miércoles , 14 octubre 2026
Trabajadores reparan una locomotora en el taller ferroviario de San Luis, Santiago de Cuba.
Trabajadores durante la rehabilitación de una locomotora en el taller ferroviario de San Luis, Santiago de Cuba. La falta de piezas de repuesto e insumos para el mantenimiento afecta el estado técnico del parque ferroviario cubano. (Agenda Económica)

La ANIR: medio siglo entre la inventiva y la supervivencia industrial

La ANIR cumple medio siglo entre innovaciones que sostienen equipos obsoletos, impagos a trabajadores y una industria necesitada de inversiones.

La Habana, Cuba (Sindical Press) – Con medio siglo de existencia, no es menos cierto que la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR) ha contribuido a evitar la paralización de numerosas instalaciones productivas mediante soluciones ingeniosas, pero se trata de respuestas temporales a problemas de larga data.

A propósito del aniversario de la entidad creada oficialmente el 8 de octubre de 1976 por iniciativa de la oficialista Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se conoció de la celebración de actos en varias provincias, como Las Tunas, Sancti Spíritus, Camagüey y Guantánamo, donde se entregaron premios a innovaciones de impacto económico y social, se destacó la recuperación de equipos y el ahorro económico, y se anunciaron exposiciones, talleres y encuentros.

Algo que no se abordó en los reportes de prensa fue la falta de remuneración apropiada y los incumplimientos en la entrega de honorarios. En noviembre de 2025, el presidente de la organización, Lidier Águila Machado, reconoció que 876 entidades mantenían obligaciones de pago pendientes con los innovadores. Aunque no se dispone de cifras públicas actualizadas de 2026 sobre este asunto, el deterioro de la economía nacional permite suponer que la situación podría haberse agravado y que un número mayor de trabajadores continúe sin recibir los pagos correspondientes por sus contribuciones.

Un análisis del desempeño de la ANIR desde su creación refleja un balance de cuestionable sostenibilidad, dado que el remiendo y la provisionalidad fueron convertidos en referentes de un modelo que sobrevive a duras penas. La capacidad de elaborar una pieza para sustituir otra, inservible por el tiempo de uso y la sobreexplotación, no ha sido suficiente para impulsar un crecimiento sostenido de la productividad. Más bien, habría que asociar esta práctica a una alternativa económicamente disparatada que manifiesta la voluntad del poder político de conservar el modelo basado en la planificación centralizada y el control estatal de las principales actividades económicas, generadores del estancamiento productivo y la pobreza.

Ciertamente, los innovadores pueden reparar una maquinaria o manufacturar un componente para mantener funcionando una instalación. Sin embargo, estas soluciones no sustituyen la inversión en tecnología, el mantenimiento preventivo ni la necesaria renovación del equipamiento.

En el fondo, el problema trasciende las posibilidades de la asociación profesional. Ningún movimiento, por numeroso y competente que sea, puede compensar indefinidamente la descapitalización industrial, las insuficientes inversiones y las restricciones estructurales que afectan el aparato productivo.

La verdadera medida de progreso no debería ser cuántas veces consigue repararse una máquina vieja, sino cuánto ha avanzado el país en dejar de depender de reparaciones permanentes para sostener su economía.