La expansión de la corrupción en las instituciones estatales agrava el deterioro económico y golpea directamente a los trabajadores cubanos.
La Habana (Sindical Press) – En Calabazar, unos linieros de la Unión Nacional Eléctrica fueron atacados por una turba, ya que, por el módico precio de 200 dólares, instalarían electricidad a las mipymes y se la negarían a la población. En Centro Habana, otros linieros de la UNE comenzaron a instalar, por la libre, tramos del cableado soterrado por 100 dólares. En San Miguel del Padrón, un grupo de vecinos apedreó a los esforzados trabajadores de la UNE que, por otros 200 dólares, cambiarían un transformador roto por otro en funcionamiento.
¿Casos extraordinarios? ¡No! La corrupción hace tiempo invadió al Estado y ahora vemos su metástasis en toda su dimensión.
Antes, solo conocían la corrupción en las Direcciones Municipales de la Vivienda quienes tenían que lidiar con ese problema. Un enfermo del corazón solo supo que un marcapasos nuevo en el Cardiocentro de 17 y Paseo valía 1.000 dólares cuando un sobrino en Miami pudo pagarlo, además de conseguir que la operación se realizara de inmediato, apenas dos días después.
Lo repetitivo en estos ejemplos es que todos involucran a trabajadores del Estado: mal pagados, hambreados, humillados y acarreados como carneros por la prolekult comunista.
¿Y en este escenario cuál es el rol de los trabajadores? ¿Rebelarse contra la corrupción? Ellos solo ven en estos diminutos escenarios la corrupción de tramas “nachovidalianas”, como las que ocurren al más alto nivel del gobierno y del Partido Comunista.
¿O es que la “mordida” en Calabazar era para los linieros o para los funcionarios de la UNE en ese municipio? ¿Y qué saben los intendentes municipales de las tramas “por la izquierda” en Vivienda o en Salud Pública? ¿No sabe el director del Cardiocentro que los marcapasos de su almacén se venden o él tiene su cuota particular para los compañeros “de más arriba”?
El último cómplice
¿Y qué pintan en este cuadro, digno de un Jackson Pollock, los sindicatos comunistas? ¿Qué saben el jefe del Sindicato de Energía y Minas, Ing. Niuris Cabrera Núñez; la de Salud Pública, Dra. Yudixa Sarmiento Rodicio; la de Administración Pública, Ayenis Ávila Feria; o la directora del Cardiocentro, Dra. Damaris Hernández Vélez? (Por solo citar los casos enumerados).
¿Combaten la corrupción o son parte de ella? ¿Qué papel juega Mercedes López Acea como capataz en jefe de las mipymes?
La corrupción es vista por algunas personas como el antídoto del mercado libre contra el Estado opresor, y no les falta razón. Si miramos las cotizaciones de las divisas en Cuba, veremos la diferencia entre la tasa del mercado libre y la evaluación del Banco Central. Pero la corrupción es el veneno con el que el funcionariado desvalija al Estado, que se nutre con los impuestos que pagamos todos.
Donde hay un acto de corrupción, hay una mano dentro del bolsillo del trabajador. Y aunque el trabajador corrupto crea que es un pillo, el verdadero ganador es el burócrata que, al corromperlo, lo lleva por el camino del delito y la amoralidad. Ya lo decía Mañach en su Indagación del choteo (parafraseando): “Cógete eso, que no es de nadie”; “usa el carro, que no te cuesta”; “véndelo, no seas bobo; al final es del Estado”.
La corrupción en el Estado afecta de manera profunda y negativa a los trabajadores, tanto en el sector público como en el privado. Sus impactos son múltiples y se sienten en el día a día:
- Pérdida del poder adquisitivo y salarios bajos. La corrupción desvía recursos públicos (presupuestos, subsidios y contratos) hacia bolsillos privados. Esto reduce el dinero disponible para salarios dignos, mejoras laborales o prestaciones.
- Deterioro de los servicios públicos, que afectan directamente a los trabajadores.
- Desigualdad y desmotivación laboral. La corrupción fomenta un sistema donde las conexiones (amiguismo y nepotismo) importan más que el mérito. Los trabajadores honestos y capacitados ven cómo otros avanzan por favores, lo que genera frustración, baja productividad y fuga de talento.
- Menor inversión, empleo y crecimiento. La corrupción ahuyenta la inversión privada nacional y extranjera por los riesgos, los sobornos y la falta de transparencia. Menos inversión significa menos empresas, menos empleos formales y estables. Afecta especialmente a trabajadores de sectores clave, como la salud, la educación y la energía, donde la corrupción en contratos y suministros genera ineficiencias crónicas.
- Efectos indirectos a largo plazo.
La ASIC está claramente contra la corrupción
La Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) considera que la corrupción es estructural en Cuba. Forma parte de un sistema opaco, centralizado y sin rendición de cuentas. La denuncia como uno de los principales obstáculos para el bienestar de los trabajadores.
Sus puntos clave son la transparencia institucional y el combate a la corrupción y al nepotismo. Exige auditorías públicas —incluidas las de GAESA—, la publicación de las cuentas bancarias e inversiones en el exterior de los altos funcionarios y sanciones efectivas contra la corrupción.
La ASIC vincula la corrupción con el desvío de recursos que deberían destinarse a salarios dignos, protección social y mejoras laborales; con la opacidad que impide el control ciudadano sobre el uso de los fondos públicos; y con el favoritismo y el nepotismo, que benefician a una élite conectada al poder mientras la mayoría de los trabajadores sufre escasez y bajos ingresos.
En sus informes y propuestas, como el Pliego de Demandas por la Libertad Sindical, la Justicia Económica y la Democracia, la ASIC exige reformas democráticas como garantía para combatir la corrupción de raíz, incluyendo libertad sindical real, negociación colectiva auténtica y un Estado de Derecho.
Por último, critica la falta de control ciudadano y la baja calificación de Cuba en los índices internacionales de percepción de la corrupción, como el de Transparencia Internacional. Esto agrava crisis como la energética, donde la opacidad y la mala gestión provocan apagones masivos que golpean directamente a los trabajadores.