miércoles , 1 julio 2026
transición energética en Cuba
Torres de electricidad de la Renté-Santiago Industrial, provincia de Guantánamo. (UNE)

ASIC: Sobre la grave crisis del sistema eléctrico y el papel de los trabajadores en una transición democrática

La ASIC propone reconstruir el sistema eléctrico cubano mediante una transición energética democrática, transparente, participativa y socialmente justa para todos.

Matanzas, Cuba (ASIC) – La Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) expresa su profunda preocupación por la grave situación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), cuyos efectos ya no pueden tratarse como simples fallas técnicas, contingencias climáticas o problemas temporales de combustible. Cuba enfrenta una crisis energética estructural que afecta directamente la vida, la salud, el trabajo, la alimentación, la educación, la seguridad y la dignidad de millones de trabajadores y sus familias.

Tal como se observa en el informe adjunto elaborado por el Observatorio de Derechos Laborales y Sindicales, se evidencia un deterioro sostenido del sistema eléctrico cubano. Este diagnóstico técnico acompañado por la ASIC identifica cuatro fallas centrales: Insuficiencia de generación disponible, dependencia crítica de combustibles fósiles, envejecimiento de los activos térmicos y deterioro de las redes.

Según dicho diagnóstico, la generación bruta total cayó de 19.070,9 GWh en 2020 a 14.344,9 GWh en 2024, mientras que la capacidad instalada oficial descendió de 6.660,5 MW a 5.344,8 MW en el mismo período, cifras que son consistentes con la información oficial publicada por la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI) en el capítulo de Minería y Energía del Anuario Estadístico de Cuba 2024.

Esta realidad confirma que el problema no se limita a una central termoeléctrica, a una falta puntual de combustible ni a una contingencia administrativa. El país se encuentra ante una crisis acumulada durante años de decisiones económicas equivocadas, falta de inversión, deterioro institucional, ausencia de mantenimiento, dependencia de combustibles fósiles y falta de transparencia pública sobre el verdadero estado del sistema.

La crisis se agrava por una matriz energética altamente dependiente del petróleo. La Agencia Internacional de Energía (IEA) señala que el suministro energético de Cuba proviene principalmente de productos petroleros, los cuales representan más del 80 % de la generación eléctrica. Esta dependencia expone al país a la falta de divisas, interrupciones del suministro, deterioro de la infraestructura, restricciones comerciales, ineficiencia operativa y decisiones políticas tomadas sin control ciudadano ni rendición de cuentas.

La debilidad del sistema también se refleja en el bajo peso de las energías renovables dentro de la matriz eléctrica. De acuerdo con el diagnóstico técnico revisado, IRENA reporta para 2024 una capacidad eléctrica total de 6.713 MW, de los cuales 5.896 MW corresponden a fuentes no renovables y 816 MW a fuentes renovables. En generación, las renovables aportaron en 2023 apenas 727 GWh, equivalentes al 5 % de la electricidad. Esta situación muestra que Cuba tiene un amplio potencial de transformación, pero también un rezago considerable que no podrá superarse con anuncios aislados ni con proyectos sin almacenamiento, red, mantenimiento y gobernanza transparente.

Los apagones prolongados no son una simple molestia cotidiana, son una forma de empobrecimiento acelerado. Sin electricidad estable se pierde producción, se paralizan pequeños negocios, se dañan alimentos y medicamentos, se afecta el suministro de agua, se deteriora la atención médica, se interrumpe la educación y se debilita la vida comunitaria. La Unión Eléctrica ha reportado escenarios operativos con disponibilidad muy inferior a la demanda máxima prevista, incluidos déficits superiores a los 2.000 MW en horario pico, según el diagnóstico revisado por la ASIC.

Los colapsos recientes de la red confirman la gravedad del problema. Reuters reportó en marzo de 2026 un colapso nacional de la red eléctrica cubana que dejó sin electricidad a millones de personas. AP informó que la red cubana colapsó por tercera vez en marzo de 2026, en un contexto de infraestructura envejecida, fallas termoeléctricas y escasez severa de combustible. Estos reportes internacionales coinciden en que los apagones han dejado de ser eventos excepcionales para convertirse en una expresión permanente de la fragilidad del sistema.

La ASIC considera que esta crisis no puede analizarse únicamente desde la ingeniería eléctrica. Es también una crisis laboral, social, institucional y democrática. Cada apagón golpea de manera directa a los trabajadores: reduce ingresos, aumenta riesgos laborales, afecta la seguridad y la salud en el trabajo, impide la prestación normal de servicios esenciales, deteriora las condiciones de vida y profundiza la desigualdad entre quienes pueden acceder a soluciones privadas y quienes dependen exclusivamente de un sistema público colapsado.

