La producción agropecuaria pinareña enfrenta tierras ociosas, falta de insumos y costosas inversiones mientras persisten problemas de abastecimiento alimentario local.
La Habana, Cuba (Sindical Press) – En junio de 2025, la provincia de Pinar del Río registraba más de 19 000 hectáreas de tierras ociosas, equivalentes a una extensión superior a 190 kilómetros cuadrados y a aproximadamente el 5,4 % de la superficie agrícola. El deficiente aprovechamiento de los terrenos cultivables, las limitaciones tecnológicas y la escasez de insumos completan un panorama que, lejos de revertirse, continúa frenando el aumento de la oferta de alimentos y cualquier reducción significativa de sus elevados precios.
Mientras el cubano de a pie tiene que ingeniárselas para garantizar dos comidas modestas al día, el pasado 7 de octubre concluyó en la capital pinareña una reunión de chequeo de los programas alimentarios, presidida por el vicepresidente, Salvador Valdés Mesa.
La presencia de un alto funcionario hace mucho tiempo que dejó de ser garantía de que las soluciones anunciadas reiteradamente en conferencias, asambleas y reuniones de trabajo lleguen a materializarse. A ello se suma la retórica de los órganos de prensa oficiales, empeñados en reciclar las mismas expectativas de una mejoría que, en el ámbito de la producción agropecuaria, sigue sin traducirse en resultados capaces de aliviar las necesidades de la población.
Los llamados del también miembro del Buró Político a incrementar la producción, aprovechar mejor las áreas cultivables y diversificar las cosechas para garantizar las materias primas necesarias chocan con una realidad marcada por la escasez de combustible, fertilizantes y plaguicidas; el deterioro de la maquinaria y la infraestructura; el déficit de fuerza laboral; la vulnerabilidad ante los fenómenos climáticos y las deficiencias de gestión. Todo ello mantiene deprimidos los indicadores de productividad y eficiencia.
La introducción de sistemas de riego alimentados con energía fotovoltaica en el cultivo del tabaco y en algunos programas agroalimentarios representa un avance, aunque todavía limitado y condicionado por sus elevados costos, según informó el delegado de la Agricultura en el territorio, Yoel Hernández Acosta.
Extender esta tecnología a una parte considerable de las áreas tabacaleras que todavía dependen del riego eléctrico plantea un desafío financiero, técnico y logístico de notable envergadura.
La aspiración de instalar estos sistemas en al menos el 50 % de las 5 000 hectáreas tabacaleras contempladas para la campaña 2026-2027, según lo manifestado por directivos del Grupo Empresarial Tabacuba, supondría abarcar unas 2 500 hectáreas. Tomando como referencia un costo estimado de unos 5 000 dólares por hectárea, la inversión podría rondar los 12,5 millones de dólares.
Una inversión de semejante magnitud resulta difícil de materializar en medio de severas restricciones financieras de la economía cubana. A la inversión inicial habría que sumar, además, los gastos de mantenimiento, reposición de componentes y asistencia técnica
Por otra parte, los elogios del director general de Política Industrial del Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal), José Carlos Cordovés Urquiza, a los responsables del sector en la provincia por la creación de encadenamientos productivos y la búsqueda de alternativas para mantener operativa parte de la infraestructura industrial contrastan con la persistencia de las carencias que afectan el abastecimiento
Estas valoraciones se inscriben en una narrativa oficial que magnifica los esfuerzos administrativos y presenta iniciativas de alcance limitado como señales de recuperación, sin abordar las contradicciones de un modelo económico sustentado en la planificación centralizada, cuya capacidad de responder a las necesidades del país enfrenta serios cuestionamientos.
Concluido el periplo de dos días, la escasez de alimentos y las dificultades para acceder a ellos seguirán marcando la vida cotidiana de los pinareños. Mientras tanto, Valdés Mesa y su comitiva podrían estarse preparando para la próxima visita con nuevos balances y exhortaciones, mientras las promesas reiteradas siguen sin transformar la realidad de los campos ni la de las mesas de los ciudadanos.