viernes , 4 septiembre 2026
crisis en Cuba
Nerys Navarro, maestra de 77 años, posa a la entrada de un aula mientras Cuba se prepara para iniciar el curso escolar. La Habana, Cuba, 27 de agosto de 2026. (REUTERS/Norlys Pérez)

Curso 2026-27: Colapso del sistema educativo. La vitrina resquebrajada

La falta de maestros, uniformes, electricidad y recursos revela el profundo deterioro estructural que atraviesa hoy el sistema educativo cubano.

La Habana (Sindical Press) – La fotografía de septiembre de 2026 resulta bastante más grave que la imagen oficial de una educación «gratuita y universal».

Hoy martes primero de septiembre, al comenzar el curso escolar, el colapso del sistema educativo cubano estará a la vista de todos. Sin uniformes, sin recursos didácticos suficientes, sin maestros, con dificultades de alimentación y un alto nivel de deserción escolar. Ya nadie podrá negar que el rey está desnudo.

Cuba conserva una amplia cobertura escolar. La ministra de Educación, Naima Trujillo, anuncia para el curso 2026-2027, que comienza hoy, alrededor de 1,4 millones de niños y adolescentes matriculados. Sin embargo, el dato más revelador no es ese: la cobertura docente alcanza apenas el 73 %. Más de una cuarta parte de las necesidades docentes no está cubierta por personal de plantilla formado.

El Gobierno intenta taponar el agujero con estudiantes universitarios, profesionales de otros sectores, maestros jubilados reincorporados, redistribución de profesores entre provincias y docentes que asumen grupos adicionales. En La Habana, una de las situaciones más críticas, se trasladarán alrededor de 3.000 profesores desde las provincias orientales. El problema, sin embargo, no es solo cuantitativo. Afecta también a las condiciones materiales en las que se enseña.

Uniformes, electricidad y presencialidad condicionada

La producción nacional de uniformes apenas cubre el 12 % de la demanda de primaria y todavía menos en secundaria. La propia ministra reconoce que la falta de electricidad, combustible, tejidos y capacidad de importación está detrás del déficit.

El pasado curso 2025-2026 concluyó anticipadamente a finales de mayo por la crisis energética y logística. Como no se resolvió el problema energético, para 2026-2027 se prepara una educación con distintos grados de presencialidad según las posibilidades de cada territorio y centro. Las universidades también recurrirán a modalidades semipresenciales y a distancia, junto con una organización territorial para mantener la actividad académica. Pero ahora al problema energético se suma el de la conexión a las redes digitales y de telefonía móvil.

Hay, además, un dato para medir el deterioro: en septiembre de 2025 el gobierno matriculó alrededor de 1,53 millones de estudiantes. Para septiembre de 2026 habla de alrededor de 1,4 millones, unos 130.000 menos. Aunque pueden existir diferencias metodológicas y de niveles incluidos, la reducción es significativa y merece una explicación oficial.

La contradicción fundamental

Desde su instauración, la dictadura comunista presentó la educación como una de sus grandes vitrinas. Y no se puede negar. El régimen construyó un sistema de escolarización masiva, universal y estatal, con una extensa red de escuelas y una importante tradición de formación profesional. Pero tener escuelas abiertas no equivale a tener un buen sistema educativo.

Hoy, el indicador más preocupante es el profesorado. Con una cobertura docente de apenas el 73 %, el Gobierno puede afirmar que «todos los niños tendrán un maestro», como hizo la Dirección Provincial de Educación en Santiago de Cuba. Eso no significa, sin embargo, que todos tengan un profesor especializado, estable y con las condiciones necesarias para enseñar.

Ahí aparece el verdadero deterioro.

El problema salarial y la erosión del claustro

La educación cubana está atrapada en una contradicción económica brutal: el país necesita maestros, pero serlo es poco atractivo. El propio Gobierno reconoce que necesita pagar remuneraciones adicionales a quienes acepten más grupos o trabajen en varias instituciones. El problema no es simplemente «falta de profesores». Es falta de incentivos para permanecer en la profesión.

La emigración, el envejecimiento del claustro y el desplazamiento de trabajadores hacia actividades mejor remuneradas han erosionado la plantilla. Muchos docentes emigraron o buscaron mejores ingresos.

La solución de los padres más interesados en el tema, o con mayores posibilidades, está en pagar directamente a los maestros. En la Escuela de Referencia Nicolás Estévanez, en el Vedado capitalino, según padres que prefieren permanecer anónimos, deben invertir cada mes más de 5.000 pesos en el apoyo al proceso escolar: 500 para la limpieza del aula, 1.000 para materiales de aseo y limpieza y 3.000 por repasar las clases impartidas. Estos repasos son asumidos por los propios maestros y sirven como estímulo salarial.

Existe otro problema de fondo: qué se enseña.

