viernes , 25 septiembre 2026
Armando Sardiñas Figueredo es arrestado frente al Capitolio durante las protestas del 11 de julio de 2021 en La Habana. (Foto: Yamil Lage/AFP. Edición: CS).

Civiles de la Defensa: ¿un sindicato al otro lado del uniforme?

¿Quién defiende la independencia del trabajador civil de la Defensa cuando no quiere someterse al mantra de reprimir al disidente?

La Habana (Sindical Press) – El Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa (SNTCD) cumple 55 años. Su historia es también la historia de una pregunta que permanece abierta desde el principio: ¿son realmente civiles los miembros de ese gremio? ¿Quién defiende la independencia de ese trabajador cuando no se somete al mantra totalitario de reprimir al disidente?

Su secretaria general, Mabel Acea García, declaró que la “trinchera” de los afiliados es el trabajo y el aseguramiento de la invulnerabilidad militar, el orden interior y la tranquilidad ciudadana.

Llama la atención su retórica, porque los miembros del SNTCD rara vez aparecen en los desfiles. No llevan estrellas en los hombros. No ocupan puestos de mando. No aparecen en las fotografías oficiales. Pero están detrás de las puertas de talleres, en almacenes, en los servicios, en las empresas, en las oficinas y en las Tiendas TRD, en el conglomerado GAESA y en cualquier otro chanchullo de las estructuras económicas del ejército y la policía cubana, y en todos aquellos lugares donde alguien trabaja para que la institución represiva funcione.

Los “Civiles de la Defensa” surgieron hace 55 años. El 19 de septiembre de 1971 se implantó el Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de las FAR (ejército cubano), como otra forma de controlar a los trabajadores civiles vinculados al ejército. Tres décadas después, en 2001, amplió su radio a la policía y adoptó el nombre de Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa.

Por supuesto, el SNTCD mantiene una relación estrecha con las instituciones militares y de seguridad. En apariencia, es una historia de permanencia. Pero debajo de esa permanencia hay una pregunta mucho más incómoda.

¿Quién representa a quién?

El problema aparece cuando ambos pertenecen al mismo universo institucional. El Sindicato Nacional de Trabajadores Civiles de la Defensa no nació lejos de las instituciones militares. Nació dentro de ellas y para sus trabajadores. Su actividad está vinculada al ejército y la policía.

Es un sindicato civil: sí, formalmente. Está integrado en el aparato de Defensa y Seguridad: sin duda, la evidencia es muy fuerte.

¿Es una organización paramilitar? No está demostrado, porque no hemos encontrado armas, unidades, grados propios, entrenamiento operacional ni facultades coercitivas autónomas. Pero todos sabemos que participa como apoyo, logística y represión de la sociedad civil, bajo el mando de los cuerpos de seguridad y el Partido Comunista

Pero existe una cuarta formulación que me parece mucho más rigurosa: el SNTCD presenta una estructura sindical de origen castrense, insertada funcionalmente en el sistema institucional de los cuerpos armados y orientada no solamente a la representación laboral, sino también a objetivos de defensa, seguridad y orden interior.

Eso le proporciona una característica que probablemente no tenga ningún otro sindicato cubano con la misma intensidad: su proximidad con el empleador institucional.

La cercanía puede facilitar la negociación, pero también dificultarla. Y la pregunta no es si el sindicato tiene acceso a los dirigentes. Probablemente lo tenga. La pregunta es otra: ¿puede decirles que no?

El problema no nació con este sindicato

El SNTCD encierra, reproduce y promueve todos los problemas del sindicalismo comunista.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) documenta preocupaciones sobre la libertad sindical en Cuba y señala la existencia de un modelo caracterizado por el predominio de la CTC y las dificultades para constituir sindicatos independientes. Según la información recibida por la Comisión, estas condiciones limitarían la posibilidad de elegir libremente representantes sindicales.

En el Caso núm. 3271 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentado en 2016, la organización sindical querellante denunció, entre otras cuestiones, el reconocimiento oficial de una única central sindical y la falta de reconocimiento legal del derecho de huelga.

La situación de los civiles de la Defensa tiene, además, una particularidad. No todos realizan funciones militares. Algunos pueden trabajar en actividades directamente vinculadas con la seguridad nacional. Otros desempeñan trabajos esencialmente civiles. La diferencia importa.

La propia OIT reconoce que pueden existir restricciones al derecho de huelga para miembros de las fuerzas armadas y la policía, pero distingue esas categorías de otros trabajadores. Por eso, la discusión no debería reducirse a una pregunta simplista: “¿Pueden hacer huelga los trabajadores de la Defensa?”. La pregunta más seria sería: ¿deben los civiles de la Defensa cumplir misiones represivas o combativas?

Y, si se niegan, ¿qué mecanismos tienen para resolver el conflicto? ¿Pueden recurrir al arbitraje, la mediación o a tribunales laborales independientes? ¿Qué garantías tienen frente a posibles represalias? ¿Existen una negociación colectiva real y mecanismos independientes de reclamación?

Hay otra cuestión inevitable.

La documentación pública sobre la organización muestra una relación estrecha entre actividad sindical, instituciones de la Defensa y discurso político oficial. Para una organización que trabaja dentro del ejército y la policía, esa relación enfermiza puede parecer natural. Pero sindicalmente produce una tensión.

Un sindicato puede tener compromisos institucionales con el país y el Estado. Puede reconocer la importancia de la defensa nacional. Puede trabajar dentro de instalaciones militares. Pero su primera obligación sindical será fácilmente identificable: el trabajador.

Cuando el lenguaje de la defensa nacional ocupa el mismo espacio que el lenguaje de la defensa laboral, las fronteras comienzan a confundirse. Y cuando esas fronteras se confunden, el trabajador necesita saber quién hablará por él cuando ambas obligaciones entren en conflicto.

Y, sobre todo, necesita que sus afiliados comprueben que su sindicato no está allí únicamente para transmitir decisiones de arriba hacia abajo. El sindicato nació para organizar a los civiles que trabajan alrededor de la Defensa.

Ahora tendría que demostrar que también puede defenderlos cuando sea necesario defenderlos de la propia estructura en la que trabajan.