La situación energética se produce, además, en un contexto de deterioro general de derechos. Human Rights Watch ha señalado que en Cuba continúan las protestas por apagones prolongados, escasez, deterioro de las condiciones de vida y aumento de los costos de conectividad, mientras persiste la represión contra la disidencia y la crítica pública. Amnistía Internacional también ha advertido que los apagones afectan derechos como la salud y la educación, en medio del deterioro del acceso a alimentos y medicinas suministrados por el Estado.

En este contexto, la ASIC advierte que la solución no puede limitarse a anuncios oficiales, planes parciales o inversiones sin control independiente. La transición energética de Cuba debe estar vinculada a una transición democrática real. No habrá recuperación sostenible del sistema eléctrico si continúan la opacidad, la concentración estatal de las decisiones, la ausencia de rendición de cuentas, la exclusión de organizaciones sindicales independientes y la persecución de quienes denuncian las condiciones reales de vida y trabajo.

La ASIC recuerda que los trabajadores no son beneficiarios pasivos de una reforma energética. Son actores centrales de cualquier proceso serio de reconstrucción nacional. Técnicos, operarios, ingenieros, trabajadores de termoeléctricas, linieros, transportistas, trabajadores portuarios, empleados de salud, educación, agua, telecomunicaciones, agricultura, turismo, servicios y pequeñas unidades productivas conocen de primera mano las fallas, los riesgos y las prioridades del sistema. Sin su participación libre, organizada y protegida, cualquier reforma será incompleta, vulnerable a la corrupción y socialmente injusta.

Durante años, el régimen cubano ha impedido la participación autónoma de los trabajadores en las decisiones nacionales. Ha concentrado el control político, económico y sindical en estructuras dependientes del Estado, ha excluido voces independientes, ha restringido la libertad sindical y ha debilitado los mecanismos reales de vigilancia social. Freedom House describe a Cuba como un Estado comunista de partido único que prohíbe el pluralismo político, restringe libertades civiles básicas y mantiene un fuerte control estatal de la economía.

Esta exclusión también explica la profundidad de la actual crisis energética. Cuando no existe control ciudadano, cuando no se permite la denuncia libre y cuando los trabajadores no pueden organizarse de manera independiente, los errores técnicos se acumulan, la corrupción se facilita y las decisiones públicas quedan sometidas a intereses políticos antes que al bienestar de la población. Transparencia Internacional ubica a Cuba con un puntaje de 40 sobre 100 en su Índice de Percepción de la Corrupción, lo que confirma la necesidad de controles independientes, rendición de cuentas y vigilancia pública sobre cualquier proceso de inversión o contratación estatal.

