Queda por ver cuántas toneladas de cemento, piedra y grava destinadas a esos fines llegarán a las plantas de procesamiento.
Carnegie (Sindical Press) – Según la prensa oficial, los baches y las protuberancias en las calles de Las Tunas, capital de la provincia del mismo nombre, pasarán a la historia en un plazo no especificado, aunque aparentemente breve.
Si algo sobra en el reporte del diario Trabajadores es entusiasmo y la premisa de que la solución es un simple trámite, previamente determinado por un grupo de expertos acostumbrados a proclamar éxitos más intangibles que el humo.
La solución, de acuerdo con la información publicada, está en manos de los trabajadores de la Empresa de Construcción y Montaje (Conalza) y del colectivo de la Sociedad Mercantil AsfalTunas. Los primeros aportan combustible y capacidades productivas instaladas; la segunda, los áridos y la planta para la fabricación de asfalto frío, considerado más práctico que el caliente para reparaciones de pequeña escala.
La situación vial en la provincia no es la más crítica del país, pero figura entre las cuatro peores del oriente cubano, donde el deterioro de calles y carreteras alcanza niveles alarmantes.
Granma y Santiago de Cuba encabezan el deterioro, seguidas por Las Tunas y Holguín.
Sin embargo, el problema no se limita a esos territorios. Se trata de una emergencia nacional que requeriría inversiones multimillonarias. Diversos estudios estiman que, de los aproximadamente 71.000 kilómetros que conforman la red vial del país, alrededor de 50.000 necesitan algún tipo de intervención.
Si a ello se suman los puentes y los sistemas de drenaje, una recuperación integral superaría ampliamente los 10.000 millones de dólares y exigiría una fuerza laboral de miles de trabajadores durante un período estimado de entre ocho y quince años.
El ingeniero Maikel Brito Peña, director general de AsfalTunas, describió un avance favorable de los planes para reducir el riesgo de accidentes, al menos en algunos sectores de la ciudad, y dejó abierta la posibilidad de ampliar esos trabajos mediante nuevos contratos con entidades estatales afines.
La reiteración de este tipo de anuncios difícilmente inspire confianza. Bastará esperar un tiempo relativamente corto para comprobar si se trata de otro episodio de exhibicionismo mediático.
Queda por ver cuántas toneladas de cemento, piedra y grava destinadas a esos fines llegarán realmente a las plantas de procesamiento para producir asfalto frío y caliente.
Como suele ocurrir, al margen de las supuestas lealtades ideológicas y de los reiterados compromisos de inmolarse, si fuera necesario, en defensa del socialismo, el desvío de recursos continuará formando parte del modus vivendi arraigado tanto en la estructura central como en la periferia de un modelo agotado.
La iniciativa, enmarcada en las nuevas formas de gestión empresarial, generará más preguntas que respuestas.
El alivio para quienes se desplazan en bicicleta y para los conductores de vehículos será limitado y provisional.
Son demasiados los baches acumulados durante décadas, demasiado difusas las responsabilidades de los dirigentes y demasiado elevado el nivel de corrupción como para esperar una transformación significativa en el corto plazo.