La entrevista de Díaz-Canel revela una estrategia de reformas económicas controladas para contener la crisis sin alterar el monopolio político.
La Habana (Sindical Press) – La entrevista concedida por Miguel Díaz-Canel a la periodista brasileña Mônica Bergamo revela algo más profundo que la posición coyuntural del Gobierno cubano: muestra cómo el poder entiende la crisis y, sobre todo, cómo pretende evitar que una crisis económica desemboque en una transición política.
- Culpa al embargo. Díaz-Canel atribuye buena parte de la crisis a Estados Unidos. Esto permite desplazar el debate desde la responsabilidad gubernamental hacia el conflicto exterior.
- Defiende el modelo socialista. Aunque admite profundas reformas económicas, niega que exista un giro capitalista. La prioridad es modificar la economía sin modificar el monopolio político.
- Utiliza al sector privado como válvula de escape. La apertura a empresarios, inversión y capital privado busca aumentar producción y aliviar la crisis, pero bajo control estatal.
- Reconoce el descontento, pero no su dimensión política. El malestar social aparece como consecuencia de las privaciones, no como expresión de una demanda de cambio de régimen.
- Vincula las protestas con Estados Unidos. Esta interpretación convierte potencialmente la protesta ciudadana en un problema de seguridad nacional y justifica mayor represión contra los ciudadanos desesperados.
- Niega el colapso. El Gobierno reconoce dificultades extraordinarias, pero rechaza que Cuba esté al borde del derrumbe. La estrategia consiste en resistir y ganar tiempo.
- Evita discutir la pobreza y la desigualdad con datos transparentes. La ausencia de indicadores confiables dificulta evaluar objetivamente el resultado del modelo y permite mantener el discurso político por encima de la evidencia.
- Mantiene al Partido Comunista como garante del sistema. No hay disposición a convertirlo en un partido competidor dentro de un sistema pluralista. Esa es la línea roja, del régimen.
- Apuesta por la supervivencia antes que por la transformación. El Gobierno combina reformas económicas, régimen férreo y negociación internacional para atravesar la crisis sin perder el poder.
- Busca una sucesión controlada, no una transición democrática. La entrevista no muestra preparación para elecciones competitivas, pluralismo, sindicatos independientes o separación de poderes. El objetivo parece ser preservar el núcleo político mientras se adapta la economía.
¿Qué significa para una transición democrática?
La conclusión es fundamental: el régimen está dispuesto a reformar el funcionamiento económico para evitar reformar la estructura del poder. Por ello, una estrategia democrática no debería esperar una apertura voluntaria del régimen. Debe prepararse para el momento en que la crisis, el cambio social y la presión ciudadana e internacional, obliguen a negociar una transformación política.
La tarea de la oposición democrática es fortalecer instituciones, propuestas y representantes capaces de convertir el derrumbe del monopolio político en una transición ordenada hacia elecciones libres, Estado de derecho y pluralismo, y no otra vulgar sucesión de sátrapas comunistas.