domingo , 13 septiembre 2026

La CTC después del XXII Congreso

La libertad sindical fue la gran omisión; los cofrades hablaron de fortalecer la organización, pero no discutieron sobre pluralismo sindical.

La Habana (Sindical Press) – El XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba concluyó hace tres meses. Los comunistas lo presentaron como una oportunidad para fortalecer el protagonismo de los trabajadores, la negociación colectiva, la protección laboral y la participación en la gestión empresarial. Pero desde la perspectiva del sindicalismo libre e independiente, puede leerse de otra manera: fue un evento destinado a adaptar el sindicato al nuevo modelo económico en ciernes, pero no para transformar la relación de poder entre el Estado, el Partido y los trabajadores. Y esa diferencia es fundamental.

  1. La primera contradicción: representar al trabajador sin autonomía frente al empleador

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC, sindicato esclavo) habla de defender los intereses de los trabajadores. Pero en Cuba el Estado es simultáneamente: principal empleador; legislador laboral; administrador de buena parte de la economía; autoridad política; autoridad inspectora; y poder que reconoce o no reconoce las organizaciones sindicales o laborales. Mientras tanto, ella es la única y burocratizada central sindical reconocida oficialmente.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) documenta durante años las denuncias sobre la ausencia de reconocimiento de sindicatos independientes y la injerencia estatal y comunista en la actividad sindical. El caso cubano sobre libertad sindical sigue activo ante el Comité de Libertad Sindical de la OIT en junio de 2026. Por tanto, la pregunta que el Congreso no resolvió es elemental: ¿quién defiende al trabajador cuando el Estado es el empleador al cual reclamar?

  1. El gran ausente: la libertad sindical

Esta es la omisión política más importante. Los cofrades hablaron de fortalecer la organización sindical, pero no discutieron sobre pluralismo sindical. No debatieron la posibilidad de escoger entre distintas organizaciones sindicales. La legalización efectiva de sindicatos libres. La posibilidad de legalizar otra central sindical. Ni debatieron el derecho de afiliación a otra organización desvinculada de los comunistas. Especialmente significativo porque Cuba ratificó los Convenios 87 y 98 de la OIT sobre libertad sindical y negociación colectiva.

  1. La negociación colectiva: una palabra grande dentro de un espacio pequeño

La reunión convirtió la negociación colectiva en una de sus banderas. Pero aquí aparece otra contradicción. Ella presupone que existen dos partes con capacidad real para negociar. Un empleador. Y una organización sindical autónoma.

La OIT recoge observaciones de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) sobre las barreras existentes para la negociación colectiva, incluida la intervención de autoridades laborales y de la CTC. Por eso, desde la óptica independiente, el problema no es simplemente mejorar los convenios colectivos. Es más profundo: ¿puede existir negociación colectiva cuando el sindicato no tiene autonomía frente al Estado y los comunistas?

  1. El nuevo Código de Trabajo: ¿avance jurídico? ¿libertad sindical?

Este es un aspecto a valorar. El régimen promovió las modificaciones del nuevo Código de Trabajo como una actualización necesaria ante la transformación del mercado laboral. Según las cifras oficiales, participaron 2.014.338 trabajadores en la consulta y se formularon 96.250 propuestas; 41.403 fueron aceptadas y 9.641 parcialmente.

Hay elementos potencialmente positivos: regulación de nuevas formas de contratación, pluriempleo, teletrabajo, protección frente a contratos temporales para actividades permanentes, mecanismos de mediación y negociación colectiva.

Pero existe una diferencia entre modernizar la legislación laboral y democratizar las relaciones laborales. Un Código puede ser técnicamente moderno y continuar funcionando dentro de un sistema sindical vertical, autoritario y antidemocrático.

  1. El trabajador privado: la nueva frontera

Aquí aparece una transformación que puede ser más importante de lo que parece. La economía cubana ya no es exclusivamente estatal. Existen Mipymes, trabajadores por cuenta propia (autónomos), cooperativas, empresas mixtas y otras formas de gestión. El propio evento discutió la afiliación de los autónomos al sindicato esclavo.

Pero esto crea una contradicción. El trabajador del sector privado necesita un sindicato precisamente porque ahora tiene un empleador privado. Y un sindicato libre negocia con el empleador. La pregunta entonces es: ¿el sindicato comunista incorporará a los autónomos para representarlos o para extender el control del Estado sobre el nuevo sector privado?

  1. El salario: el elefante dentro del refrigerador

El mitin habló de salarios. Pero el problema es mayor que la discusión sobre escalas salariales. El trabajador enfrenta una combinación explosiva: salarios insuficientes + inflación + depreciación monetaria + escasez + deterioro de servicios públicos + emigración laboral + corrupción.

Por eso, desde la perspectiva independiente, un sindicato debería preguntarse: ¿cuánto necesita realmente una familia trabajadora para vivir? Y después: ¿qué poder tiene el laburante para exigir que su salario alcance ese nivel? Aquí aparece una diferencia fundamental entre el sindicalismo esclavo (CTC) y el libre (ASIC). Un sindicato libre negocia desde el “costo de la vida”, no desde los objetivos comunistas.

  1. La productividad: el peligro de convertir al trabajador en responsable de la crisis

Hay otro lenguaje que merece atención: productividad. El sindicato esclavo pretende acompañar las transformaciones económicas y elevar la productividad. Algo razonable. Pero existe un riesgo: pedirle al trabajador producir más sin garantizar salarios dignos, condiciones laborales adecuadas, electricidad, transporte, herramientas, materias primas y seguridad laboral.

El sindicalismo libre establece una regla sencilla: no puede exigirse productividad sin contraprestación salarial y condiciones de trabajo dignas. No puede convertirse en una nueva versión del sacrificio obrero, en el estajanovismo soviético, o el espíritu de contingente, o la consagración castrista.

