domingo , 25 enero 2026

Estado de guerra en Cuba: propaganda, miseria y control

Cuba está en estado de guerra. Así lo decidió el Consejo de Defensa Nacional en una reunión celebrada el sábado.

Pittsburgh (Sindical Press) – Cuba está en estado de guerra. Así lo decidió el Consejo de Defensa Nacional en una reunión celebrada el sábado 17 de enero, donde se analizaron y aprobaron, sin cifras claras ni transparencia alguna, diversos planes y medidas para “derrotar al enemigo imperialista” en caso de una agresión que, en realidad, muchos cubanos celebrarían como un rescate largamente postergado.

Las imágenes difundidas recientemente de jóvenes del servicio militar obligatorio, con uniformes de camuflaje, caras pintadas de negro, fusiles en ristre y una complexión física que los descalifica para un combate real, no despiertan admiración ni respeto. Más bien evocan el elenco de una compañía teatral.

El aumento de las movilizaciones y de los ejercicios de preparación combativa, bajo la desgastada concepción estratégica de la Guerra de todo el Pueblo, solo acelerará la caída libre de la economía nacional. El resultado inmediato será un incremento notable de la crispación social en los próximos meses.

A muy corto plazo, “la maximización de los esfuerzos por defender el país” beneficiaría al régimen. Ese estatus le proporciona una nueva coartada para encubrir el fracaso de sus políticas y legitimar un mayor control social en nombre de la unidad frente al enemigo externo.

Sin embargo, esa ventaja se diluye ante el cúmulo de insatisfacciones ciudadanas y la convicción creciente de que solo un cambio de gobierno permitiría salir de la pobreza extrema que afecta a más del 80% de la población.

En el interregno de este conflicto, por ahora puramente retórico, podría ocurrir el esperado desenlace, provocado por la saturación de carencias materiales básicas.

La implosión que vislumbran algunos analistas, como epílogo del sistema de partido único y economía centralizada, ya no parece una quimera, sino una posibilidad en el futuro cercano.

Como están las cosas, la llegada de marines por la costa norte resulta verosímil, aunque no en los términos que pregonan los funcionarios y propagandistas del oficialismo.

Las tropas no desembarcarían como fuerza invasora, sino como auxilio para millones de rehenes de una élite que se ha escudado en una falsa representatividad para cometer las peores tropelías.

De cualquier manera, el castrismo está condenado a desaparecer o a diluirse en un modelo que contribuya a sanear la nación mediante políticas incluyentes, orientadas a garantizar las libertades y el desarrollo estructural de la economía.

Sería una ironía histórica que ese desenlace ocurriera durante el año en curso, cuando se conmemora el centenario del natalicio de Fidel Castro.

Sobran elementos para augurar el derrumbe de una gesta revolucionaria que fue allanando el camino hacia su autodestrucción.

Como diría un colega: “Tanto nadar para morir en la orilla”.