domingo , 24 mayo 2026

Patriotería y simulacros en la falsa soberanía popular

La campaña de firmas responde a una lógica de movilización donde la imagen de unidad resulta tan necesaria como discutible.

Carnegie (Sindical Press) – Es previsible que la campaña de recolección de firmas por la “soberanía de la patria”, convocada por el liderazgo del Partido Comunista a nivel nacional el pasado 16 de abril, transcurra sin contratiempos ni fisuras visibles.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, la participación será presentada como masiva, acompañada de titulares que insistirán en la supuesta unanimidad del pueblo ante el llamado del presidente designado, Miguel Díaz-Canel, a defender el país, incluso al costo de la propia vida, frente a escenarios hipotéticos de agresión externa.

Detrás de esa imagen homogénea se esconden realidades más complejas.

En instituciones médicas de Camagüey, según un reporte del diario Trabajadores, no ha faltado el entusiasmo al momento de asumir el compromiso de defender el país.

Esa postura responde, en buena medida, a mecanismos de presión que incluyen la pérdida del trabajo y el acoso de la policía política.

Al estampar su firma, Liuba Ávila Baute, secretaria del buró provincial del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud, dejó más dudas que certezas al declarar que “firmamos por la paz y porque no queremos guerra”.

La frase sugiere una contradicción de fondo: la adhesión formal a una convocatoria que, en esencia, plantea la apuesta por el conflicto.

De igual modo, el director del hospital Manuel Ascunce, Rodolfo Domínguez Rosabal, no se quedó atrás al plantear la disposición de los 1.700 trabajadores de la institución a dar su consentimiento para irse al campo de batalla sin detenerse a pensar en las consecuencias.

En un contexto marcado por el deterioro de los servicios básicos, la inflación y el descontento social, la narrativa de la unanimidad pierde consistencia.

La realidad cotidiana sugiere un país atravesado por tensiones, donde la supervivencia pesa más que las consignas.

Pensar en escenarios futuros implica reconocer incertidumbres. Ciertamente, el agravamiento de la crisis podría derivar en situaciones de inestabilidad social. Sin embargo, más allá de hipótesis de agresión externa, el foco principal debería estar en las fracturas internas de un modelo que enfrenta crecientes dificultades para sostener su legitimidad.

En ese contexto, la aparente disposición a sacrificios extremos contrasta con una reacción humana más previsible. Ante un escenario de guerra, muchos priorizarán la protección de sus vidas y las de sus familias.

Más que una expresión espontánea de voluntad colectiva, la campaña de firmas responde a una lógica de movilización política donde la imagen de unidad resulta tan necesaria como discutible.