martes , 24 febrero 2026
Dignidad salarial
Personas compran alimentos en un mercado agropecuario este martes 17 de febrero en La Habana, Cuba. (Mastrascusa/EFE)

Dignidad salarial

Hablar hoy de dignidad salarial no es un ejercicio teórico, sino necesidad urgente, marcada por la realidad en la Isla.

La Habana (ASIC) – La dignidad salarial en Cuba constituye hoy una de las preocupaciones centrales del debate económico y social. Desde la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) debemos abogar por un salario digno que supere el umbral de la pobreza y permita llevar una vida decorosa.

Hablar de dignidad salarial en Cuba no es un ejercicio teórico. Es la realidad diaria de un maestro que no puede cubrir la alimentación de su familia con su sueldo mensual; de una enfermera que debe recurrir a remesas para completar el mes; de un obrero industrial cuyo salario se agota antes de la segunda quincena.

Al cierre de 2025, el salario medio estatal continúa siendo insuficiente frente al costo real de la vida. Aunque las cifras oficiales han situado el salario promedio mensual alrededor de 6 830 CUP, según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en sus informes y comunicaciones oficiales, su poder adquisitivo se ha erosionado gravemente por la inflación acumulada desde 2021 y por la depreciación sostenida del peso en el mercado informal de divisas. Con una tasa cambiaria que en el mercado no oficial supera ampliamente la referencia estatal, el ingreso real de los trabajadores se traduce, en la práctica, en una capacidad de compra equivalente a apenas unos pocos dólares mensuales.

La inflación en alimentos, transporte, electricidad y productos básicos continúa presionando el presupuesto familiar. El precio de bienes esenciales —aceite, arroz, pollo, detergente— se ha multiplicado varias veces respecto a los niveles previos al ordenamiento monetario. A ello se suma el encarecimiento de servicios y la dolarización parcial del comercio minorista, que obliga a acceder a divisas para cubrir necesidades elementales.

Con una inflación oficial anual superior al 14 % y precios de alimentos y servicios en constante alza, un trabajador cuyo salario nominal crece por debajo de esa tasa ve disminuir su poder de compra real. Aunque el índice oficial no siempre refleja los cambios en los mercados informales donde compra la mayoría de la población, estimaciones independientes señalan que el precio de bienes esenciales ha aumentado incluso hasta un 70 % en 2025, lo que agrava aún más la brecha entre el salario y las necesidades básicas de una familia trabajadora cubana.

Diversos análisis económicos estiman que el costo mensual de una canasta básica para una sola persona puede rondar los 50 000 CUP y que, para una familia, los gastos superan ampliamente esa cifra. Según el Food Monitor Program, en agosto de 2025 la canasta alimentaria básica para dos personas en La Habana alcanzaba los 41 735 CUP mensuales. Incluso cálculos conservadores sitúan el costo mínimo de alimentación para dos personas por encima de los 24 000 CUP mensuales. Frente a ello, un salario medio estatal que apenas supera los 6 800 CUP resulta claramente insuficiente y no cubre siquiera los requerimientos esenciales de subsistencia.

El resultado es evidente: el salario de un obrero o de un profesional no alcanza para sostener dignamente a una familia.

En este contexto, la noción de salario digno adquiere una dimensión concreta: no se trata solo de una cifra nominal, sino de la capacidad real de cubrir alimentación adecuada, vivienda, transporte, servicios básicos y acceso a bienes culturales y educativos.

Cuando el salario no cubre la canasta básica, se quiebra el principio elemental de justicia económica.

Desde la ASIC debemos insistir en la equidad en la remuneración, asegurando que no exista discriminación por razones de género, raza, edad u otras condiciones. Todo trabajador debe ser valorado de manera justa, y el pago debe corresponder con su labor, profesionalismo y creatividad. Ello implica reconocer el esfuerzo, las habilidades y la contribución efectiva al desarrollo económico y social.

La dignidad salarial es la remuneración justa y suficiente por el trabajo realizado. No solo debe cubrir necesidades básicas, sino también permitir una vida plena, con estabilidad y respeto. Un salario digno beneficia al trabajador y, a la vez, dinamiza la economía interna, promueve el consumo local, reduce desigualdades y fortalece el tejido social.

Sin embargo, la crisis salarial no puede analizarse de forma aislada de la conducción económica y política del país. Los errores acumulados en la gestión del modelo económico, la ausencia de reformas estructurales profundas, la falta de transparencia y la persistencia de decisiones centralizadas que distorsionan el mercado continúan agravando la situación. La inflación descontrolada, la prolongada dualidad cambiaria y la pérdida de confianza en la moneda nacional no son fenómenos inevitables, sino consecuencias de políticas económicas que no han sido rectificadas con la profundidad necesaria.

Abogar por salarios justos es también defender políticas públicas que controlen la inflación, estabilicen la moneda y vinculen los ingresos al costo real de la vida. Sin estabilidad macroeconómica, cualquier incremento nominal pierde sentido. La dignidad salarial exige coherencia entre la política económica y la realidad social.

Pero la estabilidad económica sostenible no puede desligarse del marco político. Cuba necesita un cambio hacia la democracia, entendida como participación real, pluralismo, transparencia institucional y respeto efectivo a los derechos ciudadanos. Solo en un entorno donde exista control público de la gestión, libertad sindical auténtica y rendición de cuentas pueden construirse políticas económicas responsables y estables en el tiempo. La democracia no es un eslogan; es la condición necesaria para generar confianza, atraer inversión, garantizar seguridad jurídica y devolver dignidad al trabajo.

El respeto a la dignidad salarial implica igualmente la defensa de derechos laborales esenciales: estabilidad en el empleo, negociación colectiva auténtica, condiciones de trabajo seguras y acceso a beneficios que complementen el salario. La relación empleado–empleador debe basarse en el respeto mutuo y en garantías jurídicas efectivas.

Un salario justo no es mera remuneración ni acumulación de riqueza. Es dignidad. Contribuye a la estabilidad económica, fortalece la familia y sostiene la cohesión social. Sin salario digno, no hay proyecto de vida sostenible.

La ASIC prepara a sus activistas para la defensa de los trabajadores y asume la misión de educar a la ciudadanía sobre sus derechos laborales. En el contexto económico actual de Cuba, luchar por la dignidad salarial es una exigencia de justicia social, responsabilidad política y transformación democrática.