Salarios privados multiplican los ingresos estatales en Cuba, pero inflación y devaluación reducen drásticamente el poder adquisitivo para esos trabajadores.
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La Habana (Sindical Press) – Las ofertas salariales de la mipyme Grupo MD, para cubrir las plazas de económico y auditor-fiscalizador, pueden resultar tentadoras a primera vista, pero la inflación y la devaluación de la moneda nacional las convierten en opciones aún insuficientes.
Los 40 000 pesos al mes para quien sea seleccionado para ocuparse de la economía de la entidad capitalina, dedicada a la fabricación de detergentes para ropa y vajilla, lejía, desengrasantes, entre otros artículos, representan unos 60 dólares, de acuerdo con la tasa del mercado informal de 670 pesos cubanos por dólar.
En cuanto al salario que recibiría el auditor-fiscalizador, este tampoco garantiza la posibilidad de cubrir todas las necesidades básicas. Solo en alimentos se gastaría una parte considerable de los 45 000 pesos. Con los precios actuales, la compra de productos básicos puede absorber rápidamente buena parte de ese ingreso.
Ese nivel de gasto es impensable para los trabajadores del mayoritario sector estatal.
Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en abril de 2026 el salario medio en el sector estatal ascendía a 7 074 pesos mensuales. Desde entonces, el incremento de los precios ha continuado erosionando su poder adquisitivo.
En la actualidad, el empleo en una mipyme permite ciertos privilegios dentro de la pobreza estructural existente, sobre todo en los puestos que demandan un alto nivel de profesionalidad, como los aquí descritos y publicados en el diario Trabajadores.
Otra arista no menos interesante es la enorme distancia que separa las remuneraciones de los profesionales cubanos de las que reciben trabajadores con responsabilidades semejantes en otros países. Un económico, auditor u otro especialista cubano desempeña funciones que exigen formación universitaria, experiencia y responsabilidad. Sin embargo, incluso una remuneración situada entre las más altas que puede ofrecer el sector privado nacional queda reducida a unas pocas decenas de dólares cuando se mide al tipo de cambio que domina buena parte de la economía cotidiana.
Más que comparar mecánicamente salarios nominales entre países, resulta revelador observar la pérdida de valor del trabajo profesional dentro de la propia Isla. Un puesto de alta responsabilidad puede pagar varias veces el salario medio cubano y, aun así, no garantizar que el trabajador cubra holgadamente alimentación, transporte, vivienda, servicios y otras necesidades esenciales.
Tal situación revela la tensa realidad socioeconómica y laboral que se vive en Cuba, en medio de un improductivo modelo de planificación centralizada que todavía concentra cerca del 69 % de la fuerza de trabajo en el sector estatal.
Pese a que el sector no estatal funciona bajo estrictas regulaciones promulgadas por el Estado, determinadas empresas tienen capacidad para ofrecer salarios muy superiores a los del sector estatal.
Conseguir uno de esos empleos representa, por tanto, una oportunidad atractiva para muchos cubanos. Permite acceder a ingresos muy superiores a los estatales y afrontar en mejores condiciones los gastos cotidianos, aunque la actual escala de precios limita considerablemente esas ventajas.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación de 2024 de la ONEI, de los 4,14 millones de personas ocupadas en Cuba, el 31,5 % —aproximadamente 1,3 millones— trabajaba en el sector no estatal, frente al 68,5 % empleado en el sector estatal.
En el sector privado no todo es color de rosa. Salvo para quienes desempeñan tareas de alto perfil, el resto debe conformarse con salarios que, aunque suelen ser mayores que los del sector estatal, tampoco llegan a ser suficientes frente a la actual escala de precios.