Aspectos mínimos para una transición energética democrática y con trabajadores

  1. Auditoría técnica, financiera, ambiental y social independiente del Sistema Eléctrico Nacional: Cuba necesita conocer con precisión el estado real de sus termoeléctricas, redes de transmisión, redes de distribución, subestaciones, grupos electrógenos, contratos de suministro, pérdidas técnicas y no técnicas, deuda sectorial, costos de combustible y necesidades de inversión. El diagnóstico técnico revisado advierte que cualquier programa nacional serio requerirá auditoría técnica independiente, modelación horaria, evaluación de activos, estudios de red y validación financiera. Esta auditoría debe incluir la participación de trabajadores del sector eléctrico, comunidades afectadas, técnicos independientes, organizaciones sociales y observadores internacionales.
  2. Protección inmediata de servicios esenciales y hogares vulnerables: Hospitales, centros de salud, sistemas de agua potable, escuelas, hogares con personas electrodependientes, cadenas de frío de alimentos y medicamentos, y servicios comunitarios críticos deben recibir prioridad verificable. Esta protección no puede depender exclusivamente de decisiones centralizadas: debe apoyarse en proyectos territoriales de respaldo energético, microrredes comunitarias, sistemas solares con baterías para servicios esenciales y mecanismos de gestión local con participación de trabajadores y comunidades.
  3. Estrategia realista de estabilización de emergencia: Es necesario recuperar capacidad firme, asegurar repuestos críticos, realizar mantenimiento técnico auditado, reducir pérdidas, priorizar circuitos esenciales y evitar que el diésel de emergencia se convierta en una solución permanente. Esta fase debe incorporar brigadas técnicas territoriales, participación de trabajadores eléctricos con garantías laborales, veeduría comunitaria y mecanismos transparentes para reportar fallas, interrupciones y necesidades prioritarias.
  4. Desarrollo de proyectos comunitarios de fortalecimiento del sistema eléctrico: La transición energética debe llegar a los barrios, municipios, centros de trabajo y zonas rurales. Deben impulsarse proyectos de generación distribuida, techos solares en escuelas, hospitales, policlínicos, centros comunitarios, cooperativas, mercados de alimentos, sistemas de bombeo de agua, pequeñas industrias y hogares vulnerables. Estos proyectos deben diseñarse con participación directa de las comunidades, no como simples instalaciones impuestas desde el Estado o desde inversionistas externos. La comunidad debe participar en la identificación de prioridades, la vigilancia de la ejecución, el mantenimiento básico, la protección de equipos y la evaluación de resultados.
  5. Expansión acelerada de energías renovables con almacenamiento y red: La energía solar representa una oportunidad evidente para Cuba, pero no resolverá por sí sola el pico nocturno ni la inestabilidad del sistema si no se acompaña de baterías, modernización de redes, sistemas de control, medición avanzada y reglas claras de conexión. El Global Solar Atlas, desarrollado con apoyo del Banco Mundial y Solargis, permite evaluar el potencial solar de los países y constituye una herramienta útil para priorizar zonas, techos, terrenos degradados, servicios esenciales y nodos críticos de red.
  6. Creación de microrredes comunitarias y productivas: En zonas con alta afectación por apagones, baja calidad del servicio o importancia estratégica para alimentos, agua, salud y educación, deben desarrollarse microrredes con energía solar, almacenamiento, respaldo eficiente y sistemas de gestión local. Estas microrredes pueden fortalecer hospitales, escuelas, acueductos, centros de refrigeración de alimentos, cooperativas agrícolas, talleres, pequeñas empresas y comunidades rurales. Su implementación debe generar empleo local, formación técnica y capacidades permanentes de mantenimiento.
  7. Política nacional de eficiencia energética con enfoque comunitario: La energía más rápida y barata es la que no se desperdicia. Deben promoverse programas de sustitución de equipos ineficientes, iluminación LED, calentadores solares, bombeo solar, refrigeración eficiente, mantenimiento de redes internas, reducción de pérdidas y educación energética. Estos programas deben priorizar a hogares vulnerables, centros de trabajo, escuelas, hospitales y unidades productivas locales.
  8. Reforma institucional profunda: La reconstrucción energética requiere separar política pública, regulación, operación del sistema, transmisión, distribución y generación. Debe crearse un regulador energético independiente, con autonomía técnica, reglas públicas de tarifas, estándares de calidad, indicadores de pérdidas, mecanismos de compensación por interrupciones y obligaciones de publicación de datos. Sin instituciones confiables, no habrá inversión seria ni protección efectiva para los ciudadanos.
  9. Licitaciones transparentes, inversión privada responsable y financiamiento verificable: La ASIC rechaza cualquier proceso de inversión energética basado en adjudicaciones opacas, endeudamiento sin control público o acuerdos que comprometan el futuro de los trabajadores sin consulta social. La inversión privada puede y debe cumplir un papel relevante, pero bajo reglas claras de competencia, transparencia, respeto laboral, protección ambiental, control ciudadano y beneficios verificables para las comunidades.
  10. Política de transición justa para los trabajadores del sector energético y sectores conexos: La modernización del sistema implicará cambios tecnológicos, reconversión de plantas, nuevos perfiles ocupacionales y posible retiro de activos obsoletos. Esto exige formación técnica, certificación de competencias, reconversión laboral, protección de ingresos, negociación colectiva, seguridad y salud en el trabajo, y participación sindical independiente. La transición energética no puede significar precarización ni despidos sin protección.
  11. Respeto pleno de la libertad sindical y del diálogo social: Cuba ha ratificado los Convenios 87 y 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), relativos a la libertad sindical y la negociación colectiva. La ASIC ha advertido ante la OIT que el diseño institucional cubano limita el pluralismo sindical, concentra la representación de los trabajadores en estructuras oficiales y no garantiza la participación de organizaciones sindicales independientes en condiciones de igualdad. La recuperación del sistema eléctrico debe hacerse con trabajadores libres, organizaciones sindicales autónomas, participación real y protección frente a represalias.
  12. Participación territorial de trabajadores y comunidades: Las soluciones energéticas deben diseñarse con enfoque local. Techos solares en hospitales, escuelas y centros de trabajo; microrredes comunitarias; respaldo al bombeo de agua; electrificación productiva rural; eficiencia energética en pequeñas empresas; y mantenimiento comunitario de redes. La reconstrucción no debe ser una política vertical impuesta desde La Habana, sino un proceso construido desde los municipios, los centros laborales, las comunidades y los territorios más afectados.
  13. Transparencia de indicadores: La ciudadanía tiene derecho a conocer datos verificables sobre disponibilidad efectiva en horario pico, déficit diario, energía no servida, duración promedio de apagones, pérdidas de transmisión y distribución, generación por fuente, contratos adjudicados, inversiones ejecutadas, emisiones, costos de generación y criterios de priorización de circuitos. Sin datos abiertos no hay confianza pública ni control democrático.
  14. Cooperación internacional con estándares democráticos, laborales y ambientales: Cuba necesita asistencia técnica, financiamiento climático, cooperación multilateral, transferencia tecnológica y apoyo internacional para reconstruir su sistema eléctrico. La Contribución Nacionalmente Determinada de Cuba ante la CMNUCC incluyó como meta aumentar al 24 % la generación eléctrica basada en fuentes renovables hacia 2030, lo que confirma que la transición energética ya forma parte de los compromisos climáticos declarados por el propio Estado cubano. Sin embargo, esa cooperación no debe fortalecer estructuras de control autoritario ni financiar nuevos mecanismos de opacidad. Todo apoyo internacional debe exigir transparencia, participación ciudadana, protección de trabajadores, control independiente, evaluación ambiental y beneficios verificables para la población.
  15. Articulación entre comunidades, trabajadores, inversión privada y cooperación internacional: La salida de la crisis no puede descansar en un solo actor. Los trabajadores aportan conocimiento técnico, experiencia operativa y capacidad de reconstrucción; las comunidades identifican prioridades reales y ejercen control social; la inversión privada puede aportar capital, tecnología y eficiencia; y la cooperación internacional puede brindar financiamiento, asistencia técnica y estándares de gobernanza. La transición democrática debe unir estos cuatro componentes bajo reglas claras, públicas y verificables.