  1. La crisis energética convirtió al Congreso en una radiografía del país

Hay un detalle simbólico extraordinario. El Congreso tuvo que recurrir masivamente a la videoconferencia debido a la crisis energética. El evento representativo del trabajador cubano tuvo que adaptarse precisamente al colapso que afecta el trabajo: la crisis energética.

Eso debería provocar una discusión sindical profunda contra los comunistas, su corrupción y el mal gobierno. Porque la normalidad del colapso del sistema electroenergético nacional no es un problema energético. Es un problema laboral: paraliza empresas; reduce jornadas; destruye ingresos; deteriora condiciones de trabajo; afecta transporte; alimentación; descanso; y reduce productividad. Un sindicato libre convierte la energía en una reivindicación laboral, no solamente económica.

  1. El trabajador como “protagonista”, pero… dentro de los límites comunistas

Una de las palabras más repetidas fue protagonismo. Pero hay que observar el contexto. El cenáculo estuvo vigilado por altos obesócratas comunistas y del Gobierno, y el discurso oficial vinculó explícitamente el papel sindical con la implementación de las transformaciones económicas y sociales.

Incluso en la cobertura oficial se habló de fortalecer el papel sindical en el aseguramiento político e ideológico de los procesos. Ahí está una de las contradicciones fundamentales. Un sindicato puede movilizar trabajadores. Pero cuando cumple función de aseguramiento político e ideológico, deja de actuar como representante de intereses laborales. Se convierte en sindicato esclavo. Desde la perspectiva libre, este es el punto conceptual más importante: un sindicato debe representar al trabajador, no educarlo en nombre del poder político.

  1. Osnay Colina: el símbolo del problema estructural

La llegada de Osnay Miguel Colina Rodríguez merece una lectura especial. Y no es la excepción. Todos los anteriores Secretarios Generales se humillaron ante el Primer Comunista. La CTC colocó a Osnay al frente de la Comisión Organizadora del Congreso después de ser miembro del Comité Central del PCC, diputado y gobernador de Villa Clara.

No es un simple cambio de persona. Es una señal sobre el modelo. El problema para el sindicalismo libre no es Colina como individuo. ¡No es nada personal! Es que la máxima dirección sindical sigue de hinojos ante la estructura política comunista. Y no sirve al trabajador, ni al emprendedor, ni al profesional, ni a la sociedad cubana.

Regresemos a la pregunta fundamental: ¿dónde terminan los comunistas y comienzan los líderes obreros? Mientras esa frontera no se esclarezca, vendrán los congresos 23.º, 24.º, 25.º, etc. Y la autonomía sindical en Cuba seguirá como un gran problema pendiente.

  1. Lo que no se dijo sobre los sindicalistas libres

Este quizá sea el capítulo más revelador. El Congreso no convirtió en tema central: el reconocimiento legal de sindicatos independientes; la persecución o hostigamiento de sindicalistas independientes; la protección contra represalias antisindicales; el derecho de huelga; el pluralismo sindical; la autonomía financiera de los sindicatos; la posibilidad de elegir libremente la organización sindical; ni la presencia de representantes independientes en la discusión de la legislación laboral.

Y esto contrasta con el expediente cubano ante la Organización Internacional del Trabajo. En junio de 2026, el Comité de Libertad Sindical examinó el caso presentado contra la dictadura comunista que incluye alegaciones de hostigamiento, persecución, agresiones y despidos de sindicalistas independientes, además de discriminación e injerencia antisindical.

  1. La CTC administrará el cambio, no disputará el poder laboral

Esta es la conclusión contundente. El XXII Congreso demuestra que el régimen cubano comprende que el mundo laboral cambió. Hay trabajadores privados. Hay nuevas formas empresariales. Trabajadores jóvenes que no quieren permanecer en empleos estatales mal remunerados. Emigración. Pérdida de fuerza laboral. Inflación. Corrupción. Y crisis salarial. Además de una creciente distancia entre sus estructuras sindicales y las necesidades concretas de los trabajadores.

La respuesta del sindicato esclavo es: adaptarse al nuevo escenario sin modificar el monopolio del Estado comunista. Pero el sindicalismo libre, la ASIC, plantea otra solución: cambiar las reglas de representación. Y ahí aparece una agenda completamente diferente.

La agenda sindical de la ASIC para Cuba:

  1. Libertad sindical plena.
  2. Reconocimiento legal de sindicatos independientes.
  3. Pluralismo sindical.
  4. Elecciones sindicales libres.
  5. Negociación colectiva.
  6. Protección contra represalias antisindicales del Estado y las empresas privadas.
  7. Derecho efectivo de huelga.
  8. Autonomía financiera y administrativa de los sindicatos.
  9. Salarios vinculados al costo de vida y ajustados al índice de inflación.
  10. Participación sindical independiente en la elaboración de las leyes laborales.

La paradoja final

El XXII Congreso quiso presentar a la CTC como protagonista de la transformación económica cubana. Pero hay otra pregunta sin responder: ¿puede haber protagonismo obrero sin libertad sindical?

La respuesta del sindicalismo libre es contundente: ¡No! Porque un trabajador que puede hablar, pero no organizarse, tiene voz, pero no poder. Un trabajador que hace propuestas, pero no elige quién lo representa, tiene participación, no representación. Un trabajador que discute un Código de Trabajo, pero no crea su sindicato, tiene consulta, pero no libertad sindical. Y un sindicato que acompaña políticamente al Estado, mientras no defiende al trabajador frente al Estado, tiene una contradicción de origen.

El XXII Congreso de la CTC no resolvió esa contradicción. La administró. Y esa es probablemente su verdadera trascendencia.