El norte turístico y energético de Matanzas y el centro-sur agropecuario plantean problemas laborales distintos que exigen respuestas sindicales diferenciadas.
Matanzas, Cuba (Sindical Press) – La provincia de Matanzas reúne algunas de las actividades económicas más importantes de Cuba: turismo internacional, extracción de petróleo, generación eléctrica, agricultura, producción citrícola e industria azucarera. Sin embargo, esa diversidad no significa que sus municipios compartan las mismas oportunidades ni que sus trabajadores enfrenten idénticas dificultades. Entre la costa norte y las llanuras del centro y el sur existe una diferencia productiva que merece ser examinada desde una perspectiva que suele quedar relegada en los informes oficiales: la situación de quienes viven de su trabajo.
El norte mira al mar, al turismo y a la industria energética. El centro y el sur dependen en mayor medida de la agricultura, la ganadería y una agroindustria que arrastra problemas estructurales. Son dos realidades económicas que conviven dentro de una misma provincia y que plantean preguntas diferentes sobre el empleo, los salarios, la productividad y la responsabilidad de las organizaciones sindicales.
El norte: donde se cruzan el turismo y la energía
Varadero constituye uno de los principales destinos turísticos de Cuba. Su actividad moviliza trabajadores de la hotelería, la gastronomía, el transporte, la construcción, el mantenimiento y numerosos servicios complementarios. Cárdenas y la ciudad de Matanzas, por su parte, están vinculadas a actividades comerciales, portuarias, industriales y energéticas. La costa norte concentra, además, importantes instalaciones relacionadas con la extracción y el procesamiento de hidrocarburos.
Pero el peso económico de una actividad no permite conocer, por sí solo, la situación de sus trabajadores. Un polo turístico puede generar ingresos y empleos sin que ello garantice salarios suficientes, estabilidad laboral o condiciones adecuadas de trabajo. La actividad hotelera depende de la ocupación, los suministros, la disponibilidad de electricidad y el funcionamiento de las instalaciones. Cuando esas condiciones fallan, las consecuencias alcanzan tanto a las empresas como a quienes trabajan en ellas.
En la industria energética, las dificultades tienen otras características. El mantenimiento de las instalaciones, la disponibilidad de equipos, la seguridad industrial y la continuidad de las operaciones condicionan el desempeño laboral. La importancia estratégica del petróleo y la energía para el país no elimina la necesidad de examinar las condiciones concretas de los trabajadores que sostienen esas actividades.
La pregunta sindical, por tanto, no consiste solamente en cuánto produce el norte de Matanzas, sino en qué parte de esa actividad se traduce en mejores condiciones de vida para quienes la hacen posible.
El centro y el sur: producir alimentos en medio de las dificultades
Al desplazarse hacia municipios como Jagüey Grande, Colón, Calimete y Los Arabos, la estructura económica cambia. La agricultura, la ganadería, los cítricos y la caña de azúcar adquieren una importancia histórica particular. Jagüey Grande está asociado a la producción citrícola, mientras que varios municipios del centro y el este provincial conservan una larga tradición azucarera y agropecuaria.
En estos territorios, la relación entre productividad y condiciones laborales resulta especialmente directa. La falta de combustible puede impedir el traslado de una cosecha; la carencia de piezas de repuesto puede paralizar una máquina; la insuficiencia de envases o transporte puede dificultar la comercialización de los productos. Cuando la producción no llega a su destino, el problema no termina en las estadísticas empresariales: repercute en los ingresos de los trabajadores, en el abastecimiento y en las posibilidades de recuperación de la propia unidad productiva.
La industria azucarera representa una expresión particularmente visible de esa vulnerabilidad. El funcionamiento de un central depende de una cadena que comienza en el campo y continúa con la maquinaria, el transporte, la disponibilidad de insumos y la capacidad industrial. El incumplimiento de cualquiera de esos eslabones puede afectar a los demás.
En estas circunstancias, el trabajador agrícola no puede ser tratado como responsable único de una productividad que depende de decisiones empresariales, recursos materiales y organización económica. Exigir resultados sin garantizar las condiciones necesarias para alcanzarlos equivale a trasladar al eslabón más débil una responsabilidad que corresponde también a quienes administran y dirigen.
