 kilogramos, que en La Habana se cotiza entre los 1.700 y 3.000 pesos (aproximadamente entre 3 y 6 dólares al cambio actual en el mercado informal de 515 pesos por dólar). Actualmente, los jubilados reciben alrededor de 6 dólares mensuales y los profesionales, salvo contadas excepciones, llegan a los 30.

La conferencia reseñada en el órgano de prensa siguió el patrón establecido: otra descarga de críticas contra el sistema capitalista, acompañada de la habitual mención al “bloqueo” estadounidense como causa principal de la bancarrota del socialismo criollo y, como colofón, las correspondientes exaltaciones ideológicas, antes o después del llamado a resistir hasta las últimas consecuencias para defender las supuestas conquistas de una revolución que se hunde en su propio lodo.