viernes , 4 septiembre 2026
crisis en Cuba

Granma y el espejismo de la recuperación ganadera

Un productor exitoso ocupa las páginas de Granma mientras las cifras nacionales revelan la profundidad del deterioro de la ganadería.

La Habana (Sindical Press) – Presentar a un ganadero exitoso en medio de la debacle del sector se acerca más a un intento de manipulación que a un indicador fiable de progreso.

Es así como la prensa oficial moldea realidades que no guardan relación con lo que verdaderamente acontece, especialmente en el sector vacuno, donde se registran retrocesos notables, fenómeno que también alcanza otras categorías ganaderas.

La referencia llega desde la Cooperativa de Producción Agropecuaria Israel Oliva, localizada en la comunidad de Jimirú, a 28 kilómetros de Bayamo, capital de la provincia de Granma, donde labora Roger Rosales Virelles.

Este campesino, según un reporte publicado por el diario Granma, tiene bajo su cuidado 117 cabezas de ganado de las razas cebú rojo y blanco, destinadas fundamentalmente a la producción de carne.

El reporte destaca su contrato con la industria cárnica de la provincia y lo presenta como uno de sus mayores aportadores. Además, alude a los pagos que recibe en divisas y a la entrega de medios de trabajo como estímulo a sus resultados.

Un ejemplo de buen funcionamiento no alcanza, sin embargo, para establecer una tendencia ni mucho menos para sugerir que la masa ganadera cubana esté a las puertas de revertir un desastre sostenido durante años.

La comparación histórica permite dimensionar el retroceso. Ya en 1910, a poco más de una década del fin de la Guerra de Independencia, Cuba contaba con alrededor de tres millones de cabezas de ganado vacuno. Para finales de la década de 1950, la masa ganadera se acercaba a los seis millones de cabezas.

Las cifras actuales palidecen ante aquellos registros. El ejercicio nacional de control de la masa ganadera, desarrollado por el Ministerio de la Agricultura entre marzo de 2024 y enero de 2025, contabilizó 2 914 009 cabezas de ganado vacuno en todo el país.

El dato basta para tener una idea de la magnitud del deterioro y de las dificultades para revertirlo sin un cambio sustancial en el modelo de planificación centralizada, matizado hasta ahora con algunas medidas aparentemente liberalizadoras, pero de escasa incidencia sobre el terreno.

La producción de carne ofrece otra medida de la crisis. La producción nacional de carne de res deshuesada, excluido el hígado, cayó de 34 100 toneladas en 2021 a 14 400 en 2024 y apenas 10 700 en 2025, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI). En solo cuatro años, la producción se redujo en casi un 69 %.

Tomando como base una población de alrededor de 9,4 millones de habitantes, las 10 700 toneladas producidas en 2025 equivaldrían a apenas 1,1 kilogramos por persona en todo el año. No se trata del consumo efectivo por habitante, que también depende de las importaciones y otros componentes del abastecimiento, pero la relación permite dimensionar la limitada capacidad de la producción nacional para satisfacer la demanda de carne vacuna.

En cuanto a la leche, los datos disponibles de 2024 dibujan otro panorama extremadamente crítico. Ese año, la producción de leche de vaca se redujo a 236 400 toneladas, frente a las 455 300 registradas en 2020, una caída de aproximadamente el 48 % en apenas cuatro años.

Tomando nuevamente como referencia una población de alrededor de 9,4 millones de habitantes, la producción nacional de 2024 equivaldría a poco más de 25 kilogramos por persona en todo el año. Tampoco se trata del consumo efectivo por habitante, pero la relación permite dimensionar la limitada capacidad de la producción nacional frente a las necesidades de la población.

El persistente deterioro económico permite prever que la recuperación de estos indicadores seguirá siendo particularmente difícil.

Con estas evidencias, las hazañas que Granma suele exhibir en sus páginas terminan contrastando de manera abrumadora con la realidad general del sector.

En lo que respecta al campesino granmense, sus logros pueden ser ciertos y dignos de reconocimiento. Sin embargo, el éxito individual de un productor no consigue alterar un escenario nacional en el que la calamidad continúa llevándose todo el protagonismo.