viernes , 20 febrero 2026

El salvavidas que ahoga al cubano

Aleaga Pesant Report analiza las recientes medidas del gobierno cubano, en particular la reducción de la semana laboral a cuatro días, presentada como “salvavidas” ante la crisis. El programa sostiene que la medida agrava la pérdida de ingresos, paraliza sectores clave como el transporte, el turismo y el sector privado, y profundiza la precariedad en salud y educación. Señala que no se trata de una coyuntura temporal sino del resultado estructural de un modelo agotado, donde los trabajadores pagan el costo de la ineficiencia mientras la élite conserva privilegios.

Las noticias son cada vez más duras dentro de la isla de Cuba. El impacto de las medidas presentadas hace una semana por el gobierno sigue chocando contra los trabajadores cubanos, que ahora mismo no tienen forma ni de llegar al trabajo ni de trabajar, que pierden todos sus estímulos, que pierden todas sus oportunidades —que eran muy pocas, por cierto— en el trayecto. Mientras tanto, la gloria de la casta obesocrática sigue disfrutando de las mieles del poder.

Hola, esto es Aleaga Pesant Report desde La Habana, Cuba, un compendio de la política, la sociedad y la cultura cubana. Hoy, en colaboración con Cuba Sindical, abordaré mal y rápido un solo tema: El salvavidas que ahoga al cubano.

Pero como dice Petronio, el árbitro del buen gusto, la prisa no es elegancia. Maleconazo mientras la dama duerme, ahora que se van a cumplir 30 años del derribo de los aviones de Hermanos al Rescate. Maleconazo mientras la dama duerme, editado por Ilíada Ediciones y que usted puede encontrar en Amazon.

Pero volviendo al tema de marras: el salvavidas que ahoga al cubano no es solo combustible. Lo que falta en Cuba es oxígeno para la libertad.

El régimen, tras medio siglo de promesas igualitarias convertidas en ruinas, ha transformado la Isla en un gran experimento fallido, donde los apagones son el símbolo perfecto de la oscuridad intelectual y moral que impone. Calles vacías, mercados vacíos, autobuses que no se mueven: el retrato fiel de una nación asfixiada por su propio modelo.

El 6 de febrero, el ministro Jesús Otamendi anunció con solemnidad de opereta un “salvavidas”: la semana laboral se reducirá a cuatro días. Sublime cinismo. Menos días para trabajar, menos producción, menos ingresos, en un país donde la inflación devora lo poco que queda.

Los salarios se mantienen nominales, como se mantiene en pie un cadáver embalsamado para fingir que hay vida. Pero el trabajador cubano lo sabe: pierde incentivos, pierde horas extras, pierde futuro.

Y el sector privado —ese reducto de iniciativa que los comunistas toleran con desgana— agoniza bajo el peso de la misma farsa. La presidenta del Instituto Nacional de Actores Económicos No Estatales, Mercedes López, guardiana ortodoxa del control estatal, calla. ¿Para qué hablar cuando el apagón y la escasez de combustible ya cumplen la función represora?

Restaurantes, taxis, casas particulares: todo depende de turistas que huyen, materias primas que no llegan, electricidad que desaparece. El sector privado, que sostiene la cotidianidad, es el gran sacrificado en esta debacle planificada.

El ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez, con su incompetencia proverbial, ofrece solo retórica de resistencia. Rutas suspendidas, aviación en coma, ferrocarril olvidado. El cubano inventa para llegar al trabajo, al hospital, al mercado. Consecuencia: economía paralizada, servicios colapsados, vida cotidiana convertida en absurdo.

El turismo, fuente de divisas que el régimen dilapidó, se derrumba entre torpezas pandémicas y desaciertos del Mintur. El ministro Juan García vaga por ferias internacionales como si el drama fuera cosmético. Mientras en la cayería de Villa Clara, por ejemplo, camareros, cocineros, jardineros y recepcionistas pierden empleo y dólares. Cada turista que no llega es un clavo en el ataúd de la Isla.

Salud y educación, prioritarias en el discurso oficial, sufren lo mismo: cirugías aplazadas, aulas oscuras, profesionales exhaustos con recursos miserables. El 25 % de la población mayor de 65 años contempla cómo el Estado, que presume protegerles, les abandona.

La inflación galopa al compás de generadores caros y carbón escaso. La precariedad se enquista, la migración acelera, la desigualdad crece. Solo resisten quienes tienen divisas, el resto resiste o huye.

Esto no es coyuntura. Es el fruto podrido de la corrupción endémica, el latrocinio en la cúpula, la dependencia de un modelo que jamás innovó ni diversificó. Los parches evitan el colapso inmediato, pero el precio lo pagan los trabajadores: menos libertad, menos pan, más sacrificio.

Cuba es hoy un país en pausa mortal, donde la resiliencia se ha vuelto condena y la esperanza un lujo prohibido. Mientras el régimen habla de salvavidas, el cubano común camina en la oscuridad preguntándose cuántos días más podrá respirar. Porque esta crisis no es un dato. Es la asfixia diaria de quien se levanta sabiendo que la libertad —esa que el comunismo prometió y siempre traicionó— sigue siendo el bien más escaso en la Isla.

Les recuerdo, esto es Aleaga Pesant Report en colaboración con Cuba Sindical y si los informativos dan noticias nosotros las ponemos en contexto.