No harán falta bombas ni misiles. La revolución se encuentra tan debilitada que terminará desmoronándose como un castillo de arena.
Pittsburgh (Sindical Press) – Mientras se apaga el eco del duelo nacional decretado por el mandatario designado Miguel-Díaz Canel, a raíz de la muerte de 32 militares cubanos que defendían al narco-presidente de Venezuela Nicolás Maduro de los ataques de la aviación estadounidense, resurge con fuerza el discurso patriotero y las promesas gastadas de que la solución a los problemas económicos de la Isla comenzará a tomar forma a lo largo de 2026. Todo ello, aseguran, será posible gracias al esfuerzo y la voluntad de una clase dirigente, que esta vez sí, tendría a disposición estrategias más realistas y eficaces.
De esto y más se habló en la más reciente reunión del Consejo de Ministros, encabezada por Díaz-Canel y el primer ministro Manuel Marrero. Allí como de costumbre sobró el entusiasmo y se dio por sentado que los planes producirán resultados favorables.
Uno de los pilares sobre los que descansan estas proyecciones de mejoría es el llamado “Programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía”, una iniciativa que promete estabilización económica mediante reformas fiscales, fomento de la producción nacional, fortalecimiento de la institucionalidad y un salto cuantitativo en la captación de ingresos externos.
Marrero afirmó que las discusiones previas a su aprobación se encuentran en su etapa final y destacó cifras tan rimbombantes como 31 000 reuniones celebradas, 260 000 intervenciones y 58 300 propuestas. Números grandilocuentes que, lejos de generar confianza, parecen ocultar la inviabilidad de los objetivos planteados.
En realidad, los caminos a las soluciones cada vez son más intransitables. Sin el petróleo de PDVSA, con una infraestructura industrial en ruinas, sin posibilidades de captar inversiones frescas y multimillonarias, ni acceso a créditos de la banca internacional la situación socioeconómica de Cuba avanza hacia un escenario de creciente complejidad, con riesgo real de degenerar en caos.
El apresamiento y presentación de Maduro ante un tribunal de New York por implicaciones con redes de narcotráfico exige una actualización inmediata del impacto político para la dictadura que lidera el general Raúl Castro y su vocero Díaz Canel.
Con Venezuela bajo la égida de la potencia dominante, la revolución cubana entra en una fase crítica al perder el respaldo de un país que llegó a administrar como una colonia y del que obtenía los recursos energéticos para evitar el quiebre total.
Con el grifo del petróleo cerrado y ante la reconfiguración del mapa geopolítico regional, en el que Estados Unidos impone una política de tolerancia cero bajo la invocación de la doctrina Monroe, el socialismo cubano parece tener los días contados.
En ese contexto, la actividad performática de Marrero y compañía no puede interpretarse sino como una vulgar puesta en escena. No existe manera alguna de que el socialismo logre prevalecer en las condiciones históricas actuales.
Es altamente probable que la presión económica y política de la administración Trump contra el régimen de La Habana se intensifique en los próximos meses.
No harán falta bombas ni misiles, como ocurrió hace unos días en Caracas. La revolución cubana se encuentra tan debilitada que terminará desmoronándose como un castillo de arena.