Llamado de la ASIC

Al Gobierno cubano: Publicar información completa y verificable sobre el estado del Sistema Eléctrico Nacional; cesar toda represalia contra trabajadores y sindicalistas que denuncien la crisis; permitir la participación libre de organizaciones sindicales independientes; y abrir espacios reales para que comunidades, técnicos y trabajadores participen en la reconstrucción energética.

A la Organización Internacional del Trabajo: Observar con especial atención los impactos laborales de la crisis energética cubana, exigir garantías de libertad sindical y diálogo social, y promover asistencia técnica para una transición justa con participación efectiva de los trabajadores.

A los organismos internacionales, bancos de desarrollo, fondos climáticos y agencias de cooperación: Condicionar cualquier apoyo financiero a estándares estrictos de transparencia, protección social, derechos laborales, consulta independiente, participación comunitaria y rendición de cuentas.

A la inversión privada nacional e internacional: Comprender que la reconstrucción energética de Cuba requiere reglas claras, competencia, responsabilidad social, respeto a los derechos laborales, sostenibilidad ambiental y compromiso con el desarrollo de las comunidades.

A los trabajadores cubanos, técnicos, profesionales, sindicalistas, comunidades y organizaciones sociales: Reclamar su lugar en la reconstrucción energética del país. Ninguna transición democrática será real si se hace sin trabajadores libres, organizados y protegidos.

La ASIC advierte que la crisis eléctrica cubana no es un accidente inevitable ni una simple consecuencia de factores externos. Es el resultado de décadas de dictadura, concentración del poder, ausencia de control democrático, manejo inadecuado de la economía nacional, falta de planificación transparente, deterioro institucional y corrupción estructural favorecida por el propio régimen. El pueblo cubano paga hoy, con apagones, pobreza, inseguridad alimentaria, deterioro de los servicios públicos y pérdida de oportunidades, el costo de un modelo que ha impedido la participación libre de los trabajadores, la inversión responsable, la innovación productiva y la rendición de cuentas.

La solución no vendrá de nuevos discursos oficiales ni de medidas improvisadas. Cuba necesita una reconstrucción energética profunda, técnica y democrática, basada en la verdad sobre el estado real del sistema eléctrico, la participación activa de los trabajadores, la organización de las comunidades, la inversión privada transparente y la cooperación internacional responsable.

