jueves , 20 agosto 2026
Trabajadores realizan labores de mantenimiento en la Terminal de Contenedores de Mariel, Cuba. Al fondo, el buque portacontenedores Warnow Whale.

Informe del ODLS propone una transformación integral del sistema portuario cubano

Un diagnóstico del ODLS propone reorganizar los puertos cubanos, rehabilitar infraestructura crítica y vincular modernización, inversión, derechos laborales y sostenibilidad.

(CS) – Cuba necesitaría una transformación profunda de su sistema portuario para convertir su posición geográfica en una verdadera ventaja económica y logística, pero el punto de partida no debería ser construir nuevos puertos ni ampliar indiscriminadamente su capacidad, sino rehabilitar la infraestructura existente, definir funciones especializadas para las principales terminales y crear condiciones institucionales capaces de atraer comercio e inversión.

Esa es una de las principales conclusiones del Diagnóstico integral del sistema portuario de Cuba, un informe técnico publicado por el Observatorio de Derechos Laborales y Sindicales (ODLS), en cooperación con la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC), que propone una hoja de ruta de 25 años para la eventual modernización del sector.

El estudio analiza conjuntamente infraestructura, logística, economía, regulación, medio ambiente y condiciones laborales, y parte de una constatación central: la ubicación de Cuba entre el Golfo de México, el Estrecho de Florida, el Caribe occidental y las rutas vinculadas al Canal de Panamá constituye una ventaja estratégica, pero esa posición no se traduce actualmente en un sistema portuario competitivo.

La investigación identifica, especialmente fuera de Mariel, problemas de obsolescencia de infraestructura, deterioro de muelles, limitaciones de dragado, insuficiencias en equipos y mantenimiento, vulnerabilidad energética, debilidad de las conexiones terrestres y una baja integración de sistemas digitales y logísticos.

El diagnóstico advierte además que modernizar un puerto no equivale simplemente a comprar grúas o ampliar patios. La rehabilitación física tendría que avanzar junto con sistemas estables de energía, telecomunicaciones, control de accesos, mantenimiento, trazabilidad de cargas, digitalización aduanera y coordinación logística.

Mariel como eje, pero no como solución única

El informe identifica a Mariel como el principal activo para una futura estrategia de contenedores y logística internacional. Sin embargo, advierte que disponer de capacidad física no garantiza por sí solo la creación de un centro logístico regional.

Para alcanzar esa función serían necesarias, entre otras condiciones, seguridad jurídica, conexiones ferroviarias y viales confiables, procedimientos aduaneros eficientes, servicios de valor agregado, inversión privada, transparencia contractual, digitalización y una recuperación sostenida del comercio exterior.

El documento propone, al mismo tiempo, abandonar la idea de que todos los puertos cubanos deben competir por las mismas actividades.

La Habana podría evolucionar hacia un puerto urbano y turístico, con cruceros, ferris, marinas y una reconversión de su frente marítimo; Matanzas mantendría una función principalmente energética e industrial; Cienfuegos se desarrollaría como nodo multipropósito del sur; y Santiago de Cuba como puerta logística del oriente.

Nuevitas, Moa/Nícaro y Casilda/Trinidad tendrían también funciones diferenciadas vinculadas, respectivamente, a actividades industriales, minería y níquel, y turismo marítimo regional.

La lógica es construir una red nacional especializada, reduciendo duplicaciones de inversiones y asignando recursos según las ventajas económicas, territoriales y logísticas de cada instalación.

La brecha con Florida

Uno de los elementos utilizados por el estudio para dimensionar el desafío es la comparación con varios puertos de Florida.

Los datos recogidos en el informe muestran un movimiento nacional cubano de aproximadamente 311.000 TEU en 2023, frente a volúmenes superiores al millón de TEU en PortMiami, Port Everglades y JAXPORT en sus respectivos ejercicios fiscales utilizados para la comparación.

El propio diagnóstico advierte que esas diferencias no deben convertirse en metas mecánicas para Cuba. Su importancia radica en mostrar que la competitividad portuaria no depende exclusivamente de disponer de muelles y terminales, sino de la existencia de comercio, conectividad terrestre y marítima, servicios navieros, financiamiento, instituciones funcionales y confianza empresarial.

La experiencia de Florida sirve así como referencia, pero no como modelo que pueda trasladarse automáticamente a la isla.

Primero ordenar, después expandir

Una de las recomendaciones más claras del documento es evitar grandes proyectos de expansión antes de conocer con precisión el estado de los activos existentes y la demanda que realmente podría utilizar nuevas capacidades.

