Aquí radica la provocación y la desvergüenza. Mientras el país se desangra, la élite gobernante fabrica narrativas de “seriedad intelectual”.
La Habana (Sindical Press) – En un salón climatizado de la Universidad Tecnológica José Antonio Echeverría (CUJAE), entre aplausos obligados y sonrisas oficiales, Joel Queipo Ruíz defendió su tesis doctoral. El título, cargado de jerga burocrática, suena como burla: “Sistema de gestión política de la economía para la transformación multidimensional en el actual complejo contexto cubano”. Su tutor principal es el Doctor Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de un país en colapso.
Afuera, la realidad muerde con más fuerza que nunca: apagones de 15 y 20 horas, neveras vacías, medicinas inexistentes y un pueblo exhausto que ni protesta. Solo sobrevive. El contraste no es torpe. Es hediondo, nauseabundo, asqueroso.
Honestamente, Feliz Varela, José de la Luz y Caballero, Enrique José Varona o Fernando Ortiz, los más grandes intelectuales, académicos y pedagogos cubanos de todos los tiempos, se revolcarían desesperado en sus tumbas ardientes. Conducidos serían por los Círculos del Infierno de Dante, hacia el sexto circulo. El de la herejía, a la ciudad de Dite. Todo por no confiar en que el comunismo podría 200 años después, de sus muertes destruir a la nación cubana, y llevarla desde la hambruna, hasta la ignorancia más canalla.
La Hipocresía como Método
Queipo Ruíz, de 54 años, Físico Nuclear, abandonó los laboratorios para ser “cuadro del Partido”. Asalto el poder como un felino. Subió desde la UJC en La Habana, hasta Jefe del Departamento Económico del Comité Central y, desde 2024, primer comunista en Holguín. Su currículum es impecable… para los estándares del sistema: lealtad absoluta, abulia, desidia, disciplina ideológica y cero resultados visibles en la mejora de la vida de los ciudadanos.
Y ahora, este mismo personaje con espejuelos se presenta como Doctor en “gestión económica”, tutorado por el responsable de la catástrofe.
Aquí radica la provocación y la desvergüenza. Mientras el país se desangra, la élite gobernante fabrica narrativas de “seriedad intelectual”. En ello, la tesis de Queipo es parte de una estrategia: revestir de academicismo a una cúpula que fracasó estrepitosamente todo durante más de una década.
Pura farsa. Canel, incapaz de resolver los apagones, el hambre, migración, ausencia de medicina, falta de agua o transporte publico de pasajeros, aparece graciosamente como tutor de una tesis sobre cómo “gestionar políticamente la economía”. El mismo patrón se repitió con Alejandro Gil, exministro de Economía, cuya tesis también fue tutorada por Díaz-Canel… casualmente Gil está preso y condenado, convertido “uke” del desastre colectivo.
Esta práctica es un ritual: altos funcionarios se “doctoran” en las áreas del conocimiento donde prevalece la ruina. ¿Será doctores en naufragio?, preguntan con sarcasmo miles de cubanos en redes. ¿Cómo un físico nuclear travestido, bajo la tutela del “capataz”, producir un estudio riguroso sobre la economía de la finca en que nos convirtieron en 1959?
Propaganda con Toga y Birrete
Lejos de ser un acto “académico” aislado, la defensa de la tesis de Queipo es propaganda descarada. Proyecta una imagen de “intelectuales serios” y “funcionarios preparados” ante una ciudadanía incrédula. Mientras en Holguín (la provincia que Queipo mal gobierna) sufre los mismos males que el resto del país, los comunistas celebran doctorados como si fueran victorias revolucionarias.
El rigor académico queda en entredicho. Cuando el tutor es un dictador y el doctorando un subordinado, la tesis deja de ser un ejercicio científico y se convierte en trámite político. Un sello más en el expediente de un cuadro leal.
La fiebre de los doctorados en la obesocracia criolla (2018-2026)
En medio de esta crisis terminal, varios altos funcionarios del gobierno y comunistas obtuvieron el grado de Doctor. Este fenómeno se interpreta como intento de legitimar académicamente a la cúpula gobernante.
El mismo Díaz-Canel, defendió en marzo de 2021 su tesis “Sistema de Gestión de Gobierno basado en Ciencia e Innovación para el desarrollo territorial”. Le siguió Alejandro Gil, exministro de Economía, que defendió en 2021 la “Metodología para la gestión del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social de Cuba”, ¿su tutor? su puto jefe. Gil fue detenido en 2024, acusado de hasta lavar la ropa.
Lis Cuesta Peraza, la jeva de Canel, obtuvo en diciembre de 2022 el doctorado con “Modelo pedagógico para la exportación de servicios académicos en la agencia Paradiso”. Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional, recibió en 2024 un Doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales por la Universidad de Matanzas pues no estaba en condiciones de articular la tesis.
En la era de Díaz-Canel se observa esta tendencia: funcionarios y del círculo cercano obtienen títulos doctorales en temas de “gestión”, “economía política” o “ciencias sociales”, muchas veces con el propio sorete como tutor.
Críticos señalan que estas tesis, no son aportes académicos. Son rituales de autoafirmación de una élite que busca revestir de intelectualidad un modelo social y económico fracasado. Así, mientras la nación se hunde, “la casta” se doctora. También, gobernadores y funcionarios medios se doctora, pero estos no se publicitan.
Conclusión Incómoda
Queipo no es la excepción. Es el fiel de un sistema que sustituyo la competencia por la lealtad, los resultados por los títulos, y la realidad por el discurso. Su doctorado no resuelve ni un solo apagón, ni llena una sola bodega, ni devuelve a un solo emigrado. Este vergonzoso desfile de títulos no es casual. Refleja una estrategia deliberada de la élite para revestir de falsa intelectualidad a una gerontocracia fracasada. Cuadros leales, sin resultados concretos que mostrar, se doctoran en “gestión” y “transformación”. Es, simplemente, otro acto de autoengaño colectivo de una obesocracia que celebra victorias académicas mientras el país vive en fracaso diario. En la Cuba de 2026, hasta los doctorados se volvieron símbolo patético del divorcio absoluto entre el poder y la realidad.