Iván Hernández Carrillo participó desde Cuba en el encuentro de Madrid sobre la transición democrática, aportando la perspectiva sindical independiente.
La Habana, Cuba (Sindical Press) – Iván Hernández Carrillo, secretario general de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC), participó vía internet en la reunión “Cuba en el Umbral”, celebrada en Madrid por la plataforma Pasos de Cambio este 3 de noviembre. Su presencia, ganada por mérito propio, ubica al movimiento obrero independiente dentro del engranaje fundamental de la nueva república.
El evento sirvió para decidir qué hacer cuando aquello que se denuncia termine. Y esta es su importancia: el encuentro puso sobre la mesa no solamente cómo terminar con la dictadura cubana, sino también cómo organizar el país que debe sucederla.
No es detalle menor. Durante décadas, la oposición ha mostrado al mundo la naturaleza represiva del sistema, sus fracasos económicos y la ausencia de libertades. Pero una pregunta sigue pendiente: ¿Qué hacemos al día siguiente? Madrid intentó responderla presentando un plan estructurado en tres fases, con un Gobierno provisional de entre 18 y 36 meses y elecciones libres como destino final.
La primera fase es la liberación. Y tiene una premisa que debería resultar elemental: no hay transición con represión a activistas y sindicalistas. Supone liberar a los presos políticos, restablecer las libertades fundamentales, los sindicatos libres y la libre contratación. Desmantelar los mecanismos de persecución y vigilancia, y devolver el poder civil a las instituciones. También plantea terminar con el control político de la familia Castro y los monopolios que sostienen las estructuras del sistema totalitario.
La segunda fase, estabilización y reconstrucción, probablemente sea la que más directamente interese a una población agotada por la supervivencia cotidiana. Reorganizar la economía, restablecer la seguridad jurídica y abordar las responsabilidades por los abusos cometidos. No se trata solamente de cambiar el Gobierno: se trata de impedir que el derrumbe económico y social haga inviable la libertad recién conquistada.
La tercera fase es la democratización. Incluye la reconstrucción institucional, un plebiscito constitucional vinculante y elecciones libres, plurales y competitivas. El horizonte de 36 meses establece un límite al Gobierno provisional. Y eso importa: una administración transitoria no puede convertirse en otro poder que se perpetúe invocando las dificultades del momento.
Ahora bien, Madrid también deja preguntas pendientes. ¿Quién garantiza la representación de todos los cubanos? ¿Cómo participarán quienes viven dentro de la Isla y quienes tuvieron que marcharse? ¿Qué mecanismos permitirán incorporar a organizaciones discrepantes? ¿Cómo se escogerán los liderazgos?
Aquí considero que las primarias opositoras pueden desempeñar un papel fundamental. La legitimidad democrática no se obtiene por antigüedad, reconocimiento internacional ni acuerdos entre dirigentes. Se construye mediante procedimientos transparentes y participación ciudadana.
La presencia internacional en Madrid también tiene importancia. Pero los diplomáticos y las declaraciones no bastan. Hacen falta compromisos concretos de los gobiernos democráticos y respaldo efectivo a una transición conducida por los cubanos.
Porque la democracia no debe comenzar el día después de la dictadura. Debe empezar a construirse desde ahora, con reglas, pluralismo, responsabilidad y elecciones.
Y esa es, probablemente, la pregunta más importante que deja Madrid: ¿está preparada la oposición para demostrar que sabe construir la democracia que reclama para Cuba?
¡La Asociación Sindical Independiente de Cuba sí lo está!