jueves , 5 febrero 2026
Negociar o hundirse: el dilema final del castrismo

Negociar o hundirse: el dilema final del castrismo

Las palabras de Cossío confirman la entrada en una espiral de racionamiento extremo de alimentos, agua, gas y energía eléctrica.

Pittsburgh (Sindical Press) – Que el régimen de la Isla esté negociando su retirada gradual del poder con altos funcionarios de la administración Trump no es del todo descartable. Sin embargo, ante la ausencia de información fidedigna, lo más sensato es optar por la cautela hasta que aparezcan señales más claras sobre un asunto de suma complejidad en el escenario geopolítico regional.

Con apenas margen para maniobrar, como lo ha hecho de manera recurrente a lo largo de casi siete décadas, el castrismo se enfrenta a un dilema sin escapatoria: llevar hasta las últimas consecuencias su trillado atrincheramiento o pactar una salida con ciertos beneficios, si el proceso avanza en esa dirección.

No existen términos medios en el escenario que dicta la nueva doctrina de seguridad nacional de la actual administración estadounidense, que coloca a América Latina en el centro de su agenda y cierra de plano el margen para la existencia de gobiernos hostiles a Washington en el continente.

La geografía convierte a Cuba en un objetivo de primer orden, lo cual alimenta las expectativas de un desenlace a corto o mediano plazo, bien apocalíptico o pautado en una mesa de negociaciones.

De acuerdo con recientes declaraciones del viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, las posibilidades de una transacción son nulas, y la llamada “opción cero”, término popularizado en los noventa tras el cese de los multimillonarios subsidios del campo socialista, se perfila como una realidad que ya se experimenta en algunas localidades y está a punto de una espantosa generalización.

Con las reservas de combustible acercándose a su fin y la orden ejecutiva de Trump, firmada el 29 de enero, que penaliza con aranceles a los países que suministren, directa o indirectamente, petróleo a Cuba, los cubanos deberán sobrevivir a un nivel de privaciones incomparable con el actual.

Las palabras del funcionario del MINREX confirman la entrada inminente en una espiral de racionamiento extremo de alimentos, agua, gas y energía eléctrica.

Al anunciar un plan de contingencia en los próximos días, que incluirá medidas “muy difíciles para la población”, Fernández de Cossío no se anda con rodeos al comunicar lo que se avecina.

Independientemente de lo que refleje la prensa y de lo que se supone esté ocurriendo tras bambalinas en este histórico forcejeo político, la dictadura de partido único ya no cuenta con la indulgencia de los grandes medios ni con el respaldo político de una izquierda que disimula su frustración al ver en ruinas a uno de sus paradigmas.

La altivez retórica del diplomático cubano ante las cámaras podría funcionar como coartada para restar visibilidad a lo que dicta la razón en un momento crucial.

El diálogo y el eventual acuerdo al que se refiere Trump, y que sus contrapartes niegan tajantemente, se sostienen en la lógica del perdedor que intenta salvarse a toda costa.

Resulta difícil creer que quienes han disfrutado durante tanto tiempo de las mieles del poder estén dispuestos a morir por un ideal que, en la práctica, les facilitó un estilo de vida opulento.

Aquello de que “será mejor hundirnos en el mar que antes traicionar la gloria que se ha vivido” no pasa de ser el verso de una canción política escrita y cantada por Pablo Milanés, quien murió desencantado y criticando, sin medias tintas, la revolución liderada por Fidel.

Estaría de más dar a conocer el nombre del ganador en un pulso que conviene observar con detenimiento.

Lo que sí resulta imposible es conocer los detalles de la capitulación: ¿una transición ordenada, con el exilio de los mandamases, o un colapso que derive en caos y desemboque en un éxodo masivo?