Osmar Ramírez: producir alimentos, ¿pero con qué estrategia sindical?
El secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba en Matanzas, Osmar Ramírez, dice promover iniciativas que vinculan la estructura sindical con la producción agrícola. En octubre de 2026, según informaciones públicas, explicó un proyecto para desarrollar cultivos y producción de arroz en terrenos del centro de convenciones de la CTC, mediante un acuerdo de producción cooperada con la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras. También mencionó la intención de impulsar la ganadería y los cultivos varios en tierras sindicales del municipio de Limonar.
Puro cinismo. Anunciar una iniciativa productiva no equivale a demostrar sus resultados. Para evaluar su alcance sería necesario conocer la superficie cultivada, los recursos empleados, los volúmenes cosechados, el destino de la producción y los beneficios concretos para los trabajadores. Hay otra cuestión pendiente. Las declaraciones públicas de Ramírez permiten identificar iniciativas relacionadas con la producción agrícola, pero no ofrecen, per se, de cómo la CTC aborda las diferencias económicas, sociales y laborales entre el norte turístico e industrial y el centro-sur agropecuario.
¿Existe una estrategia sindical diferenciada para trabajadores hoteleros, petroleros, agrícolas y azucareros? ¿Qué medidas adoptan para proteger los ingresos de quienes no pueden trabajar por falta de combustible, materias primas o paralización de sus centros? ¿Qué resultados verificables hay en el cumplimiento salarial, la seguridad laboral y la solución de reclamaciones? Preguntas legítimas para un burócrata cuya responsabilidad consiste en representar intereses laborales diversos dentro de una provincia económicamente heterogénea.
Un sindicato para realidades diferentes
El trabajador de un hotel de Varadero no tiene ni los mismos problemas que un obrero de una instalación petrolera, un operario de un central azucarero o un campesino integrado en una cooperativa. Cambian los horarios, los riesgos laborales, la organización de la producción y las dificultades para obtener ingresos. Por ello, una respuesta sindical uniforme puede resultar insuficiente ante problemas que exigen diagnósticos diferenciados.
La representación de los trabajadores debe traducirse en acciones verificables: identificar los incumplimientos salariales, documentar las deficiencias de seguridad, reclamar medios de protección, examinar las causas de las interrupciones productivas y exigir respuestas de las administraciones responsables. También debe permitir que los trabajadores expresen sus inconformidades sin temor a represalias.
No basta con convocar reuniones, divulgar compromisos o presentar planes de trabajo. La eficacia de una organización sindical se mide por su capacidad para defender derechos y obtener soluciones concretas. Allí donde persiste un problema, corresponde preguntar qué gestión se realizó, qué respuesta recibió y quién debe rendir cuentas.
La productividad también tiene rostro humano
Matanzas necesita recuperar y desarrollar su potencial económico, pero ese propósito no puede reducirse a indicadores de producción, ingresos turísticos o cumplimiento de planes. Una economía funciona cuando consigue transformar sus recursos en bienes y servicios, sostener empleos productivos y mejorar las condiciones de vida de la población.
Para determinar hasta qué punto lo consigue, es necesario conocer los salarios reales, el empleo efectivo, las vacantes sin cubrir, las interrupciones laborales, los accidentes de trabajo y las dificultades de abastecimiento en los distintos municipios. También se requiere comparar las respuestas de las administraciones y de las organizaciones sindicales ante los problemas denunciados por sus afiliados.
La provincia dispone de turismo, petróleo, tierras agrícolas, tradición industrial y fuerza de trabajo. Lo que debe examinarse es cómo se administran esos recursos, qué resultados producen y quién asume las consecuencias cuando los planes fracasan.
Entre Varadero y Los Arabos hay diferencias de paisaje, de actividad económica y de organización del trabajo. Hay, sin embargo, una exigencia común: que trabajar permita vivir con dignidad y que el sindicato responda a los trabajadores antes que a las necesidades de propaganda de cualquier administración.
Osmar Ramírez tiene ante sí el reto de demostrar que las iniciativas productivas promovidas desde la CTC pueden traducirse en resultados medibles y en una defensa efectiva de los trabajadores. Para ello se puede escuchar los llamados de la Asociación Sindical Independiente de Cuba, que, a diferencia de la CTC, tiene su oído bien pegado al trabajador.