jueves , 11 junio 2026
El buque mercante Asian Katra atraca en el puerto de La Habana el 8 de junio de 2026 con un cargamento de 1.700 toneladas de alimentos e insumos donados por México y Belice. (EFE)

¿Pueden las donaciones aliviar la crisis cubana?

El asunto no trata de barcos con ayuda solidaria; estriba en un cambio al que la cúpula gubernamental se resiste.

La Habana (Sindical Press) – El donativo de México y Belice que llegó a las costas cubanas el pasado 9 de junio es una noticia irrelevante frente a una crisis económica que avanza sin frenos. La supervivencia sigue siendo la norma y la abundancia parte de una realidad limitada al círculo de poder, sus compinches y un puñado de familias que tienen parientes en el extranjero que les proveen los recursos para montar un negocio o, simplemente, para aligerarles la carga de penurias con una modesta suma de divisas.

Como están las cosas, las remesas no garantizan una vida mínimamente estable, dada la inestabilidad de una economía donde los productos de primera necesidad escasean, la inflación mantiene su tendencia al alza y los servicios básicos son cada vez más esporádicos.

No importa cuántos barcos lleguen a puertos de la isla, como el Asia Katra, cargado con mil 700 toneladas de alimentos e insumos de primera necesidad, si persisten las evidencias de que miles de cubanos se acuestan con el estómago vacío.

Esta ayuda, publicada en las páginas del diario Juventud Rebelde, es la tercera proveniente del país azteca durante 2026. La primera, ascendente a unas 814 toneladas, y la segunda, que alcanzó las mil 193 toneladas.

La reciente donación fue protagonizada por los llamados grupos de solidaridad, residentes cubanos tanto en México como en Belice y una convocatoria del diario La Jornada, según el reporte.

El hecho se enmarca en una ofensiva propagandística que intenta reforzar la idea de que el embargo estadounidense es el único responsable de la crítica situación socioeconómica, omitiéndose, de manera deliberada, la responsabilidad de la dirigencia en sostener un modelo probadamente improductivo y corrupto.

Es muy lamentable que parte de estas ayudas termine en los anaqueles de las tiendas dolarizadas y por las que se paga mucho más de lo que cuestan en los países de origen, sin dejar de mencionar las apropiaciones de quienes las reparten bajo un manto de impunidad total.

El pueblo cubano, presentado como destinatario de esos donativos, termina recibiendo apenas una fracción de lo recaudado.

Por tanto, no se trata de barcos con ayuda solidaria ni de ostentaciones baratas de solidaridad; el asunto estriba en un cambio de paradigma al que la cúpula gubernamental se resiste.

Aceptar que la revolución cubana fue un fiasco es algo impensable para las fuerzas de izquierda que hacen lo imposible por evitar la desaparición del último vestigio de socialismo puro y duro en las Américas.

Es obvio que las dádivas que llegan a cuentagotas del exterior son solo un enmascaramiento temporal de lo que se avecina: la caída del régimen comunista.