La escuela comunista funciona dentro de un sistema político monopartidista donde la educación se vincula ideológicamente al proyecto político del Estado. El curso 2026-2027 se desarrolla en el año del centenario de Fidel Castro e incluye un programa del Ministerio de Educación sobre su pensamiento y obra. Esto plantea una cuestión profunda: ¿la escuela nacional forma ciudadanos capaces de pensar críticamente o ciudadanos educados dentro de los límites ideológicos del Estado?

La educación no se limita a matemáticas, ciencias, literatura o historia. Debe formar personas capaces de contrastar información, cuestionar al poder, debatir, argumentar, investigar y tomar decisiones autónomas. Ahí es donde el modelo de la ministra Naima Trujillo, conocida como «la guajira», tiene una debilidad estructural: el Estado controla prácticamente todo el sistema educativo y no existe un verdadero pluralismo educativo.

El círculo vicioso del capital humano

Esta es quizá la consecuencia más peligrosa. Cuba pierde simultáneamente población joven, profesores, recursos materiales, poder adquisitivo y estabilidad energética. El resultado es un círculo vicioso: menos profesores → peor enseñanza → menor preparación → menor productividad → salarios más bajos → más emigración → menos profesores.

Y eso ya no sería solamente una crisis educativa. Sería una crisis de reproducción del capital humano del país.

Hay que separar dos cosas. La educación cubana no ha desaparecido. Conserva una infraestructura nacional extensa, escolarización masiva, universidades, profesionales altamente preparados y una tradición educativa importante. Pero el sistema está claramente colapsado en sus condiciones de funcionamiento.

Los números oficiales de 2026 son difíciles de maquillar: 73 % de cobertura docente, 12 % de cobertura de uniformes de primaria, reducción de la matrícula anunciada, interrupciones y adelanto del cierre del curso anterior, profesores jubilados y estudiantes universitarios utilizados para cubrir vacantes, y una presencialidad condicionada por la alimentación, el combustible y la electricidad.

La pregunta ya no debería ser si Cuba mantiene una educación «gratuita». Deberíamos preguntarnos: ¿qué calidad de educación garantiza el Estado si no garantiza profesores, electricidad, transporte, uniformes y salarios capaces de retener a sus maestros?

La comparación histórica pesa

En 2018-2019 Cuba tenía 2.012.703 estudiantes matriculados en el sistema educativo. Para el nuevo curso, el propio Ministerio de Educación anuncia alrededor de 1,4 millones de niños y adolescentes. La diferencia entre ambas cifras ronda los 612.700 estudiantes, aproximadamente un 30,4 %. Hay que tener cuidado: esto no significa que la matrícula escolar de niños haya caído exactamente en ese porcentaje, porque la cifra de 2018-2019 incluye el sistema educativo en sentido amplio, mientras que la de 2026 se refiere específicamente a niños y adolescentes. No son dos universos estadísticos perfectamente idénticos.

Los indicadores más preocupantes no son solo la matrícula:

  • Profesores: en 2018-2019 había 284.885 trabajadores docentes y 238.314 docentes frente al aula. Para 2026 el MINED reconoce una cobertura docente de apenas el 73 %.
  • Condiciones materiales: el propio Gobierno reconoce enormes dificultades para garantizar uniformes, transporte, alimentación y presencialidad.
  • Red escolar: en el curso 1980-1981 Cuba tenía 15.857 escuelas. En 2017-2018 la cifra había bajado a alrededor de 10.800 instituciones. La reducción de centros y de alumnos ha sido significativa, y la caída de la matrícula ha sido proporcionalmente mayor que la de la red en varios periodos.

Series de la ONEI muestran, además, caídas en la enseñanza media y un desplome de la educación de adultos, de 115.228 en 2015-2016 a 76.495 en 2020-2021. La universidad, por el contrario, registró aumentos durante parte de la década anterior, aunque las cifras más recientes requieren un análisis desagregado que el MINED aún no ha publicado completo para 2026-2027.

Una crisis más allá del número

La crisis educativa cubana no consiste simplemente en menos estudiantes. Consiste en la pérdida simultánea de estudiantes, profesores y capacidad material para educarlos. El régimen puede conservar la escolarización como servicio público mientras dilapida progresivamente la escuela como instrumento de movilidad social, pensamiento crítico y preparación para una economía moderna.

Hoy no se habla con suficiente claridad de deserción escolar, analfabetismo funcional, comprensión lectora o resultados en matemáticas. Esa comparación más profunda —entre la educación cubana de finales de los años 80 o de 2018 y la de 2026, midiendo matrícula, profesores, salarios, infraestructura, calidad e ideologización— sigue pendiente de un análisis riguroso.

Los datos disponibles hasta ahora, sin embargo, ya dibujan un panorama contundente: la vitrina está resquebrajada.