De esta grave crisis solo se saldrá mediante un trabajo mancomunado. Los trabajadores deben ser protagonistas de la recuperación técnica y productiva; las comunidades deben participar en los proyectos locales de generación, eficiencia, mantenimiento y control social; la inversión privada debe aportar recursos, tecnología y capacidad de ejecución bajo reglas claras; y la cooperación internacional debe acompañar con financiamiento, asistencia técnica, estándares ambientales y garantías de derechos humanos y laborales.

La transición energética de Cuba debe ser, al mismo tiempo, una transición democrática, social y laboral. No habrá sistema eléctrico sostenible si se mantienen la opacidad, la corrupción, la exclusión y el miedo. Tampoco habrá democracia real si los trabajadores continúan sin libertad para organizarse, denunciar, negociar y participar en las decisiones que afectan su vida y el futuro del país.

Por ello, la ASIC reafirma que la electricidad es una infraestructura esencial para la vida digna, pero también para el ejercicio efectivo de derechos. Sin energía no hay producción, salud, educación ni bienestar. Sin libertad sindical no hay transición justa. Y sin democracia no habrá reconstrucción energética sostenible.

La crisis eléctrica de Cuba no puede seguir siendo administrada con silencio, miedo y propaganda. Debe ser enfrentada con verdad, técnica, participación social, inversión responsable, cooperación internacional, transparencia institucional y respeto pleno a los derechos de los trabajadores.

Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC)
Matanzas, Cuba
29 de junio de 2026

Referencias técnicas y documentales

  1. Observatorio de Derechos Laborales y Sindicales (ODLS). Diagnóstico integral del sistema eléctrico de Cuba. Documento base para diseñar un proyecto nacional de modernización y transformación energética en un escenario hipotético de transición democrática. Documento elaborado por el Observatorio de Derechos Laborales y Sindicales y revisado por la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC). Documento inédito.
  2. Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). Anuario Estadístico de Cuba 2024. Capítulo 10: Minería y Energía. La Habana: ONEI, 2025. Disponible en: https://www.onei.gob.cu/sites/default/files/publicaciones/2025-07/10-mineria-y-energia_aec2024.pdf
  3. International Energy Agency (IEA). Cuba. Perfil energético del país. Disponible en: https://www.iea.org/countries/cuba
  4. International Renewable Energy Agency (IRENA). Renewable Energy Statistical Profile: Cuba. Disponible en: https://www.irena.org/media/Files/IRENA/Agency/Statistics/Statistical_Profiles/Central-America-and-the-Caribbean/Cuba_Central-America-and-the-Caribbean_RE_SP.pdf
  5. Unión Eléctrica de Cuba (UNE). Notas informativas sobre el estado del Sistema Eléctrico Nacional. Disponible en: https://www.unionelectrica.cu/nota-informativa/
  6. Reuters. Cuba’s national electric grid collapses, says grid operator. 16 de marzo de 2026. Disponible en: https://www.reuters.com/business/energy/cubas-national-electric-grid-collapses-says-grid-operator-2026-03-16/
  7. Associated Press (AP). Reporte sobre el tercer colapso eléctrico nacional de Cuba en marzo de 2026. Disponible en: https://apnews.com/article/cf3905bbb8f9663c022fe1c80a5c32b8
  8. Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Primera Contribución Nacionalmente Determinada actualizada de Cuba (NDC). Disponible en: https://unfccc.int/sites/default/files/NDC/2022-06/Cuban%20First%20NDC%20%28Updated%20submission%291.pdf
  9. Global Solar Atlas (Banco Mundial y Solargis). Global Solar Atlas. Disponible en: https://globalsolaratlas.info/
  10. Human Rights Watch. World Report 2026: Cuba. Disponible en: https://www.hrw.org/world-report/2026/country-chapters/cuba
  11. Amnistía Internacional. Informe sobre derechos humanos: Cuba. Edición 2025. Disponible en: https://www.amnesty.org/en/location/americas/central-america-and-the-caribbean/cuba/report-cuba/
  12. Freedom House. Freedom in the World 2026: Cuba. Disponible en: https://freedomhouse.org/country/cuba/freedom-world/2026
  13. Transparencia Internacional. Índice de Percepción de la Corrupción: Cuba. Disponible en: https://www.transparency.org/en/countries/cuba

Documento: Diagnóstico integral del sistema eléctrico de Cuba / ODLS