domingo , 13 septiembre 2026
Liniero de la Unión Eléctrica. (Alejandro García / Invasor)

Otro liniero muere en Cuba mientras trabajaba en una obra eléctrica en Cienfuegos

Otro accidente mortal en Cienfuegos reabre interrogantes sobre seguridad, prevención y responsabilidades en el trabajo de los linieros cubanos especializados.

La Habana (Sindical Press) – El liniero eléctrico Mario Vives Mesa murió y su compañero Ridier Molina León resultó gravemente herido el 11 de septiembre en un accidente laboral ocurrido durante la construcción de una nueva línea de salida del Parque Solar de Juraguá, en el municipio de Abreus, Cienfuegos.

La Empresa Eléctrica de Cienfuegos confirmó el accidente e identificó a ambos como linieros eléctricos especializados residentes en Palmira. Molina León fue trasladado al Hospital Provincial de Cienfuegos para recibir atención especializada. La empresa informó que investiga las causas del accidente junto con las autoridades competentes.

Las circunstancias exactas del accidente todavía no han sido esclarecidas públicamente. Algunos medios han informado que Vives Mesa sufrió una descarga eléctrica, mientras que una fuente allegada a la familia ofreció otra versión: los dos trabajadores se encontraban en el mismo poste, uno a cada lado, cuando presuntamente se rompió un tensor y cayó la estructura. Según ese testimonio, Vives Mesa quedó debajo del poste y Molina León sufrió graves lesiones al caer.

Hasta que concluya la investigación, no es posible establecer cuál fue la causa del accidente. La Empresa Eléctrica tampoco ha publicado hasta ahora un informe técnico que explique lo ocurrido.

Dos linieros muertos en ocho días

El accidente de Juraguá ocurrió apenas ocho días después de la muerte de Edisvey Rolando Pérez Rodríguez, liniero eléctrico especializado de 32 años de la Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus, quien falleció el 3 de septiembre mientras integraba una brigada que realizaba trabajos de mantenimiento en La Habana.

En ese caso se conocieron posteriormente más detalles. Un informe de la Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus, citado por medios independientes, atribuyó el accidente a una conexión irregular realizada desde una vivienda sin servicio eléctrico, que habría provocado un retorno de corriente hacia el transformador en el que trabajaba la brigada.

La muerte de Vives Mesa tampoco es el segundo caso conocido este año. El 13 de junio falleció Osmani Rosales Núñez, de 39 años, trabajador de la Empresa Eléctrica de Cárdenas, después de recibir una descarga mientras realizaba labores de reparación en la zona de Tenería, Matanzas.

Son, por tanto, al menos tres trabajadores del sector eléctrico cuyas muertes en accidentes laborales han trascendido públicamente en Cuba en lo que va de 2026.

Un sector con antecedentes

Las estadísticas oficiales muestran que las muertes en el sector no constituyen un fenómeno nuevo. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba registró durante 2025 un total de 664 accidentes de trabajo, con 701 trabajadores lesionados y 38 fallecidos.

La actividad de suministro de electricidad, gas y agua registró cinco muertes laborales ese año. En 2024 habían sido siete. En apenas esos dos años, las estadísticas oficiales contabilizaron 12 fallecidos en esa actividad.

Además, durante el primer semestre de 2025, el Ministerio de Energía y Minas fue el organismo con mayor cantidad de accidentes laborales registrados en el país, con 45, según datos divulgados por la propia ONEI.

Sindical Press abordó recientemente la accidentalidad laboral en el sector eléctrico tras la muerte de Pérez Rodríguez, en el artículo ⁠¿Quién se hace responsable de las muertes de los trabajadores accidentados?, en el que examinó las obligaciones de prevención, protección e investigación ante los accidentes mortales.

La muerte de Vives Mesa vuelve a plantear esas interrogantes.

La repetición de accidentes no significa que todos tengan una misma causa ni permite atribuir responsabilidades antes de concluir las investigaciones. Pero sí obliga a examinar las condiciones en que realizan su trabajo los linieros: el estado de los equipos y las estructuras, los medios de protección disponibles, la capacitación, la supervisión y el cumplimiento de los procedimientos establecidos para operaciones de alto riesgo.

La propia legislación cubana establece obligaciones concretas en esta materia. El Código de Trabajo responsabiliza al empleador de suministrar gratuitamente y mantener los equipos de protección personal y otros medios necesarios para realizar el trabajo de forma segura. Cuba también ha ratificado los Convenios 155 y 187 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), relativos a la seguridad y salud de los trabajadores y a la prevención de los accidentes laborales.

La investigación de una muerte en el trabajo no debería limitarse a determinar la causa inmediata del accidente. Debe establecer también si se identificaron previamente los riesgos, si se adoptaron las medidas necesarias para reducirlos y si el trabajador disponía de las condiciones y medios adecuados para realizar su labor con seguridad.

En el caso de Juraguá, esas preguntas adquieren especial importancia. Si se confirma la versión sobre la caída del poste, habrá que determinar qué provocó el fallo de la estructura y si estaba adecuadamente asegurada para permitir que los trabajadores realizaran sus labores. Si se confirma que existió una descarga eléctrica, deberá esclarecerse de dónde procedió la energía y qué medidas de protección estaban aplicándose.

La Empresa Eléctrica de Cienfuegos ha anunciado una investigación. Sus resultados deberían hacerse públicos, incluida la causa del accidente y las medidas adoptadas para impedir que se repita.

Mario Vives Mesa no puede convertirse simplemente en otra cifra de las estadísticas de accidentalidad laboral. Tampoco Ridier Molina León puede quedar reducido a la categoría de trabajador lesionado.

Cuando un trabajador muere realizando su labor, determinar qué ocurrió es indispensable. Determinar si pudo haberse evitado lo es aún más.