El informe propone comenzar con auditorías estructurales, estudios batimétricos, rehabilitación de muelles y patios, dragados selectivos, recuperación de accesos terrestres, cadenas de frío, almacenes, sistemas energéticos de respaldo y plataformas digitales.

La expansión de terminales debería producirse posteriormente y únicamente cuando existan estudios de prefactibilidad, demanda comprobada y condiciones económicas que justifiquen la inversión.

Esta secuencia responde también a uno de los riesgos identificados por el diagnóstico: construir infraestructura sobredimensionada antes de que exista suficiente carga para sostenerla.

Una reforma institucional junto a la infraestructura

El documento sostiene que la modernización portuaria cubana requeriría además cambios profundos en la forma de gobernar el sector.

Entre las alternativas examinadas figura la creación de autoridades portuarias profesionales, la utilización gradual de un modelo landlord —en el que la infraestructura básica permanece bajo control público mientras determinados servicios y terminales pueden ser operados mediante concesiones—, reglas transparentes para la inversión privada y sistemas públicos de indicadores de desempeño.

El objetivo sería separar progresivamente las funciones de regulación, propiedad de infraestructura y operación comercial.

La transparencia aparece como una condición transversal: contratos, concesiones, inversiones y resultados operativos deberían estar sometidos a reglas públicas y mecanismos de rendición de cuentas.

Los trabajadores forman parte de la modernización

Una diferencia importante respecto de enfoques centrados exclusivamente en infraestructura es que el diagnóstico incorpora el trabajo portuario como uno de los ejes de la transformación.

El informe analiza como referencia comparada determinados mecanismos desarrollados en las relaciones laborales entre la International Longshoremen’s Association (ILA) y la United States Maritime Alliance (USMX), sin plantear su traslado automático a Cuba.

A partir de esas experiencias, identifica elementos que podrían orientar un futuro régimen laboral portuario cubano: negociación colectiva sectorial, salarios dignos, formación profesional certificada, salud y seguridad ocupacional, mecanismos de bienestar, protección social y procedimientos para gestionar los efectos de la automatización.

La modernización tecnológica, señala el diagnóstico, debería acompañarse de reentrenamiento y transición justa, en lugar de convertir automáticamente la automatización en pérdida de empleo.

También plantea la necesidad de libertad sindical, representación independiente de los trabajadores, negociación colectiva y comités conjuntos de salud y seguridad como componentes de un sistema portuario moderno.

Una transformación por etapas

El proyecto no plantea ejecutar simultáneamente todas las inversiones.

La hoja de ruta propuesta divide el proceso en fases que comenzarían con estabilización, auditorías y reformas institucionales; continuarían con rehabilitación de infraestructura y digitalización; avanzarían posteriormente hacia expansión selectiva y diversificación; y culminarían con una etapa de consolidación regional.

Ese proceso abarcaría aproximadamente 25 años.

Las inversiones se concentrarían inicialmente en infraestructura crítica y rehabilitación, digitalización y aduanas, conexiones terrestres, resiliencia energética, seguridad y capacitación laboral. Las grandes expansiones quedarían condicionadas a la evolución efectiva del comercio y de la demanda logística.

El diagnóstico incorpora además indicadores para medir productividad, tiempos de despacho, conectividad, seguridad laboral, participación de los trabajadores, desempeño ambiental, inversión privada y avance de los proyectos.

Los puertos como infraestructura de reconstrucción

El estudio sitúa finalmente la cuestión portuaria dentro de un escenario económico mucho más amplio.

En un eventual proceso de reconstrucción nacional, los puertos serían esenciales para la entrada de alimentos, medicamentos, combustibles, maquinaria, materiales de construcción, equipos energéticos, insumos agrícolas y bienes de capital. Posteriormente podrían facilitar la recuperación de exportaciones, el turismo marítimo, el cabotaje y una mayor integración comercial regional.

Pero el informe insiste en que la ventaja geográfica de Cuba no garantiza por sí sola ese resultado.

Su conclusión estratégica es que el país debe primero ordenar funciones, rehabilitar activos críticos y construir reglas confiables. Solo después tendría sentido ampliar capacidades.

En esa perspectiva, la modernización portuaria deja de ser únicamente un proyecto de infraestructura y pasa a formar parte de una transformación económica, institucional, territorial, ambiental y laboral de largo plazo.

Documento: Diagnóstico integral del sistema portuario de Cuba | ODLS