sábado , 11 julio 2026
Víctor Domínguez (izq.) y Joel Brito, en París, en el 2016, invitado por la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) a un evento de solidaridad con los trabajadores cubanos. Tras años sin poder salir de Cuba, Víctor cumplió uno de sus mayores anhelos: conocer la Ciudad Luz. Al llegar al Sena, se lavó la cara, las manos y los pies con sus aguas y dijo: “Me estoy lavando con cultura”.

Víctor Domínguez: el hombre detrás de Nefasto

Un testimonio de Joel Brito, Director Ejecutivo del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba y su amigo.

Hay personas cuya muerte deja un profundo silencio.

La de Víctor Domínguez deja también muchas sonrisas.

Porque durante décadas convirtió el humor en una forma de resistencia. Nos enseñó que la inteligencia podía derrotar al miedo, que una buena sátira podía desnudar las mentiras del poder y que la palabra libre era un arma que ninguna dictadura podía confiscar.

Muchos lo conocieron como el creador de Nefasto. Yo tuve el privilegio de conocer al hombre que estaba detrás de ese personaje.

Y ese hombre era aún más grande.

Víctor fue un escritor extraordinario, un periodista brillante y un intelectual de una cultura inmensa. Pero para quienes compartimos con él tantos años de trabajo, fue, sobre todo, un compañero de lucha y un amigo.

Toda la labor que desarrolló desde el Centro Nacional de Capacitación Sindical y Laboral la hizo con ese esfuerzo, con esa inteligencia y con ese humor tan suyo; un humor a veces negro, a veces gris, pero siempre inteligente y casi siempre teniendo razón.

Siempre quiso que las personas que compartían con él se llevaran algo. No solo conocimientos sobre sindicalismo o derechos laborales. También una forma diferente de mirar la realidad, de pensar con independencia y de no perder nunca la capacidad de reír, incluso en los momentos más difíciles.

Fue profesor de sindicalistas independientes. Impartió cursos sobre libertad sindical, derechos laborales y normas internacionales del trabajo cuando hacerlo significaba enfrentarse abiertamente al régimen cubano. Formó dirigentes sindicales, asesoró a activistas y dedicó incontables horas a preparar a quienes comenzaban ese difícil camino.

Intentó representar al sindicalismo independiente cubano en diferentes conferencias y seminarios internacionales. En dos ocasiones fue invitado por la Confédération Française Démocratique du Travail (CFDT) de Francia, pero el régimen cubano le impidió salir del país. También le fue negada la posibilidad de participar en la Conferencia Internacional del Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo.

Desde la Primavera Negra de 2003 comenzó a aparecer de manera reiterada en los informes y denuncias presentados por el sindicalismo independiente ante la Organización Internacional del Trabajo por las violaciones que el régimen cubano cometía contra los derechos de los trabajadores y de quienes ejercían el sindicalismo independiente.

Sufrió vigilancia permanente, interceptación de sus comunicaciones, decomiso de equipos de trabajo y hasta de sus libros. Recuerdo cuántas veces, al regresar del extranjero, las autoridades migratorias le confiscaban toda la literatura que traía consigo. No importaba si eran libros de derecho cubano, documentos de la Organización Internacional del Trabajo o publicaciones especializadas sobre libertad sindical. Todo era considerado peligroso por el simple hecho de promover el conocimiento y la libertad.

Nunca pudieron quitarle lo más importante.

Su libertad.

Su inteligencia.

Su sentido del humor.

En nuestras conversaciones siempre estaba presente esa extraordinaria capacidad para observar la realidad. Podía pasar de criticar con enorme dureza al régimen cubano a criticar con enorme dulzura a la propia oposición. Nunca lo hacía para destruir. Lo hacía porque quería que todos fuéramos mejores. Siempre resaltaba los valores de las personas y de las organizaciones, incluso cuando señalaba aquello que debía cambiar.

Hasta donde su salud se lo permitió, continuó escribiendo para Sindical Press, la agencia de prensa de la Asociación Sindical Independiente de Cuba. Su última colaboración, Nefasto y las siete plagas del socialismo castrista, publicada cuando la enfermedad ya había deteriorado seriamente su salud, fue otra demostración de su compromiso con la verdad y con la libertad. Incluso entonces conservó intacta su lucidez y ese humor inteligente que convirtió a Nefasto en uno de los personajes más memorables del periodismo independiente cubano.

En nuestras últimas conversaciones comprendí que Víctor ya había tomado una decisión. Sabía cuál sería el desenlace y había decidido enfrentarlo a su manera. Me dijo que no quería convertirse en ‘medio hombre’.

No habló desde el miedo. Habló desde la serenidad.

Había aceptado su realidad con una lucidez admirable. Había decidido cómo quería vivir sus últimos días y también cómo quería enfrentar el final. Era una decisión profundamente personal, tomada con plena conciencia y fiel al hombre libre que siempre fue.

Y así se marchó.

Murió como vivió: con dignidad.

Hoy no solo despedimos a un extraordinario escritor.

Despedimos a un maestro.

A un formador de sindicalistas.

A un intelectual comprometido con la libertad.

Y yo, además, despido a un hermano de lucha.

Quisiera seguir hablando de Víctor. Recordar alguna de sus tantas ocurrencias. Reír una vez más con Nefasto.

Volver a escuchar una de esas conversaciones que podían comenzar con una crítica feroz al régimen y terminar con una reflexión llena de humanidad.

Pero llega un momento en que los recuerdos pesan demasiado y las palabras ya no alcanzan para describir la ausencia que deja un amigo de tantos años.

Solo me queda darle las gracias.

Gracias por tu inteligencia.

Gracias por tu generosidad.

Gracias por tu sentido del humor.

Gracias por tu ejemplo.

Gracias por demostrar que la libertad sindical, la libertad de expresión y la dignidad humana nunca pueden separarse.

Tu obra permanecerá.

Tus enseñanzas también.

Tu voz seguirá viva en tus libros, en tus artículos, en Nefasto y en la memoria de todos los que tuvimos el privilegio de conocerte.

Descansa en paz, hermano.